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EFE La Unión de Cristianodemócratas (CDU) y socialcristianos bávaros (CSU) encaran las próximas elecciones, en las que parten como opción política con mayor intención de voto, con el propósito de aliarse con los liberales del FDP y finiquitar la actual gran coalición con los socialdemócratas.
"Queremos una coalición con el FDP. Y no porque pensemos que no podemos conseguirlo solos, sino porque somos realistas con los resultados de las próximas elecciones", afirmó la canciller federal y líder de la CDU, Angela Merkel.
Los resultados del FDP rondarían el 13 por ciento, mientras que Los Verdes conseguirían un 11 por ciento y La Izquierda, compuesto por pos-comunistas y disidentes socialdemócratas, obtendría un 8 por ciento de los votos.
Para gobernar con mayoría absoluta en el Bundestag (cámara baja del Parlamento alemán), la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel y la Unión Socialcristiana (CSU) deberán recurrir a una alianza post-electoral que, según Merkel, debe tener como socio al Partido Liberal.
"Las coaliciones entre los dos principales partidos deben ser una excepción y no la fórmula habitual en los sistemas democráticos. Quienes quieran una coalición de centro-derecha deben votar a la Unión", afirmó el presidente de la CSU, Horst Seehofer, en el congreso conjunto de ambas formaciones para preparar la campaña.
Los miembros de ambos partidos conservadores respaldaron hoy a la canciller en su propuesta para el programa electoral de rebajar los impuestos en 15.000 millones de euros durante la próxima legislatura, como método para fomentar el crecimiento económico y sacar a Alemania de la crisis.
"Tenemos la fuerza para hacer frente al mayor desafío económico al que se ha enfrentado Alemania en los últimos sesenta años", sostuvo Merkel.
La cúpula directiva de la alianza conservadora acordó ayer su programa electoral para las próximas elecciones de septiembre, que incluye, además de la reducción de los impuestos en cuatro años, pero sin fijar plazos concretos, lo que la ha valido las críticas por parte de sus adversarios políticos.
Merkel aludió a la "libertad sin orden" del mercado financiero internacional como causante de la crisis y abogó por una nueva estructura financiera que ponga freno a esos "excesos" para que la actual coyuntura "no vuelva a repetirse nunca".
En su opinión, la labor fundamental del próximo gobierno deberá ser "conseguir que Alemania salga reforzada de la crisis", para lo que afirmó que será necesaria una "fantasía extraordinaria" a la hora de adoptar medidas destinadas a paliar la recesión.
La millonaria bajada impositiva propuesta por Merkel cosechó las críticas tanto del partido La Izquierda y del co-gubernamental Partido Socialdemócrata (SPD), por un lado, como del partido liberal, por otro.
Para el FDP, futurible partido bisagra para la formación de gobierno tras los comicios, las promesas conservadoras son "muy vagas" y, por tanto, "no vinculantes", según el parlamentario liberal Jürgen Koppelin.
El secretario general de los socialdemócratas, Hubertus Heil, lamentó la "falta de credibilidad" del programa de la CDU/CSU y se sumó así a las críticas del ministro de Trabajo, Olaf Scholz, quien ya ayer sostuvo que "nadie puede creerse" las promesas cristianodemócratas.
Bajar los impuestos a las rentas más altas supone "un peligro para la cohesión social" en Alemania, endeudará aún más al Estado y recortará las prestaciones sociales, afirmó Scholz.
El secretario de organización de La Izquierda, Dietmar Bartsch, afirmó que el programa electoral de CDU/CSU es "una gran farsa" que generará un déficit de 300.000 millones de euros en los presupuestos públicos alemanes, que ya este año alcanzarán un déficit de cerca del 4 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB).
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