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pablo menéndez buján

"En la ciencia no hay jefes, eres tú contra la naturaleza"

 09:30  

Extremadamente inquieto y competitivo, el director del Banco Andaluz de Células Madre y subdirector del Banco Nacional de Líneas Celulares no aspira a “ser el número uno en nada”. Su único techo es no aburrirse, “porque sólo quiero seguir divirtiéndome con mi trabajo”.

MIRIAM MILÁN. La velocidad de la luz es aplicable al interior de su cráneo, donde las neuronas deben resoplar de alivio y cansancio al finalizar el día. También su alianza de casado, a la que hace girar sobre su dedo anular un millón de veces, sin tregua, como una especie de salvavidas al que aferrarse para esquivar con la mirada a las preguntas, para encontrar las palabras exactas y adecuadas que conviertan sus respuestas en frases entendibles para quienes al observar la pizarra de su despacho no ven más que jeroglíficos de dificultad elevada.

Pero la paciencia también recoge sus frutos fuera de un laboratorio. Sólo hace falta indagar en sus añoranzas de asturiano, de hijo modélico, de joven, al fin y al cabo, para que sus hombros se relajen, sus contestaciones se dejen impregnar por alguna que otra sonrisa, para que la desmedida pasión que siente por su trabajo se le desborde por los ojos, en cada gesto de su barba descuidada e informal.

Llegados a ese punto en el que ya no tiene que afanarse por explicar lo que es una célula madre en vocabulario de la calle, aflora el Pablo de 34 años, al que le gusta la música de “antaño maricastaño”, el que no quiere que le regalen un e-phone por Reyes, el Pablo que se iba de marcha los jueves por la noche para media hora después calzarse la bata blanca, con la alegría del que considera su trabajo un “festejo, un hobbie”, una actividad tan divertida como leer a García Márquez, escuchar a Radio Futura o lavar el coche con tal de no tumbarse de brazos cruzados en el sofá.

Católico, de mente abierta, de espíritu competitivo, igual deja escapar palabras en inglés en mitad de una frase que se emociona al confesar que pronto será padre, que “no puede vivir sin su mujer”, que le duele haber tenido que dejar su Asturias patria querida para practicar la ciencia.

- Dos años y tres meses al frente del Banco Andaluz de Células Madre. ¿Cómo valora ese tiempo cuando echa la vista atrás?

- No ha sido fácil. Hemos tenido que hacer muchas cosas: solicitar proyectos de investigación, financiarlos y conseguir al personal adecuado para conformar un buen equipo de trabajo, competitivo y con capacidad de liderazgo. Pero estamos muy satisfechos porque hemos realizado un buen papel, porque conseguimos los tres objetivos principales: financiación, producción y formación.

- ¿Qué se le pasó por la cabeza al conseguir las tres primeras líneas celulares de producción propia?

- Si te soy sincero, poca cosa. Yo soy muy competitivo y cada cosita que conseguimos no es más que una puerta que cerramos para abrir otra. No lo considero un hito como para irse un mes de vacaciones. Simplemente fue algo que tenía que pasar tarde o temprano en Andalucía, es la prueba de que aquí se pueden hacer las cosas igual de bien que en Cataluña, Harvard o Londres.

- ¿Ni siquiera sintió una punzada de ilusión, algo especial?

- Sentí gratificación por mi gente, que ha hecho mucho esfuerzo. Hemos peleado bastante para conseguir embriones donados por parejas. En comparación con otros centros pioneros, aquí estábamos un poco dejados de la mano de Dios en cuanto a vinculación con clínicas de reproducción asistida.

- La mayoría de los mortales no terminan de entender lo que es una célula madre. Explíquelo en cristiano, por favor.

- Yo creo que ni los científicos sabemos definirlo porque el conocimiento avanza tanto que todos los días salen nuevas definiciones. Pero una célula madre no es más que aquella capaz de regenerar lo que hemos perdido ante determinadas situaciones o necesidades fisiológicas. Y, sin duda, la célula madre por excelencia es la embrionaria.

- ¿La ciencia es el mejor dios posible en el que depositar la fe?

- Soy católico pero creo que sí, porque en ciencia todo tiene un por qué. A veces, cuando examino enfermedades como el cáncer infantil y veo que todos los niños con leucemia presentan la misma mutación genética, me pregunto si eso es sólo cuestión de fe, si hay algo más, si realmente puede ser que Dios sea tan inteligente como para haberle dado a cada enfermedad una mutación específica. La verdad es que no lo sé. Lo único cierto es que la ciencia es dura y vocacional. Nadie sin vocación puede ser científico porque con esto no se gana dinero. Te tiene que gustar estar doce horas al día buscando algo que no sabes si existe.

- ¿Y dónde engendró su vocación?

- Cuando estudiaba la carrera me di cuenta de que lo que realmente me gustaba era la investigación contra el cáncer. El resto de cosas me daba igual, si bien tuve la suerte e ilusión de que en quinto de carrera me dieron clase dos grandes profesionales a los que les debo todo lo que soy.

- ¿Cuánto y qué le ha regalado la ciencia?

- Me ha aportado muchas cosas: ser crítico conmigo mismo y con los demás; exigirle a otros lo que me exijo a mí mismo. En definitiva, me ha regalado mundo, porque en la ciencia no existe el castellano y aprendes a abrir tu mente, a exponer tus conocimientos a otros, igual que ellos lo hacen contigo. La pena es que un científico ha vivido en tres paises, se codea con un premio Nobel y parece que eso no tiene valor.

