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HEMEROTECA » |
DANI R. MOYA Si en algo estribaba la importancia de que el fósil que encontró José Gibert en Orce a principios de los ochenta fuera humano era precisamente que su antigu?edad, cerca de un millón y medio de años, lo convertía en el primer europeo y esto cambiaba radicalmente el paradigma que se contemplaba hasta ese momento: que el hombre había llegado a Europa recorriendo un larguísimo camino que incluía el actual Israel, las montañas del Cáucaso, los Alpes, los Cárpatos... una ruta realmente prolongada. Pero si los restos más antiguos están en el sur de Europa... ¿no sería más fácil que los primeros homínidos hubiesen dado el ´salto´ desde Gibraltar?
El cráneo de Orce se vio envuelto en una polémica científica y mediática cuando se apuntó la posibilidad de que aquel fósil perteneciese realmente a un caballo, y aquello hizo caer en desgracia a Gibert, fallecido en 2007.
Ahora su hijo Luis acaba de publicar un artículo en una de las más prestigiosas revistas científicas mundiales, ´Nature´, en el que avala la teoría de su padre con el hallazgo de evidencia humana en Fonelas y Murcia con una antigu?edad de 900.000 años. Con este descubrimiento espera poder solucionar de una vez el conflicto que enfrentó a su padre con la Junta de Andalucía, y que él "heredó", y así continuar sus investigaciones.
Que sea usted hijo de José Gibert es motivo suficiente para no tener que preguntarle por qué decidió dedicarse a rebuscar fósiles en parajes inhóspitos.
- Estuve acompañando a mi padre desde que yo tenía cinco años por multitud de cuencas sedimentarias españolas. Él tenía la habilidad de organizar unos planes muy atractivos para la familia. Cuando llegaba el verano era siempre una aventura, cogíamos las tiendas de campaña e iniciábamos el viaje hacia a algún sitio desconocido y cuando llegábamos, el trabajo consistía en realizar una prospección y localizar yacimientos de fósiles. La idea que percibí de la profesión desde niño es que se trataba de algo muy aventurero. Indiana Jones buscaba objetos y tesoros, pero los fósiles son verdaderas joyas por la información que contienen.
Así que usted no pasó por el cubo, la pala y el rastrillo en la playa, sino que fue directamente a una excavación.
- Sí, yo hacía cualquier cosa que fuera necesaria, cargaba sacos, picaba.. Con diez años y con menos. Yo no era ninguna carga, realmente era una ayuda para mi padre.
¿Cómo era José Gibert en el trato personal?
- Era un hombre extremadamente solidario y generoso. También realmente inteligente, con él aprendí muchísimo. Tenía una visión muy clara de cómo se tenían que hacer las cosas y un hombre muy intuitivo. Durante casi 30 años trabajé con él. Nuestra relación fue mucho más de padre-hijo, de amistad y colaboración: acudimos juntos a congresos y reuniones por todo el mundo, a reuniones con la Junta que parecían a veces tribunales inquisitoriales, a los que íbamos para que nos machacaran... Pero también tuvimos juntos grandes satisfacciones.
¿Cuándo llegó a Orce por primera vez?
- En 1979, cuando tenía 10 años. Mi padre ya me había hablado mucho de Orce, de Venta Micena, de las maravillas de la región... No me decepcionó nada el paisaje y mucho menos la gente, pues vivíamos en aquel momento en la cueva con Tomás Serrano –un campesino que fue el primero en percatarse de que las piedras de la zona se "asemejaban a huesos"–. Era una familia estupenda.
Cuando se llega por la carretera al Orce de nuestra era es difícil imaginar que allí había un lago y la tierra era fértil.
- Al principio, cuando mi padre me describía ese paisaje... no me hacía una idea. Ahora tengo bastante claro cómo fue aquello, después de hacer multitud de estudios. Debió de ser algo parecido a lo que es hoy Tablas de Daimiel, zonas con lagos poco profundos y una vegetación probablemente con juncos y plantas menores.
Y en esto un día sale de la la tierra el famoso fósil...
