MIRIAM MILLÁN
Al futuro le gusta ser caprichoso pero sin renunciar a la evidencia. Guillermo lo sabe. Esa combinación se impuso sobre sus expectativas, aterrizó forzosamente las ilusiones de un chaval aspirante a piloto de aviones, que pasó de atravesar nubes a contar autobuses, que cambió el cielo por el asfalto de una ciudad que terminó gustándole, casi tanto como un trabajo de herencia familiar al que recurrió para no ser ningún niño de papá.
Y aunque las vistas son más hermosas desde la cabina de un Boeing 747, tampoco le disgusta contemplar el mapa de transporte urbano que monopoliza la pared de un despacho más práctico que personal, más cómodo que pintoresco. Porque le sienta bien el cargo, aunque sea impopular y desagradecido, aunque los quebraderos de cabeza se le acumulen en el correo electrónico y tenga que escuchar algún que otro improperio cuando viaja ´camuflado´ en alguno de sus autobuses.
Y porque le gusta su trabajo, lo defiende con uñas y dientes, no con fingida convicción, sino con la certeza de que el matrimonio Rober-Ayuntamiento hace todo lo que está en su mano para que el transporte público de la ciudad sea uno de los mejores de Europa. Pero no se ciega a la realidad. "Todo es susceptible de mejorar", dice con idéntica mesura y tranquilidad con la que aborda cualquier tema. Da igual que confiese haberse gastado mil dólares en un arco con flechas, que critique la idiosincrasia granadina, que justifique el precio del billete o que admita que el desfalco de un trabajador le ha herido el "orgullo". No importa si habla de jazz, de cine o de un viaje a Copenhage. A todo le aplica el carácter de un "tipo normal", la apariencia de un hombre menudo y afable que jamás aparentó la edad que tuvo.
- ¿Es usuario de Rober? ¿Cuántos autobuses coge a la semana?
- Pues no cojo más de cuatro o cinco al mes porque aunque vivo cerca del trabajo debería hacer dos trasbordos, lo cual me tomaría unos 25 minutos, mientras que en coche tardo cinco. Soy cautivo del transporte en automóvil porque la red de autobuses no satisface mis necesidades en este sentido.
- Entonces, no puede decirse que haya llegado alguna vez tarde al trabajo por culpa de los retrasos del transporte público.
- Pues sí me ha ocurrido, como a todo el mundo. De hecho, ayer llegué por los pelos a un juicio porque hubo una pequeña manifestación en la Gran Vía. De todos modos, pienso que la red de transporte público es bastante puntual, lo que pasa es que tenemos muchas interferencias. Cualquier estornudo que ocurra en la Gran Vía se siente desde Lancha de Cenes hasta el último rincón del polígono de Almanjáyar.
- ¿Ha probado a subir un carrito de bebé a uno de los autobuses antiguos que todavía circulan por la ciudad?
- No, pero he visto cómo los suben. En cualquier caso, esos autobuses sólo significan el 10% del total de la flota. Es más, creo que somos una de las ciudades con mayor número de vehículos adaptados a personas con movilidad reducida y una de las primeras en las que hemos autorizado el transporte de carritos de niños en los autobuses. Yo me siento muy orgulloso de eso.
- En lo que está también a la cabeza es en el elevado precio del billete. ¿Por qué tienen los granadinos que pagar más cara la tarifa que la mayoría de españoles?
- La política tarifaria se puede utilizar de forma demagógica con mucha habilidad. Los precios están definidos en un abanico mucho más amplio que el del billete de 1,20 euros. Hay un montón de personas que viajan gratuitamente y que no se tienen en cuenta. Además, ofrecemos una serie de bonos cuyo precio es de los más económicos del país.
- ¿Las obras son el peor enemigo de Rober?
- No, y si se planifican adecuadamente -como pienso que se hace en esta ciudad- pueden ser incluso amigas. El verdadero enemigo de esta empresa es el automóvil, o como dice un amigo mío, el ´autoparado´, es de decir, ese señor que para desplazar setenta kilos moviliza 1.500 kilos y ocupa un espacio en la ciudad realmente injusto y que perjudica a la movilidad del resto. El espacio urbano es muy limitado y se debe usar con criterio. Utilizar el coche para ir de acá para allá es llenar la ciudad de hierro.
- Deduzco, entonces, que la culpa de los atascos la tienen los ciudadanos.
- No, porque hay mucha gente que va caminando, en bicicleta o que hace uso del transporte público. Lo cierto es que Granada es una ciudad muy complicada para la gestión de la movilidad, aunque también pienso que se está trabajando bien en este sentido. Lo que pasa es que en la ciudad hay muchos coches y sólo dispone de un par de grandes viales. Por eso, hay que ajustar nuestras necesidades de movilidad a la realidad que Granada puede ofrecer.
