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ignacio cuerva

"Yo sólo me arrodillo ante Dios"

 17:58  
Ignacio Cuerva.
Ignacio Cuerva. Ruiz de Almodóvar

Razonablemente maniático, “anárquico y liberal,a veces”, el aspirante a curar al Granada de su cáncer está convencido de que saldrá de este embrollo “sin una úlcera de estómago”.

MIRIAM MILÁN. La Blackberry yace en disciplinado silencio. Ni siquiera le puede la tentación de mirarla de vez en cuando. Su inquietud por arañarle horas al día, por alargar el tiempo para hacer cuantas más cosas mejor, no le convierte en un hombre acelerado. No vive pendiente de su teléfono de ejecutivo, aún cuando éste le ha privado de escuchar pop del bueno cuando conduce, aún cuando no para de sonar desde que hace unas semanas la afición del Granada le colocó una capa de superhéroe, que casi ha terminado convirtiéndose en una soga al cuello. Porque a este empresario por genética y vocación, con más porte de pívot que del defensa central que un día fue, no le gusta verse como “salvador” de ningún club, aunque esos colores sean los únicos capaces de afectarle el estado de ánimo un domingo por la tarde, el único por el que se mete en líos, por el que se lía la manta a la cabeza, por el que las tablas clasificatorias del fin de semana cobran significado.

Pero ese amor incondicional, el mismo que le brota por inercia desde que empezó a mamarlo en brazos de su padre, en convircompañía de sus hermanos, no le impide pensar con la cabeza, planificar cada zancada, alargar y argumentar hasta el infinito cada una de sus respuestas, con tal de no vender humos, de no crear falsas expectativas.

Predica la prudencia, con idéntica devoción con la que habla de toros y Semana Santa con sus amigos, con la que defiende la “unidad” como el medicamento milagro que necesita una Granada más pendiente de su ombligo que de los intereses generales, con la que contempla embelesado los mensajes multimedia que le envía su mujer con fotos de sus hijas, las mismas que le han enseñado que la paternidad está a otro nivel, muy por encima de cualquier terreno de juego, de cualquier empresa soñada.

Afable en palabra y movimiento, ignora su papel de yerno perfecto, ése por el que cualquier madre haría la ola. Y, sin embargo, sus aires de joven aunque suficientemente preparado, de “fiable y responsable”, de lector compulsivo, de padre de familia feliz, no le impiden confesar que “hay muchas veces en las que se reprocha ser excesivamente liberal y anárquico”.

–¿Tanto le gusta el fútbol como para meterse en estos berenjenales?

– El fútbol me gusta muchísimo y desde siempre he estado vinculado al Granada CF. Ha sido un aspecto que ha formado parte de la cultura de mi casa, con lo que he convivido con mucha naturalidad. En cuanto a por qué me he visto envuelto en este asunto, pues no sé. Dije desde el principio que no quería responsabilidades porque es un tema complejísimo, con un entorno económico muy difícil de abordar. Pero al final he intentado buscar un sitio que sea compatible con el nivel de responsabilidad que yo estoy dispuesto a asumir. He buscado un plano en el que yo realmente me pueda sentir a gusto, en el que simplemente sea uno más para trabajar en las posibles líneas de solución. Lo que no puedo hacer es crear expectativas.

–¿Ni siquiera fantasea con la idea de imaginarse presidente?

– No. De hecho, he rechazado voluntariamente esa posibilidad. El club está en una situación límite, jugándose su futuro a vida o muerte. Y en esa tesitura, entiendo que no se puede dar un paso de ese tipo. Porque no es cuestión de plantear un proyecto de estabilidad a cuatro años. El terreno de juego que ocupamos es uno bien distinto. Se trata de pelear para sacar al club hacia delante de aquí a junio. Ahora bien, si los socios del Granada consideran que yo debo estar para administrar esta situación de urgencia, pues no voy a rechazarlo.

–¿Se siente más un parche que un superhéroe?

– Lo que tengo super claro y quiero que así conste es que yo no vengo como salvador del club. La situación es tan grave que resulta imposible que yo venga a solucionar nada. Así es que no hay superhéroes. Soy un socio más en el que se ha depositado cierta confianza porque así se ha despertado, pero sin engañar a nadie ni vender humos.

–¿Qué tuerto ha mirado al fútbol granadino?

– Creo que no se trata sólo del fútbol, sino de la sociedad granadina, en general. Este deportes es un reflejo de esta provincia, de la enorme dificultad que existe para pactar grandes proyectos, para cerrar filas dejando fuera los intereses personales, para entender que si así lo hacemos, todos ganamos, aunque ello suponga una ganancia menor a la que se podría obtener solo.

–¿Y cuál es el tratamiento de choque para sacar al club de la UVI?

– En el caso del club, quisiera que cada uno de los miembros que conforman la mesa pro-salvación cumplieran el cien por cien de los compromisos adquiridos, sin fisuras. Si esa unanimidad tajante y explícita que se contrajo se empieza a debilitar, entonces, puede perderse la última oportunidad de resolver el problema del fútbol granadino. Tendrían que pasar no sé cuántos años y por no sé qué vías para que llegara un proyecto en condiciones.

–¿Le augura, entonces, un mejor segundo tiempo a la entidad?

