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HEMEROTECA » |
MIRIAM MILLÁN Hay personas y lugares cuya virtud y castigo es no pasar inadvertidos, es no precipitarse al fondo del recuerdo sin pena ni gloria. Hay mujeres y rincones cuya cruz y bendición es dejar huella a la entrada y a la salida, como el caballo de Atila. Matilde Martín –granadina, policía, criminóloga, madre, abuela y futura periodista– forma parte de ese reducido club de nombres y apellidos.
Su despacho –atrevido, emotivo, personal, caótico pero ordenado– también se incluye en ese listado de escondites inusuales donde el contenido es tan sugestivo que el continente no necesita de ventanas con vistas a la ciudad, ni de luz natural, ni siquiera de unos cuantos metros de más para estirar las piernas. Porque no es fácil iniciar el juego de las preguntas ante una de esas mujeres que ni conocen ni predican la indiferencia.
Sin embargo, el reloj sólo ha consumido un par de minutos cuando todo empieza a fluir con demasiada facilidad, con aires casuales y de andar por casa, como si la rubia con pantalones de Dolce&Gabbana y joyas de Tous que juguetea con el reloj de brillantes no fuese más que lo que es, una mujer de mirada amable, de palabra ingeniosa y picante, de manos expresivas e ideas claras, que pasó de “niña pija” a madre de familia con sólo 16 años, que sólo ansía reir, perderse por la T4 de Barajas, ir de compras con su nieta Paula los viernes por la tarde, licenciarse en no sé cuántas carreras más, volver a reirse a todas horas y confesar que un día pagó una ‘indecente’ cantidad de dinero por una noche de hotel en Dubai.
Porque es fácil manejar la conversación hacia derroteros personales, hacia puntos de vistas que desnuda sin remilgos, con la tranquilidad de haber sido pionera en la “lucha por la igualdad de la mujer”, de haber cerrado más de una boca a base de trabajo y honestidad, de ejercer una profesión a la que ama con idéntica devoción que a Milán, que a sus dos hijos y sendos nietos, los mismos que no le llaman abuela porque las abuelas no van al gimnasio y salen a bailar. Y mientras planea qué meterá en la trolley de su próxima escapada, de qué hablará en la siguiente cena de amigas, igual se emociona con música “ñoña” que con una ópera de las que hacen historia. Porque nada es previsible en esta mujer que prefiere a los “enemigos salvajes que a los débiles”, que se esfuerza por aflojar la armadura que dice ponerse cada mañana para que no le hagan daño dentro y fuera de su despacho sin vistas a la ciudad donde nació.
- Hoy se celebra el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, ¿cree que sirve de algo esta efeméride?
- Creo que nos han engañado y que este día es una tomadura de pelo. Porque la mujer trabaja, pero también sigue ocupándose de las tareas domésticas y de todas juntas. Lo que hace falta es enseñarles a los hombres a compartir.
- ¿Y eso cómo se hace?
- El hombre está dispuesto a aprender, lo que pasa es que la mujer ha salido del cascarón a una velocidad tan rápida que a ellos les cuesta asimilar los cambios. Están como perdidos en ese sentido puesto que ha existido un modelo impuesto socialmente durante muchos años en el que las mujeres hemos sido responsables de criar a los hombres en el machismo. Si a nosotras nos ha costado cambiar, con cuánta más razón a ellos. Por eso no creo que ésta sea una batalla perdida, sino que es cuestión de tiempo.
- ¿Es feminista?
- Yo creo en la igualdad, me siento femenina y orgullosa de ser mujer. Si entendemos el feminismo como la igualdad entre mujeres y hombres, pues soy la número uno. Ahora bien, no soy feminista si ello significa una guerra de poder entre sexos.
- ¿Y una chica guerrera?
- Sí, soy luchadora. Me gustan los retos.
- ¿Cuál ha sido el mayor reto de su vida?
- El puesto que desempeño actualmente. Empecé a plantearlo hace veinte años y me llamaron loca. Hoy me río de esa locura porque hemos sido la primera unidad judicial que se ha creado dentro de la policía local.
- ¿A costa de qué lo ha conseguido?
- A costa de muchos años de trabajo y guerras internas. Ahora parece que todo es muy fácil y que esta unidad lleva funcionando toda la vida, pero lo cierto es que los comienzos fueron muy difíciles.
- Cuando echa la vista atrás, ¿qué es lo que le hace sentir más orgullosa?
- El año de castigo que me impuso Luis de Haro-Rossi (jefe de la Policía Local de Granada durante el gobierno de José Moratalla). Sus víctimas fuimos exiliadas a la comisaría de Rey Badis, a la que yo llamé ‘Intxaurrondo’, pero formamos una piña y al año siguiente, cuando cambió el color político del Ayuntamiento y la jefatura, todos pedimos como destino voluntario el mismo sitio.
- ¿Se ha sentido alguna vez ninguneada?
- Lo han intentado muchas veces pero no creo que lo hayan conseguido. No me he dejado ningunear en ningún aspecto.
- ¿Qué le escribiría en un SMS a todos los hombres que le han mirado por encima del hombro alguna vez?
- A los que lo han hecho y siguen haciéndolo les mandaría al psicoanalista. Creo que en el fondo son personas bastante mediocres y es esa mediocridad lo que les hace adjudicarme adjetivos como rara o frívola. Es más fácil criticar al que tienes enfrente que reconocer tus propias limitaciones.
