Francisco Sánchez Gálvez

´La justicia es como el teatro, siempre estamos en crisis´

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Francisco Sánchez Gálvez, Juez Decano de Granada.
Francisco Sánchez Gálvez, Juez Decano de Granada. Ruiz de Almodóvar

Prudente y noble, este magistrado que idolatra a Nadal también cree en el "dios de las pequeñas cosas". Porque con un poco de aquí y otro de allá "se puede hacer mucho" para curar a una justicia estresada, por la que se deja la piel pero en la que no tiene fe ciega

MIRIAM MILLÁN Hay estereotipos que se adquieren por vicio, pensando que son así porque no podrían ser de otro modo. Porque se supone que un juez debe dictar sentencia con su presencia, que el peso de la toga le obliga a levantar una tapia para marcar la diferencia entre los que ordenan y los que obedecen. Pero hay temores sanos, respetos ganados y no impuestos. Hay personas que echan por tierra los prejuicios e invitan al tú a tú, que aun siendo serias, más prudentes que arriesgadas, que aun teniendo un despacho con vistas a Plaza Nueva, no presumen ni siquiera de humildad.

Francisco, abogado vocacional pero "juez dedicacional", así lo predica. De trato afable, es sencillo pero no simple, es cordial pero no condescendiente. Quizá tiene mucho que ver su currículum de veranos buscavidas. Porque el nuevo representante de los magistrados de Granada no nació con la toga puesta. Antes de ser titular del Juzgado de primera Instancia número 11 jugó en otros campos, chupó banquillo, recogió fresas en Noruega, sirvió cafés, hizo de conserje en Sierra Nevada, de técnico en Urbanismo, de chófer para Correos y hasta trabajó en una fábrica de helados. Una suma de experiencias que han contribuido a que a Paco no sea impermeable a las emociones. Se le siguen poniendo los pelos de punta con su trabajo cuando ve que se exige más de lo que se puede dar, cuando ha de admitir, y admite, que el sistema está "sobrecargado" se mire por el agujero que se mire.

Pero no le vence el pesimismo, como tampoco le preocupa que su "héroe" Nadal pierda algún que otro partido. "El éxito y el fracaso son dos constantes que merecen el mismo trato", dice el juez decano con idéntica convicción con la que aspira a ganarse "la credibilidad" de sus colegas, consciente de que la administración no es perfecta y como tal hay que tratarla.

Para ello, trabaja muchas horas y a deshoras, siempre con música de fondo, sintiéndose afortunado por tener a gente que le quiere cuando abre la puerta de casa, satisfecho de "no ver a nadie que no quiera ver" cuando llega al trabajo cada mañana. Y mientras se remanga los puños para aliviar con grandes y pequeños logros a una justicia estresada, se abandona al placer de leer tratados de divulgación científica, de recordar a una madre que "se dejó la vida cosiendo", de contar los días que faltan para volver a ese rincón de Portugal donde pasa los veranos al lado de una pista de tenis.

- Enhorabuena por el cargo, ¿cómo se ve con la toga de juez decano?
- Me veo con mucha ilusión, con mucho respeto hacia la tarea que se me viene encima y sintiendo un honor tremendo por poder representar a los jueces de Granada. Además, se trata de un cargo electo resultante de un proceso que se ha desarrollado con mucha elegancia y discreción. Por todo ello, mi situación actual es de respeto por no decir de un poquito de miedo.

- ¿Qué o quién le dio el empujoncito para presentarse como candidato?
- La primera idea la concebí tras la intención inicial de mi amigo Antonio Moreno de no presentarse a la reelección y después fueron los compañeros quienes me animaron a hacerlo. Por lo demás, pienso que para optar a este puesto hay que tener espíritu de dedicación para prestarle tiempo a los demás y a las cosas de los demás, y yo esa dedicación ya la tenía como delegado del decanato. Además, la justicia es como el teatro, siempre estamos en crisis. Por ello, necesita de personas que se comprometan y yo también soy una persona comprometida.

- Comenta que Moreno no tenía intención de presentarse y, sin embargo, ha terminado siendo un proceso bastante reñido. ¿Lo imaginaba así?
- Sí, lo pensé desde un principio porque Antonio Moreno es un juez al que hemos apoyado sin fisuras durante ochos años y que ha acumulado un prestigio indiscutible. Por tanto, era muy arriesgado para mí.

- ¿Qué es lo que más le ilusiona de esta nueva etapa?
- Conseguir la credibilidad de todos mis compañeros y de la sociedad. Los jueces necesitamos que la gente confíe en nosotros.

