Montaje de sangre en el Cortijo de Rías

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Petición de exhumación de los cuerpos.
Petición de exhumación de los cuerpos. La Opinión
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Las familias de tres fusilados en Beas de Granada localizan la fosa gracias al expediente militar, recientemente hallado, que presentó como un tiroteo con maquis lo que fue una ejecución sumaria.

SANTIAGO SEVILLA / ÁLVARO CALLEJA. Las familias de Francisco León Cobos ´El Peroles´ y de Manuel Rodríguez Lezama ´El Morro´ y su hijo extrajeron hace unas semanas una revelación medianamente reconfortante del torticero Procedimiento Sumarísimo Número 692. La versión oficial que en 1947 presentó como un tiroteo entre maquis y guardias civiles lo que a todas luces debió de ser una ejecución sin miramientos, desvela al menos dónde se encuentran enterrados: "La fosa número 3 de la quinta hilera del primer patio del cementerio de Diezma".

Por lo demás, el caso de estos tres vecinos de Beas –a los que la Guardia Civil quiso implicar, ya cadáveres, en el secuestro de un próspero vecino del pueblo– reúne todos los elementos que hicieron de la posguerra de Granada un tiempo de miedo, envidia, delación y muerte. Y todo ello ocurrió en una zona muy caliente, la comprendida entre Huétor Santillán, Beas, La Peza, Diezma y Quéntar, que fue un frente clave durante la Guerra Civil y luego lugar de refugio y escaramuzas del maqui de Granada.

La historia de muerte de Manuel Rodríguez, de 54 años, ganadero, agricultor, republicano y padre de siete hijos, comenzó a escribirse un año antes de su ejecución, en los meses de la posguerra en que arreciaba el hambre. Un mal día, El Morro pidió un poco de leche al hermano de un destacado falangista del pueblo, muy bien conectado con el puesto de la Guardia Civil de Huétor Santillán. Aquel lechero de Beas lo acabó denunciando por robo y propiciando su encarcelamiento y el de su hijo por unos meses.

La familia de El Morro quedó señalada. El caldo de cultivo del triple crimen de Rías, un escarpado barranco de Diezma, había empezado a calentarse. El 17 julio de 1945 El Morro fue reclamado por la Guardia Civil de Huétor Santillán. El alguacil de Beas le informó del requerimiento pero no le explicó los motivos. El hijo de Manuel, también reclamado por la Benemérita, fue tras su padre creyendo que había novedades para quedar exento del servicio militar, como así había solicitado, ya que padecía una ligera discapacidad mental.

Acabó compartiendo su misma suerte. Antes o después, también llegó arrestado a Huétor El Peroles, primo de Manuel y cuñado de un reconocido maqui integrado en la partida de El Yatero, uno de los más célebres guerrilleros antifranquistas de Granada junto a Los Quero. Un día antes, Domingo Pérez Mesa, que gestionaba un cortijo en Beas, había sido secuestrado, probablemente por los hombres de El Yatero, que a las pocas horas lo dejaron en libertad después de que el hijo les entregase 8.000 pesetas y un montón de alpargatas.

"Cuando fuimos al cuartel de Huétor Santillán, el cabo Joya nos dijo que no sabían nada, que allí no estaban y que probablemente se habrían echado al monte", recuerda hoy Miguel Rodríguez Osorio, hijo y hermano de dos de los tres muertos en Rías. Una explicación similar recibió la mujer de Francisco León Peroles cuando, recién alumbrado su cuarto hijo, un grupo de guardias civiles apareció en su cortijo.

Como Peroles estaba con las cabras en el monte, los agentes dijeron a su esposa que a la mayor brevedad se trasladase hasta el puesto de Huétor para resolver un asunto sin importancia. El hijo mayor de Francisco León, que tenía 9 años cuando llegaron los guardias, recuerda la escena en el libro ´Hijos de la noche´, de Francisco Ruiz Esteban. "Cuando la Guardia Civil llegó a la casa, uno de ellos observó con unos prismáticos los alrededores mientras conversaba con nosotros; detectaron a mi padre con el rebaño.