- Yo tenía 13 años. El día que apareció estábamos trabajando en la excavación. Fue un día normal, sin nada especial. Al día siguiente fue cuando me enteré que se había descubierto un fósil que podía ser importante. Lo
encontraron dos estudiantes y se lo enseñaron a Salvador Moyá, que formaba parte del equipo. Éste lo cogió y se lo llevó al hotel sin decir nada a nadie. A mi padre se lo enseñó al día siguiente y él lo tomó con muchísima prudencia. Sabía que si aquello era humano traería muchísimos problemas, porque era algo revolucionario. En aquel momento el resto humano más antiguo de Europa tenía 450.000 años, así que si decías que habías encontrado un fósil de un homínido un millón de años más antiguo, a ver cómo se encajaba eso, conociendo lo conservadora que
es la ciencia.
Al principio, ¿no tuvieron dudas del origen del fragmento encontrado?
- Se lo mostraron a Domingo Campillo, un importante neurocirujano que conoce perfectamente el cráneo humano porque se ha pasado media vida abriéndolo. Cuando lo vio enseguida dijo que se trataba de un cráneo infantil de un niño de en torno a cinco o seis años. Lo ha mantenido hasta hoy. El hallazgo se publicó en 1983 en la revista Paleontología y Evolución, lo que probablemente fue un error porque si se hubiese publicado en ´Science´ o ´Nature´, el hallazgo habría quedado bendecido, pero ni se intentó.
Orce, entonces, de pronto apareció en los mapas...
- Sí, fue algo extraordinario, todo el mundo estaba muy contento. Las autoridades políticas entraron en el asunto y vieron que era un gran momento para potenciar las investigaciones, todo el mundo estaba muy animado. Se planteó presentar el hallazgo en un gran congreso y se comenzó a trabajar para organizarlo. En verano del 83 apareció por la excavación, sin avisar, el matrimonio Lumley, los popes de la paleontología europea, que se habían enterado del descubrimiento. Henry Lumley llegó al bar Mari Cruz en la plaza de Orce, compró una botella de cava, y brindó por el nuevo primer europeo.
Y entonces, ¿cómo se torció tanto todo?
- Los Lumley querían llevarse el fósil a París para estudiarlo, pero mi padre les dijo que eso no podía ser, que tenía que estudiarse en España, pero que podían colaborar. Entonces en 1984 él sugirió, aunque nunca lo publicó, que el cráneo humano podía ser de un caballo. A partir de ahí se lió gorda.
Y como los problemas no vienen solos, empezaron las complicaciones de su relación con la Junta.
- Sí, a partir de ese momento es cuando empezamos a tener dificultades para lograr permisos. En 1995 se organizó un congreso–el que estaba previsto antes se paralizó–, para mostrar los datos que teníamos de las pocas campañas que habíamos podido realizar. Ya teníamos evidencia de industrias líticas. Con ese congreso se quiso cerrar la polémica. Lo clausuró el consejero de Cultura de la Junta de entonces, Martín Delgado, con unas declaraciones estupendas en las que se comprometió a que se iban a dar permisos para excavar y financiación. Pero a los 3 meses hubo elecciones, cambiaron al consejero y donde dije digo, digo Diego, y así, casi hasta hoy.
Y después de tanto tiempo la relación no se endereza, parece que más bien todo lo contrario, ¿no?
- Hasta cambiaron la normativa para exigir que las excavaciones las dirigieran licenciados en Humanidades y que así mi padre no pudiera hacerlo, porque su licenciatura era otra. En 2003 se concedió un permiso al Instituto de Paleontología de Sabadell y esta institución decidió que la excavación la dirigiera José Gibert y Pepe Agustí, sin embargo a mi padre le acusaron de haber trabajado sin permiso.
Y le cayó entonces un señor multazo...
- Todo se hizo de manera correcta, con los permisos correspondientes. El Instituto de Paleontología le había encargado ese trabajo. Con la delegada de Cultura de entonces, María Escudero, habíamos dialogado bastante bien y si no la hubieran cambiado seguramente no nos habrían multado. Isidro Toro, el arqueólogo de la Junta, esperó al nuevo delegado, Pedro Benzal, para hacer una denuncia por supuestas excavaciones sin permiso y destrucción del patrimonio, lo que sumaba una sanción de 400.000 euros, una barbaridad. Presentamos las alegaciones y mi padre se hizo responsable de todo, porque a mí también me habían multado y a un arqueólogo. La multa la bajaron a 60.000 euros pero el contencioso seguía. Mi padre murió sin haber podido defender su inocencia, algo muy triste. Él tenía toda la documentación para demostrar que actuó correctamente, pero no tuvo tiempo de defenderse.
