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EFE Así lo dio a entender hoy el portavoz del ministerio iraní de Asuntos Exteriores, Hasan Qashqavi, quien, en una rueda de prensa, subrayó que Irán emprenderá un diplomacia más intervencionista sostenida en la "legitimidad" que le dan los once millones de votos de diferencia con sus rivales.
Según el recuento facilitado por el Ministerio de Interior, Ahmadineyad habría ganado los comicios con un 63 por ciento de los sufragios.
Sin embargo, este resultado no ha podido ser validado aún por el Consejo de Guardianes -que tiene la última palabra en cuestiones electorales- debido a las quejas de la oposición, que denuncia un fraude premeditado y masivo en favor del presidente.
"Tras las recientes elecciones, ha aumentado la influencia y la autoridad de Irán gracias a la participación de 85 por ciento de los iraníes en las elecciones", afirmó.
"El pueblo iraní siempre ha estado dispuesto al diálogo aunque a condición de que no se interfiera en los asuntos internos del país. Si aceptan que ha crecido la legalidad y la autoridad de Irán tras las elecciones estamos dispuestos a dialogar", aseguró.
En el mismo tono se expresó el propio Ahmadineyad durante su primera rueda de prensa pos electoral, ofrecida apenas veinticuatro horas después de que se anunciara su inesperada victoria.
Preguntado sobre el futuro de la propuesta de negociación con el denominado grupo 5+1 que su gabinete preparaba antes de los controvertidos comicios, un sonriente Ahmadineyad afirmó que "las condiciones ahora han variado".
Hoy, Qashqavi reforzó esta idea al asegurar que Irán aún estudia si presentará el citado paquete de medidas a los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad más Alemania y sugirió que en cualquier caso su país no tiene prisa.
"No existe una fecha fija" en relación al grupo 5+1, que acusa a Irán de ocultar un programa nuclear militar para la adquisición de armar atómicas, dijo Qashqavi.
Algunos otros detalles apuntan a que el régimen iraní podría apostar por un endurecimiento de su postura hacia el exterior.
Pese a que se trató de un movimiento popular que llegó a concitar más de un millón de personas en la calles de Teherán, el régimen iraní insiste en que los disturbios y las protestas han sido orquestados desde fuera.
En particular ha señalado a Estados Unidos, Francia, Alemania y el Reino Unido, país éste último contra el que ha iniciado una batalla diplomática.
Además de la expulsión de dos diplomáticos británicos, que debían abandonar hoy el país y la previa del corresponsal permanente de la televisión BBC, John Leyne, la Policía iraní detuvo a ocho empleados locales de la embajada del Reino Unido en Teherán acusados de promover las protestas.
Cinco de ellos han sido ya puesto en libertad, anunció Qashqavi.
Sin embargo, el funcionario descartó que Irán cierre embajadas, ni que planee reducir el nivel de las relaciones con determinados países como habían sugerido días atrás tanto el jefe de la diplomacia iraní, Manoucher Mottaki, como la comisión de Seguridad Nacional y relaciones Exteriores del Parlamento.
Igualmente parece sinónimo de una mayor dureza los ataques contra el presidente estadounidense, Barack Obama, al que el régimen de los ayatolá ha acusado de inmiscuirse en los asuntos internos de Irán, e incluso ha comparado son su predecesor George W. Bush.
El sábado, Ahmadineyad reprochó a Obama un comunicado en el que el mandatario mostraba su preocupación por la violencia con la que han sido reprimida las protestas en Irán, le avisaba de que le mundo era testigo y le conminaba a dar explicaciones a las víctimas.
El presidente respondió a Washington que se abstuviera de interferir y que si ese era el camino elegido no habría nada de lo que hablar.
Estados Unidos e Irán rompieron sus lazos diplomáticos en abril de 1980, tras el triunfo de la revolución islámica que desalojó del poder al último Sha de Persia, Mohamad Reza Pahlevi.
Desde que asumiera la dirección del Despacho Oval, Obama ha expresado su deseo de variar el rumbo de las relaciones con Teherán, aunque se ha topado con las reticencias del sector más conservador del régimen iraní.
Uno de sus primeros gestos fue invitar a Irán a participar en las cumbres sobre el futuro de Afganistán.
Delegados iraníes asistieron a la celebrada a finales de marzo en la ciudad holandesa de La Haya, auspiciada por la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton.
Sin embargo, Irán declinó la invitación para unirse a la reunión de ministros de Asuntos Exteriores del G-8, celebrada la semana pasada en la localidad italiana de Trieste.
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