- ¿Y a qué achaca esa falta de confianza? ¿Por qué cree que están tan mal vistos?
- A muchas cosas y, desde luego, algo de culpa tendremos. Nuestro trabajo genera por naturaleza insatisfacción porque intervenimos hondamente en la vida e intimidad de las personas. Por eso, nadie que se plantee ser juez puede buscar gratitud en su puesto ya que ambas cosas son incompatibles. Además, siempre estamos en la cresta de la información, según la cual la buena noticia no es tal, sino todo lo contrario. Pero, en cualquier caso, gozamos de un sistema de garantías que es patrimonio de la sociedad y el resultado de la destilación sofisticada de las civilizaciones. Quizá, se apreciaría más si al enfrentarnos a un problema en otro país nos preguntásemos si allí podríamos contar con las mismas garantías judiciales que en España. Ahora bien, yo no voy a decir que el sistema sea perfecto, ni mucho menos. La justicia necesita mucha inversión, reforma y, por encima de cualquier otra cosa, mucho factor humano, disposición de sus trabajadores.

- ¿Qué encabeza su lista de prioridades para ponerse manos a la obra?
- Aliviar la carga de trabajo que tenemos porque eso incide en la propia calidad del trabajo, en la responsabilidad que podemos asumir y en la visualización de la rapidez con la que se resuelven los conflictos. Creo que formamos una generación que ha entregado mucho para conseguir que esto cambie, pero no se puede dar un salto y mantenerse suspendido en el aire. Se nos está exigiendo al sistema judicial aquello que no estamos en condiciones de poder satisfacer. Por eso, mi prioridad es ahondar en la conciencia social de que estamos sobrepasados por todas partes en nuestra carga de trabajo. También quiero establecer una complicidad entre todos los agentes institucionales y profesionales que han de colaborar en el funcionamiento de la administración de justicia. Lo cierto es que hay muchas posibilidades de actuación. Creo en el dios de las pequeñas cosas y con un poquito de aquí y otro de allí se puede ir mejorando mucho, ganando tiempo y recursos para que el sistema judicial funcione y dé al ciudadano las garantías que debe dar.

- ¿Cuál es la mejor medicina para aliviar esa carga de trabajo?
- No hay medicinas. Los españoles siempre pensamos en las soluciones quirúrgicas y no en la cultura preventiva de cuidarse todos los días. Siguiendo el símil puedo decir que estamos pendientes desde hace mucho tiempo del macroproyecto de las nuevas oficinas judiciales y, de alguna forma, eso nos tiene atados de manos para afrontar otras muchas posibles soluciones, quizás más limitadas o modestas, pero que sumadas todas ellas pueden ser de gran ayuda. Por otra parte, también estimo imprescindible que haya menos litigiosidad y para ello hay que motivar de alguna manera a los grandes litigantes a que la eliminen de sus prioridades. En este sentido, el mayor litigante es el Estado. Si consiguiera reducir su volumen de litigios un 5% al año podría liberar un montón de recursos y tiempo necesarios para mejorar la situación de los juzgados de lo contencioso y lo social, donde la presión del Estado es altísima.

- ¿Opina igual que la consejera Begoña Álvarez cuando dice que la justicia es una organización caduca que hay que cambiar?
- No utilizaría esas palabras porque dicho así se contribuye a dar una imagen que creo que no se corresponde del todo con la realidad. Queriendo trasmitir lo mismo que la consejera yo diría que la justicia es una administración que está continuamente necesitada de atención y reforma. Se trata de estar cada día pendiente del enfermo y no de llevarlo directamente al quirófano.

- ¿Qué le pone los pelos de punta cada vez que entra a un juzgado?
- Tengo la suerte de que cuando entro en mi juzgado no veo a nadie que no quiera ver y eso es para mí es importantísimo. Valoro mucho las relaciones personales y el factor humano. Dicho esto, me pone los pelos de punta el actual volumen de demandas y pensar que detrás de ello hay gente que puede estar pasándolo mal. Por ejemplo, imagino que detrás de un embargo por la compra de un coche muy caro pueden estar unos padres mayores que han avalado la compra y a los que se les puede embargar la cosa por una deuda que igual era innecesaria. Todo eso pasa aquí y para cuando la crisis haya acabado nosotros seguiremos digiriéndolo. Y eso me pone malo porque la perspectiva a corto plazo en cuanto a carga de trabajo no es buena. Por tanto, hay que tomar medidas para conseguir que, al menos, la sobrecarga no vaya en aumento.

- Veo que lleva muy mal todo el drama social que hay detrás de los numerosos embargos y desahucios que ejecuta por culpa de la crisis económica.
- Bueno, creo que hay tener un poco de cuidado con el tema de los desahucios. Dictamos tantas sentencias de ese tipo que hace pensar que existen hábitos de abuso de las garantías que presta el sistema. Por eso, no hay que tener complejos y aplicar mecanismos que discriminen los verdaderos dramas sociales de los que no lo son tanto.