Tras el fallecimiento de su padre usted ha pedido algunos permisos para excavar.
- Desde 2007 he ido aglutinando a gente y he pedido permisos para prospectar, para investigar, para hacer excavaciones, pero nada, no quieren que trabaje allí.
¿Qué le argumentan para denegarle la autorización?
- Me he entrevistado tres veces con Pedro Benzal. Una con mi padre, en la que salimos muy contentos; y después ya muerto él, en 2007 y 2008. Estas reuniones no fructificaban. Me decían que presentara proyectos, pero nada. Benzal me decepcionó mucho porque un día salió en la prensa diciendo una serie de barbaridades respecto a mí, como que "los yacimientos no se heredan". Desde entonces no hemos vuelto a hablar.
Pero usted sigue insistiendo...
- El trato de la Junta hacia nosotros ha sido muy duro, sobre todo hacia mi padre. Es muy difícil mantener las ganas de seguir investigando aquí. Los yacimientos no los he heredado, lo que he heredado son las denegaciones, las persecuciones... Pero soy una persona dialogante y estoy dispuesto a hablar con quien sea para buscar soluciones, porque sé que existen. Pero que quede claro que yo no busco dirigir ningún proyecto, sólo quiero colaborar dentro de mi disciplina como geólogo, en mi especialidad, para ayudar a entender cómo era el entorno de los yacimientos y a precisar la edad. De todas formas no me voy a aburrir, aunque lo estén intentando. Me voy a empecinar para seguir al pie del cañón, contra viento y marea, hasta que me dejen excavar, igual que hizo mi padre. Lo que estamos pidiendo no es dinero, solamente el permiso para poder excavar.
En el yacimiento de Atapuerca, en Burgos, parece que les va mucho mejor...
- Hay dos momentos en los que el patrimonio de Orce se proyecta a nivel internacional: el congreso de 1995, cuando el yacimiento se pone al nivel de Atapuerca y sale en revistas como National Geographic, Science News... Después de eso se esperaban resultados, que al menos se dieran permisos para trabajar... pero nada. En Atapuerca, sin embargo, se lleva trabajando de manera ininterrumpida desde 1976 todos los años, con mucho presupuesto. El segundo momento en el que los yacimientos de esta zona tienen proyección internacional ha sido hoy –por ayer–, con la publicación en ´Nature´, porque se habla mucho de Orce y los restos humanos en el artículo. Ahora hay otra oportunidad para Orce,
un momento muy bueno que habría que aprovechar. El hecho de que la revista ´Nature´ acepte la presencia de restos humanos en Venta Micena es algo muy bueno, porque indica que la polémica sobre el cráneo está cerrada, que entienden que hay datos suficientes como para considerar que existen restos humanos.
¿Cree que se pondrán ahora las pilas?
- Acabo de enviar un correo electrónico a la consejera de Cultura notificándole la publicación del artículo y explicándole que el patrimonio andaluz está en toda la prensa internacional. Le pido que al menos me dé la oportunidad de explicarle en media hora la que yo creo que es la mejor fórmula para reiniciar los trabajos en la zona.
Su padre estaría orgulloso del artículo.
- Publicar en esta revista es algo muy importante para mí. Es una publicación a la que es casi imposible acceder, más del 90% de los artículos que se presentan son rechazados. Es un orgullo porque sirve para asentar los paradigmas que mi padre defendía. Él llegó a conocer este trabajo e incluso colaboró algo. Tenía grandes esperanzas en que se publicara.
¿Qué considera que es lo más importante que aprendió de su padre?
- Me enseñó a que siempre había que mantener una constancia en cualquier proyecto que uno se plantee, que el recorrido de las ideas innovadoras son como una carrera de fondo y que no se hacen de un día para otro, que lo normal es que cuando se planteen proyectos
novedosos te den palos por todos lados, pero que si se aguanta el tipo al final saldrán. También aprendí que los proyectos se deben afrontar con ilusión y que es muy importante la vocación para trabajar, que es lo que te da la resistencia.
Un investigador de dentro de, por ejemplo, quince siglos, ¿qué debería encontrar para hacerse una idea de lo que fue la sociedad que vivimos ahora?
- Ojalá aguantemos quince siglos más aquí... Si encontraran monedas, o tarjetas de crédito, creo que se podría reconstruir con gran precisión cómo fue nuestra sociedad, en la que el dinero es lo que mueve todo.
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