- ¿Las mujeres mandamos más y mejor?
- Creo que somos más coherentes cuando mandamos porque mezclamos razón con corazón y porque nuestro objetivo –a diferencia de los hombres– no es competir, sino hacer el trabajo lo mejor posible.
- ¿Le ha decepcionado el PSOE?
- Milité en mi juventud en el PSOE y sólo puedo recordar de aquella época el desencanto que sentí, no hacia las siglas o la ideología socialista, sino hacia sus militantes. He conocido a muchos oportunistas entre sus filas y no voy a seguir porque no quiero meter más la pata.
- ¿Qué ha aprendido de su trato con la clase política?
- Que, en realidad, no hay diferencias políticas. A todos les gusta el Audi A-8, el buen marisco, la secretaria y el escolta.
- Pero se lleva mejor con los del PP.
- En el PP he encontrado más respeto y creo que son más honestos en cuanto a lo que te refería de los gustos. En cambio, en la época socialista que me tocó vivir o eras afín a ellos o intentaban machacarte.
- ¿Le han dejado alguna vez KO?
- Me han dejado tocada pero no hundida.
- ¿Qué está fallando para que la violencia de género siga siendo un cáncer incurable?
- El problema fundamental es social y cultural. Aunque es necesaria la intervención policial y judicial, hacen falta veinte años más para que los niños que ahora estamos criando lleguen a asimilar ese respeto hacia la mujer. La pena es que creo que se está retrocediendo en pasos de gigantes ya dados hace mucho tiempo. Por ejemplo, observo entre las amigas de mi hija cómo se vuelve a decir ‘no me pongo minifalda porque mi novio no quiere’. Creía que eso estaba más que superado pero veo que no y lo peor es que ellas lo justifican con un ‘porque me quiere’. Esa frase ya se ha cobrado muchas víctimas.
- Policía Local desde los Mundiales de ‘Naranjito’. ¿Por qué este cuerpo y no otro?
- Yo me presenté al cuerpo superior de policía y aprobé los exámenes pero, entonces, me quedé embarazada, así es que me planteé si merecía la pera irme tres años a Ávila. En ese momento salieron las primas plazas de policía local para mujeres en Granada y me apunté al carro. Fue una decisión que me costó tomar porque a mí lo que me gustaba era la investigación. Siempre quise ser uno de los ‘Ángeles de Charlie’. Pero pensé que este cuerpo era mejor porque como era muy virgen habría muchas más cosas que hacer.
- ¿Está desaprovechada la Policía Local?
- Sí, se podrían optimizar mejor los recursos. Pero yo me siento muy orgullosa del cuerpo al que pertenezco. Primero, por mi sueldo, porque en mi casa se come bien. Segundo, porque el nivel cultural de nuestros agentes es elevadísimo. En tercer lugar, porque es un trabajo muy bonito en el que todavía queda mucho por hacer.
- ¿En qué podría mejorarse?
- Si fuésemos más inteligentes y menos cabezotas daríamos muchos pasos al frente. Lo que pasa es que el resto de cuerpos no terminan de entender que ocupamos un espacio muy importante porque somos muchos efectivos y muy cercanos a la ciudadanía. Por eso, tendrían que entender que la Policía Local no aspira a restarle cuotas de poder a nadie, sino a sumar.
- ¿Cuál ha sido su experiencia laboral más desagradable?
- La muerte de Luis Portero. Fui la primera en llegar tras el atentado y jamás podré olvidar sus ojos suplicando ayuda entre mis brazos.
- ¿Los uniformes dan morbo porque forman parte de la erótica del poder?
- La vida y la sociedad es un teatro. Seguro que no nos creemos igual una película si en ésta salen los actores con la ropa inadecuada. Pues esto es lo mismo. El uniforme impone igual que una toga o las rejas de una cárcel. Todo es una puesta en escena.
- ¿A quién esposaría sin pensárselo dos veces?
- A nivel de Granada no te lo puedo decir porque me sentarían en un banquillo (risas). Por lo demás, esposaría a cualquiera que manche la imparcialidad de la justicia.
- Es que tiene fe ciega en la justicia?
- Creo en la justicia pero también en todas las trabas que tiene el sistema judicial. ¿Cómo se ve la ciudad desde la quinta planta de un edificio judicial? π Inmensa (carcajadas). Es curioso pero aquí se aprende mucho y no sólo a nivel jurídico. Ves a la gente en diferente estadios: cuando los detenías en la calle y parecía que se comían el mundo y cuando ahora se sientan en un banquillo y te das cuenta de que no son más que unos pobres diablos.
- ¿Puede presumir de llevarse bien con los jueces y los fiscales?
- Puedo presumir de llevarme bien con todos los funcionarios de La Caleta.
- ¿Tiene una licenciada en Criminología mejores planes que ver el ‘CSI’ un lunes por la noche?
- Por supuesto. ¡A mí me van a engañar con el CSI! Si eso es un maletín con cuatro polvicos...
- ¿Ha sido un handicap ser rubia y guapa para ejercer de agente?
No, hay muchas compañeras en el cuerpo y la mayoría son guapas.
- ¿Prefiere que la admiren o que le respeten?
- Que me respeten, aunque para mí ambos conceptos van unidos.
- Si de usted dependiese, ¿a qué toro cogería por los cuernos?
- Al presidente del Gobierno. Le cambiaría el talante por el talento. Porque no sé si es que de verdad se cree un iluminado o es que se está riendo de todos los españoles.
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