- ¿Llegará el día en el que se pueda decir que la justicia no es lenta?
- No, porque la justicia nunca solucionará los problemas con la rapidez que la persona afectada desearía. Pero sí espero que llegue el día en el que se pueda decir que la justicia es menos lenta de lo que lo es ahora.

- ¿Es esa lentitud la mayor flaqueza del sistema judicial?
- Donde más flaquea es en el desequilibrio entre la oferta y la demanda. Se demanda más de lo que podemos dar.

- Deduzco que no tiene reparos en admitir que la justicia está con la toga al cuello.
- Sí, lo está.

- ¿Volverán los jueces a sacar los pies del tiesto para denunciar esa ´asfixia´?
- Creo que ya se ha superado el debate de si podemos ponernos en huelga o no. Ése es el último instrumento que deseamos los jueces, pero también es cierto que la actual situación de la justicia no puede continuar así.

- No se perdonaría quemar esta etapa como juez decano sin haber hecho...
- Sin haber conseguido credibilidad. Eso sería un fracaso para mí.

- ¿Y cómo le gustaría que le recordasen una vez que haya quemado todos los cartuchos?
- Me gustaría que dijeran que Paco no ha cambiado.

- ¿Cuál sería su ley ideal para el aborto?
- Sólo quiero dejar claro que aplicaremos la ley que se promulgue, sea cual sea ésta.

- ¿Qué sanción le hubiese impuesto al juez Tirado por el caso ´Mari Luz´?
- Es una pregunta muy difícil y gracias a Dios no me ha correspondido a mí esa tarea. Pero no creo que lo más importante sea cuantificar sanciones, sino aprender que la confluencia de muchos factores pueden dar lugar a un desastre como éste. Ahora bien, lo que me parece inadmisible es que se establezca una relación de causalidad entre lo que no hizo el juez y lo que le pasó a la pequeña, si bien es cierto que debemos cumplir con nuestra obligación de velar por que se cumplan las penas.

- ¿Entiende y comparte que padres que hayan sufrido una tragedia como ésa demanden un endurecimiento de las penas e incluso la cadena perpetua?
- Soy padre y entiendo todo lo que puedan decir pero, aunque pueda parecer ingenuo, insisto en que tenemos un sistema de garantías judiciales que funciona. Por lo demás, yo no sería un juez que dictara una sentencia de muerte. No creo que tenga la legitimidad suficiente para ordenar una cosa así.

- Caso Malaya, Marchelo, Gürtel... ¿Han decidido llamar al orden a los políticos?
- La justicia no toma decisiones colectivas.

- ¿Qué opina de la nueva ordenanza para la convivencia desde el punto de vista jurídico?
- Como ciudadano creo que la convivencia es fruto de la educación y se están regulando demasiadas cosas. Los latinos estamos muy acostumbrados a hacer normas para no cumplirlas. Prefiero a los ingleses en ese sentido. Ellos cumplen las normas sin necesidad de crearlas.

- ¿Se imaginaba ya de pequeño vestido de negro y ´repartiendo leña´?
- En absoluto. Yo no soy un juez vocacional, soy un juez dedicacional. No sé si estará contemplado por la Real Academia de la Lengua pero a mí me gusta definirme así.

- ¿Y qué es lo que más le dedica a la profesión?
- Le he dedicado mi vida.

- ¿Se considera una persona justa?
- Me considero un juez, cuya obligación es garantizar que el ordenamiento jurídico no se altere intencionada o imprudentemente en beneficio o detrimento de nadie.

- ¿Cuál es la decisión más dura que ha tenido que tomar como juez?
- Un desahucio en el que conocía el nombre que había detrás: el de un compañero de colegio, el de todo un caballero que había tenido mala suerte en la vida.

- ¿Cuál es el tocho más insufrible que se ha tenido que leer?
- (Risas) De insufrible que era se me ha terminado olvidando.

- ¿Se ha sentido tentado alguna vez a tirarle el mazo a alguien en la cabeza?
- (Risas). No tengo mazo, pero mi hijo me pregunta algunas veces por él.

- Elija un rincón de la ciudad para meditar una buena sentencia.
- Me daba mucha envidia el estudio del que fue amigo mío, Manuel López Vázquez. Era una casa llena de arte, rodeada de árboles y con vistas a la Alhambra.

- Dícteme una sentencia rápida sobre la forma de ser del nuevo juez decano.
- Que soy muy mejorable. Pero el don que he recibido de mis padres es el del trabajo.

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