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Manuela Martínez

´De no ser sindicalista, habría sido bailarina´

 11:15  
Martínez, en su despacho, en un momento de la entrevista.
Martínez, en su despacho, en un momento de la entrevista. Charo Valenzuela

Licenciada en Sociología por la UGR, Manuela Martínez (Linares, 1959) está al frente del departamento de Servicios Públicos de la UGT desde 2005 y ya ha presentado su candidatura para la secretaría general del sindicato, lo que podría convertirla, de ganar, en la primera mujer en este cargo a nivel autonómico.

MATÍAS OCHOA Licenciada en Sociología por la UGR, Manuela Martínez (Linares, 1959) está al frente del departamento de Servicios Públicos de la UGT desde 2005 y ya ha presentado su candidatura para la secretaría general del sindicato, lo que podría convertirla, de ganar, en la primera mujer en este cargo a nivel autonómico. La jienense, casada, con dos hijos, es funcionaria del Servicio Andaluz de Empleo (SAE). Ha trabajado en la Red Europea de Empleo, lo que le ha permitido conocer varios países, y codirectora de la Feria Internacional de Empleo de Granada durante sus primeras cinco ediciones.

Si sus compañeros le dan el ´sí´ el próximo 25 de octubre, Manuela Martínez se convertirá en la primera mujer en la secretaría general de UGT Granada (y la primera de Andalucía). El cargo le supondrá un doble reto: capear con la crisis y con una organización "muy masculinizada", como calificó el actual responsable del sindicato, Mariano Campos. "Los retos dan sentido a mi vida. Hay quien prefiere que la existencia le pase por al lado; a mí me gusta influir en los acontecimientos", afirma. Pero para el congreso de UGT faltan más de tres meses. Hoy día, Martínez tiene a cargo el departamento de Servicios Públicos del sindicato. Desde allí, alza la voz contra las administraciones que, según ella, vulneran derechos de los funcionarios. Justamente, se pone a la defensiva cuando le recuerdan el prejuicio de funcionario vago y agraciado en el salario. "No entiendo la crítica. Si tan bueno es el trabajo, sólo hay que ponerse a estudiar y competir con los miles de opositores que quieren el puesto".

Cuando abandona la sede de UGT en La Chana, Martínez se desconecta haciendo paella –"la comida que me gusta más"–, viajando –"me enamoró Praga y me sorprendió Lisboa"– y viendo películas. Pero sobre todas las cosas se entrega por completo al baile. Sus compañeros dicen que gastó el suelo en el Corpus. Y ella admite sus dotes: "Te bailo hasta el telediario. Si no hubiera sido sindicalista, habría sido bailarina".

–¿Por qué ingresó en el sindicalismo?
–La decisión vino sola. Empecé a trabajar en la administración en el 86, cuando tomé posesión de mi plaza en el INEM, y vi cosas que no me gustaban. En aquel tiempo no había elecciones sindicales. No teníamos posibilidades de defendernos. Cuando se iban a celebrar los primeros comicios, un compañero de UGT me dijo si me interesaba ir como independiente en las listas del sindicato.

–Y después le picó el gusanillo.
– Después me encontré a gusto en una organización con gente como una, que defiende valores que lamentablemente son poco comunes en la sociedad como la solidaridad, igualdad y justicia social. Eso me hace seguir aquí.

–No se ven muchos jóvenes por el sindicato. ¿Peligra el relevo generacional?
–No creo que sea pasotismo, pero hay que intentar ilusionarlos. En nuestro último congreso federal nos propusimos que formen parte de los órganos de decisión. La UGT fue pionera en igualdad. Aunque todavía es una organización pensada por los hombres, llevamos años animando a las mujeres. A la mujer le cuesta dar el primer paso, comprometerse en su centro de trabajo. No intervienen por el machismo aún presente en la sociedad. Hay maridos que no ven con buenos ojos que vaya de reunión en reunión con compañeros.

–¿Cómo se imagina el ´contrato del siglo XXI´ que propone la patronal?
–Ellos hablan de un contrato de crisis, que en definitiva busca abaratar el despido. Cuando trabajé en la Red Europea de Empleo me sorprendió el ver que en una entrevista laboral el empresario inglés da por hecho que su elegido será trabajador indefinido. Es más, procura incentivarlo para que se quede. En España no es así; el empresario piensa en conseguir la máxima subvención por un contrato y le importa poco si esa persona resulta la más idónea para el puesto. Y cuando le parece bien, termina esa relación laboral.

–¿Saldría con un empresario?
–[Risas] No sé. Igual, esa condición no sería un impedimento. Lo importante es compartir gustos. He conocido empresarios que quieren contribuir a mejorar el mundo. No son muy frecuentes, pero los hay.

–¿Por qué se propone ser secretaria general, justo en este momento tan ´dulce´?
–Porque estoy en una organización en la que creo y me siento cómoda. Porque soy una persona a quien los retos le dan sentido a la vida. Me gusta estar metida en lo que ocurre e influir en los acontecimientos. Sé que la secretaría provincial supondrá mucho trabajo, pero no me asusta. Soy una persona optimista y las situaciones negativas no me paralizan.

–¿Ve una doble responsabilidad el que, de ser elegida, sea la primera mujer en el máximo puesto de la UGT provincial?
–No debo ser un ejemplo para nadie. Todos aprendemos de todos. Lamento que la gente mantenga el estereotipo del sindicalista vago que lo único que quiere es escaquearse del trabajo. Invitaría a todas esas personas a que vieran la cantidad de horas que se trabaja aquí.

-Como piensan muchos, ¿ser funcionario es la panacea?
–Ser funcionaria conlleva tener trabajo fijo, pero no es la panacea. Me produce pena la crítica fácil que se hace a los funcionarios. No se plantean que cualquiera, con esfuerzo, puede conseguirlo. Si tan fácil es la tarea, sólo hay que ponerse a estudiar y plantearse la competencia con miles de opositores de todo el país. No tengo por qué avergonzarme de ser funcionaria. Siento orgullo de serlo.

–¿Le molesta la petición de mano dura a los sindicatos y las acusaciones de complacencia con el Gobierno central?
–La huelga es el último arma de un sindicato para conseguir lo que quiere. En nuestro caso, siempre intentamos lograr las cosas por la vía de la negociación. Cuando no es posible, acudimos a la movilización y por último a la huelga, que las está habiendo. ¿Qué pide la derecha? Una huelga general, que sería en definitiva una huelga contra el Gobierno. No tendría mucho sentido hacerla contra el único interlocutor que tiene claro que no hay que flexibilizar el mercado de trabajo.

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