- Otra realidad es que el número de viajeros está descendiendo. ¿Es, en este caso, culpa de la crisis?
- La crisis está afectando entre un 5 y un 10% al volumen de viajeros de transporte público, no sólo aquí, sino en el resto de ciudades. La gente ha dejado de desplazarse para ir de compras o consumir ocio. No es cuestión de que Rober lo esté haciendo mejor o peor, sino de que toda la gente que antes iba al trabajo en autobús y ahora está en paro ya no hace uso del transporte público.
- De todos modos, ¿qué se puede estar haciendo mal desde el punto de vista comunicativo para que la gente no se convenza de que deje aparcado el coche en su casa?
- Probablemente, nosotros no estemos vendiendo bien nuestro servicio. La gente que usa con frecuencia la red está satisfecha, según las encuestas. Pero las personas que no la usan tienen cierto resquemor hacia el transporte público. Quizás nos falte comunicar más y mejor a los ciudadanos qué posibilidades les ofrece Rober para satisfacer sus necesidades de desplazamiento.
- ¿Qué ruta por autobús le haría al alcalde de la ciudad?
- Cualquiera, aunque si quiere hacer un recorrido bonito podría coger la línea de conecta la Alhambra con el Albaicín.
- ¿Se pondría un casco para ´viajar´ por la línea 1 a su paso por Almanjáyar?
- Me he sentido igual de seguro en el autobús que andando por la calle. El autobús no es más que un medio que se mimetiza con el lugar o barrio por el que circule. El tema de las agresiones con piedras es un problema muy serio pero de trasfondo social, si bien es cierto que los conductores de esa línea han pasado y pasan mucho miedo.
- ¿Cuánto y cómo le afectará la llegada del metro a su empresa?
- Afectará de manera severa a algunas líneas como, por ejemplo, la número diez, que prácticamente sería paralela a la del metro. Pero no creo lógico que tengan que competir ambos medios, más bien habrá que hacer una red de transporte público coordinada y complementaria.
- ¿A qué ciudad le gustaría que se pareciera Granada desde la óptica del transporte público?
- Me gusta la red de Copenhage.
- Cuando se sube al autobús, ¿prefiere escuchar música por el mp3, leer el periódico o cotillear conversaciones ajenas?
- Voy con la antena puesta a lo que la gente dice. Siempre te enteras de cosas.
- ¿Le ha pasado alguna vez que le hayan puesto a parir en una parada sin saber quién era usted?
- Sí me ha pasado y a lo mejor tenían razón.
- Cada dos por tres le convocan una huelga, ¿le crecerían los enanos si montase un circo?
- Este tipo de empresas, de las que sólo hay una por ciudad, tienen una afiliación sindical muy importante porque saben que tienen la fuerza de paralizar a la ciudad. Los trabajadores y los sindicatos lo saben y lo utilizan. Pero eso pasa aquí y en toda Europa.
- Le han robado más de 140.000 euros, ¿es que es demasiado confiado con sus empleados?
- No soy confiado en aspectos económicos aunque sí tengo una relación distentida con todos los empleados. Lo que ha pasado con este señor es que ha roto desde dentro los mecanismos de control. Esas cosas pasan en muchos sitios, no sólo aquí.
- ¿Qué le ha dolido aparte del bolsillo?
- Me ha dolido el bolsillo y el orgullo, pero también me da pena este señor. Por disfrutar durante un tiempo de una vida que estaba por encima de sus posibilidades, ahora se enfrenta a un futuro muy negro.
- ¿Puede ser este ´agujero´ un obstáculo para negociar en próximos días el convenio laboral de los trabajadores?
- No tiene por qué.
- ¿Qué les diría a quienes le acusan de falta de control sobre su empresa?
- Que vengan aquí y vean si es así.
- ¿Era de los que de pequeño se pasaba el día jugando con coches y camiones?
- No particularmente. Leía tebeos y jugaba a los indios y vaqueros, que es lo que había en ese momento.
- ¿No es frustrante para un piloto de aviones acabar dirigiendo una flota de autobuses?
- La verdad es que no. Pese a que no estaba preparado para este puesto ni me planteaba mi futuro unido a él, lo cierto es que terminó gustándome mi trabajo y, además, el mundo de la aviación y el del transporte de autobuses guarda ciertas similitudes.
- ¿Qué le repele de Granada a un madrileño que aún no ha perdido el acento?
- Me cuesta hacerme a la ´malafollá´ granadina, que no sólo ejercen sino de la que incluso se enorgullecen muchos. Además, en Granada no me dejan ser yo. Quiero escapar de la etiqueta de ´el señor de la Rober´ con la que mucha gente me mira. Mi trabajo me marca, por eso procuro muchas veces irme del ámbito granadino para poder ser yo mismo y no la persona que ocupa este puesto.