Se fueron y al poco rato una pareja de guardias civiles volvió por allí para beber agua en una fuente; le recordaron a mi madre que mi padre debía presentarse en el cuartel. Ya lo habían detenido". Pero no les dijeron nada. En las desesperadas visitas al puesto de Huétor Santillán, donde sólo encontraron altanería y evasivas, las familias de El Morro y Peroles están convencidas de que los detenidos estaban allí encerrados, vivos, y que casi seguro que debieron de escuchar sus plegarias de clemencia.

No volverían a verlos. En este punto arranca la siniestra literatura del Procedimiento Sumario 692. Según el atestado elaborado por el jefe del puesto de Huétor Santillán, el cabo primero Rafael Joya, todo lo anterior no ocurrió y sí lo siguiente: "Hallándose el cabo 1º que suscribe y guardias de segunda de este puesto (cuatro agentes) en servicio de apostadero ordenado por V. en el sitio conocido por cruce de la Rambla de Carbonales a Rías en el camino que de Tocón por la rambla de Lagunilla conduce a la carretera general Granada-Murcia, con motivo del secuestro del vecino de Beas de Granada, Domingo Pérez Mesa, el 16 del actual, serían sobre las seis de la mañana de hoy –19 de julio– cuando vieron que por el citado camino tres individuos armados se dirigían hacia la carretera general.

Debieron darse cuenta dichos sujetos de la presencia de la fuerza ya que, abriéndose en ala, comenzaron a disparar sus armas contra el que suscribe y guardias que le acompañaban. Ordené hacer fuego contra ellos para repeler la agresión y en el tiroteo entablado se consiguió dar muerte a los forajidos; que por fortuna recibió la fuerza el menor daño…". El atestado, refrendado en todos sus extremos por la declaración ante el juez militar de los otros guardias civiles participantes, refiere que a los ´forajidos´ se les intervinieron tres escopetas y diversa munición. Identifican sólo a Peroles, de quien dicen que hacía unos 15 días había desaparecido de su domicilio.

Entre las diligencias complementarias aparece la declaración del secuestrado, Domingo Pérez Mesa, que fue reclamado para identificar entre los muertos a sus supuestos captores; no lo pudo hacer: "Que estos tres individuos no figuraban en el grupo que se presentó a ellos el día 16 del actual, pero como quiera que los bandoleros que hicieron este hecho estuvieron escondidos todo el día y observando desde un cerro inmediato al punto en que se encontraban trabajando, muy bien pudieron quedarse en dicho cerro en plan de vigilancia para no darse a conocer ya que al ser todos ellos vecinos de Beas de Granada forzosamente tenían que ser reconocidos por los declarantes".

Las autopsias incorporadas el mismo día al sumario revelan que los tres fallecidos recibieron los mismos impactos de arma de fuego y prácticamente en las mismas partes del cuerpo: dos en el abdomen y uno en la cabeza. Ningún guardia resultó herido en el tiroteo. El historiador Francisco Ruiz Esteban, que atribuye al cabo Joya la planificación del montaje "con el objetivo de hacer méritos ante sus superiores", recoge el testimonio de un vecino de Diezma, de nombre José, que presenció el encuentro del jefe del puesto de Huétor Santillán y un capitán de la Guardia Civil, que acudió a su encuentro. "…al poco tiempo apareció el cabo Joya y sus subordinados transportando tres hombres muertos, terciados en un burro y dos mulos.

Cuando se encuentran con el capitán, el cabo Joya le comenta lo sucedido, que los habían abatido en un enfrentamiento. El capitán comienza a mirar los cadáveres, que se encontraban boca abajo sobre bestias; al llegar a uno de ellos, le coge de la oreja y levanta su cabeza para ver la cara: –´¡Pero, hombre, si es un niño!´, exclamó con enfado el capitán. –´Será un niño, mi capitán, pero no sabe cómo nos disparaba´, contestó el cabo Joya…" El niño, enterrado con su padre y El Peroles, podrá ser exhumado si el Ayuntamiento de Diezma acepta la petición que han redactado sus familias.

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