- ¿La paciencia es la madre de la ciencia?

- Hay que tener paciencia porque te frustras muchas veces. Unos días sales mosqueado del laboratorio y otros como loco. Si no eres paciente no tienes nada, porque esto no es el trabajo de un comercial que a la tercera vez de acudir a un cliente le vende el coche. La ciencia es buscar, cuidar y pelear, aunque también tiene una parte de crecer emocional y culturalmente. En la ciencia no hay jefes, eres tú contra la naturaleza. Y luchar contra ésta es muy difícil.

- Pero quizás el problema de la sociedad es que quiere beneficios y gratificaciones inmediatas.

- Sí. La cultura latina es ‘cortoplacista’. Hasta mi padre me dice que los investigadores somos muy malos porque llevamos 30 años trabajando con el cáncer y no lo hemos curado. Pero yo no creo que seamos tan torpes. Insisto en que luchar contra la naturaleza es muy complicado.

- ¿Un descubrimiento soñado?

- Tengo otros sueños en la vida que pasan por la familia y los amigos, pero no por descubrir algo. Por decir algo, diría que alguno relacionado con el cáncer infantil. Pero la mayoría de los descubrimientos son fruto del azar.

- ¿Tiene un paciente derecho a elegir de qué manera quiere morir?

- Yo creo que sí, pero tiene que estar asesorado por múltiples vías: por la gente que le quiere y por los facultativos. Soy católico pero, a veces, a la carretera hay que quitarle vallas para que la gente fluya de otra manera. Ante casos extremos, me parece egoísta e incomprensible no escuchar, por lo menos, a esa persona.

-. ¿Qué escalón separa al científico de la calle?

- Ninguno. El científico es una persona absolutamente de la calle y echada a la calle. Para nada somos gente prepotente y onerosa. Nos sentimos parte de la sociedad porque trabajamos para ella. El problema a la hora de divulgar la ciencia reside en la complejidad del vocabulario científico. Nos cuesta mucho expresarnos en unos términos que no sean los que emplearíamos con un colega.

- ¿Y a quién le corresponde el papel de hacer la ciencia entendible y accesible?

- Al periodista científico, pero hay muy pocos. Creo que existe un vacío en este sentido que no rellena nadie. Yo no sé si un científico debe hacerse periodista o viceversa, pero lo más importante es que un periodista no venda humo. Hay veces que sólo buscan un titular y algunos titulares nos destrozan.

- ¿Puede un científico ser profeta en su tierra o es obligatorio emigrar?

- Es necesario que muestre sus méritos en el extranjero pero porque la ciencia es muy compleja y requiere de un conocimiento muy amplio, de tener la mente muy abierta.

- ¿De qué habla un grupo de científicos detrás de la barra de un bar?

- Yo hablo de mujeres [carcajada]. Hablamos de muchas cosas pero también es cierto que como nos pongamos a hablar de trabajo la gente que hay alrededor nuestro se termina yendo del bar.

- ¿Daría cualquier cosa por curar qué enfermedad?

- La guerra . Mata a más gente que cualquier enfermedad.

- Si un cura le dijese que va a ir al infierno por investigar con células madre, ¿qué le contestaría?

- Que si sabe en lo que trabajo y si sabe lo que es una célula madre.

- ¿Por qué cree que hay tanta gente a la que le molesta la conciencia en este sentido?

- Porque no están informados. Sólo es un problema de falta de conocimiento. Hay personas que creen que trabajamos con fetos y matamos a gente, cuando en realidad lo único que tenemos son dos células congeladas desde hace quince años.

- ¿Es la ética, entonces, vuestra piedra de tropiezo?

- Lo es muchas veces, por eso creo que hay que ser más flexibles y, además, tenerlo todo muy bien regulado.

- ¿A quién clonaría sin pensárselo dos veces?

- A mis padres.

- ¿Qué cosas le duelen a un doctor en Medicina?

- Que la gente no cumpla su ética profesional, que no respete el dinero público con el que se financia su trabajo.

- ¿Qué dolencias necesitadas de cura observa en el panorama científico español?

- Hace falta más y mejor comunicación entre los científicos y un plan estratégico global en el que todos empujemos hacia el mismo sitio. Se hacen edificios pero luego no hay gente para ocuparlos o al contrario. Al final, son recursos que se tiran a la basura.

- Hacen falta más conexiones neuronales de la cuenta para ser científico.

- No. Sólo hace falta vocación.

- ¿Ni siquiera hay que estar un poco loco?

- Yo creo que no. Aquí hay 22 científicos y ninguno lo está.

- Lo cierto es que debe ser aburrido trabajar con cosas aparentemente intangibles.

- Es muy gracioso que se diga eso. Yo nunca me había parado a pensarlo pero ahora estoy haciendo un master en el que trato con ingenieros y éstos me preguntan que yo a qué me dedico, si a leer, estudiar... Trabajar en una actividad que genera conocimiento es algo que mucha gente no entiende. Es difícil ver el trabajo de un modo no lucrativo y tangible.

- ¿Cómo se ve la vida desde un microscopio?

- Muy pequeña [risas].

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