– Si todas las partes mantenemos el criterio y la unanimidad le auguro al Granada una estabilidad razonablemente suficiente para salir de esta situación crítica. –¿Cree que le quedarán ganas a la familia Sanz de volver por Granada? – Supongo que sí, al menos, como ciudad. Es difícil no querer volver a Granada. Yo tengo cierto aprecio personal a Paco Sanz y no tengo ningún problema con él, pero siempre le he manifestado mis discrepancias sobre las líneas básicas y fundamentales para gestionar el club. En cualquier caso, ha sido una discrepancia sana y no creo que sea el momento de ahondar o resaltar los errores que hayan podido cometerse.

–Le veo muy prudente. ¿Siempre mejor la defensa que el ataque?

– Mejor la prudencia y conocer el terreno que vas a tocar, máxime en un escenario como el de la situación del Granada CF. El criterio básico es andarse con cuidado y saber bien hacia dónde quiero dar un paso.

–¿Es que prefiere esperar al contragolpe?

– No. De hecho, pienso que no hay que vivir obsesionados con la prudencia. Lo que pasa es que hay campos como éste en los que sí es necesaria. –¿Por qué o ante quién se pondría de rodillas en mitad de un campo? – Yo sólo me arrodillo en un sitio, ante Dios. En cuanto al gesto de los jugadores, entiendo que no es más que un impacto visual que contribuye a reflejar la situación límite que están atravesando.

–Se confiesa creyente. ¿Acaso la crisis con fe es un poco menos crítica?

–Es una salida para mucha gente. La fe ayuda y tranquiliza, pero alimenta espiritualmente, no materialmente.

–Cuénteme el secreto para ser un empresario de éxito sin ni siquiera haber cumplido los 36.

– No existe una única clave para el éxito. Pienso que resulta del equilibrio de una serie de factores. En primer lugar, debe haber una inquietud para abordar proyectos nuevos, asumiendo los riesgos que eso conlleva. También hace falta una buena dosis de prudencia y, fundamentalmente, saber gestionar las relaciones personales y los recursos humanos de la empresa. Y luego, por supuesto, es imprescindible la suerte.

–¿Cuál es su empresa soñada, ésa que todos los días se inventa su mente mientras conduce camino al trabajo?

– Mi empresa soñada parte de la actual, pero tras haber alcanzado el nivel de perfección, desarrollo y excelencia que yo imagino. Es una compañía que aborda proyectos en todo el mundo, que crece en base a relaciones humanas agradables, que es socialmente responsable y que tiene un esquema de funcionamiento absolutamente sostenible.

–Como experto en el sector energético, ¿a qué personaje de la ciudad le daría un chute de energías renovables?

– Renovables y renovadas, ja, ja. Se lo daría a más de uno pero, esencialmente, a toda la clase política de nuestra ciudad. Además, le administraría una dosis cercana al límite de lo insoportable

–Imagine que soy banquera. Convénzame como empresario de que debo aflojar el bolsillo con la que está cayendo. – Te diría que tienes la carga moral de verte en la obligación de dar la cara y no esconderte. Te diría que has de tener un sentido de la responsabilidad en medio de esta situación, puesto que, en parte, tú has tenido el interés de contribuir a crear y facilitar este nivel de endeudamiento.

–Retomemos el fútbol. Después del Granada, ¿cuál es el siguiente equipo que mira en la tabla clasificatoria una vez que concluye la jornada de Liga?

– Ninguno en especial. Miro a los equipos que afectan al Granada directamente y, quizás, por otros motivos, al Almería. Pero me interesan pocos más. Es más, posiblemente ni sepa en qué posición de la tabla se encuentran actualmente el Barça o el Madrid.

–¿Es de los que si pierde su equipo no hay quien le hable un domingo por la noche?

– Intento que no, aunque también depende de la importancia del partido.

–¿Cuál es el mejor gol que ha metido?

– Conteste como conteste va a sonar muy cursi, ja, ja. Mi mejor gol es haber hecho lo necesario y suficiente para formar la familia que tengo.

–¿Y el peor que ha encajado?

– No recuerdo ninguna jugarreta en especial. Es muy difícil que guarde rencor por algo. Pero sí me ha costado encajar algunas desgracias personales muy impactantes que me ha tocado vivir, como la muerte de mi padre o de dos amigos íntimos de la infancia cuando tenía 22 años.

–¿Se ha sentido alguna vez fuera de juego?

– Claro, muchas veces, pero siempre he tratado de salir de la jugada asumiendo lo antes posible la situación y reconduciéndola.

–¿Qué tal se lleva con los periodistas?

– De momento, gracias a Dios, bien.

–¿Cree que el entorno mediático ha perjudicado al Granada CF?

– Yo creo que se mezcla un poco de todo. Cuanto más se deteriora la situación, más se propicia la aparición de mensajes críticos y pesimistas. Lo que sí observo es que en el caso de la prensa un mensaje erróneo tiene muy difícil resarcimiento sobre los afectados y, en este caso, ha provocado repercusiones a veces irreparables sobre el club.

–¿De qué hablan los hombres aparte de fútbol?

– ¿Qué se pueda decir? Ja, ja. Yo hablo de fútbol, de Granada, de toros, de Semana Santa, de la familia y de mis hijas.

–¿Saldrá de este embrollo futbolero sin que se le salga una úlcera de estómago?

– Por supuesto.

–Y después lo que le echen, ¿no?

– La verdad es que sí, siempre y cuando tenga tiempo y posibilidades para aportar algo. No me pongo limitaciones.

–¿Es consciente de que encarna el papel de yerno perfecto?

– Ja, ja. No.

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