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francisca plieguezuelos

"No hay nada a lo que no podamos llegar las mujeres"

 14:26  
Paca Plieguezuelos, eurodiputada socialista y catedrática de Matemáticas.
Paca Plieguezuelos, eurodiputada socialista y catedrática de Matemáticas. Ruiz de Almodóvar

Europarlamentaria en Bruselas y licenciada en Matemáticas, su vida siempre ha estado vinculada a la política.

FERNANDO VALVERDE Paca Pleguezuelos tenía todas las papeletas para sufrir como nadie las desigualdades. Nacer mujer, sufrir una minusvalía y ser hija de un feminista y de una demócrata en los años cincuenta y sesenta no eran señales que convocaran a la fortuna. Sin embargo, con su paso cambiado, siempre ha sido capaz de saltar por encima de todos los obstáculos que le han ido poniendo en el camino. “No han sido pocos, la lucha por la igualdad ha sido muy larga y queda mucho por hacer”, recuerda siempre con una fuerza y una vitalidad que se transmite. Será porque nació un 28 de junio y es cáncer, o tal vez por la perspectiva del mundo que le han dado sus diferentes experiencias, en especial un cáncer de mama que le hizo “cambiar la mirada”. Pese a que pasa media semana en Bruselas, no cree que su entorno esté desordenado y no ha perdido la ilusión ni en la vida ni en la política, que en su caso están muy ligadas.

- ¿Qué han supuesto estos cuatro años entre Granada y Bruselas?

- Esta etapa ha redondeado mi perspectiva y mi visión política. He tenido la oportunidad de ver la legislación comparada, ya que antes había sido diputada en el Congreso. He detectado las cosas en las que hay que seguir trabajando y en las que somos vanguardia. Esa es una experiencia muy positiva para un político.

- ¿Y en el plano personal?

- Me lo he tomado bien porque en realidad hago lo mismo aunque tenga que coger muchos más aviones. Salgo los lunes a mediodía para hacer un poco de mañana aquí. Lo normal es que regrese los jueves. Sé que es una vida difícil pero la he ido adaptando un poco a mí. Me compré un apartamento en Bruselas para que mi calidad de vida no se viera mermada del todo. Si viviera en un hotel no estaría tan bien. He decorado mi casa, en la que duermo tres o cuatro días a la semana, con muebles del Ikea y cosas que he llevado de Granada. He creado mi espacio y me siento bien allí.

- Europa siempre me ha sonado a retirada, a político viejo. ¿Tiene la misma impresión?

- En absoluto. Lo he podido comprobar ahora con la incorporación de los países del este. Hay muchísima gente joven y todo ha cambiado mucho. Ahora hay gente que se está yendo de allí para ser ministro o para encabezar listas en elecciones municipales o regionales.

- ¿Y a dónde piensa ir usted, ahora que vuelve a haber elecciones europeas?

- Pues no lo sé. El 28 de marzo se aprueban las listas en el Comité Federal y no sé si formaré parte de ellas. Yo estoy muy satisfecha con el trabajo que he hecho. Creo que he representado a los ciudadanos y he conseguido bastantes cosas, aunque una nunca se queda totalmente satisfecha. Estoy a disposición del partido.

- Esa frase está muy manida. No me creo que no lo sepa.

- Pues te digo la verdad aunque parezca raro. Las elecciones vascas y gallegas lo han retrasado todo y hace un par de días he sabido que se iban a aprobar las listas. Hemos estado muy metidos en el proceso electoral.

- ¿Está satisfecha con el resultado en el País Vasco?

- Ha sido un revulsivo grandísimo. El PNV ha gobernado durante toda la democracia y hacía falta, no voy a decir desalojar, pero sí que alternar. La alternancia de poder sanea muchísimo y a los ciudadanos les gusta. Es buena para la democracia y era necesaria.

- ¿Sería buena para Andalucía?

- Por qué no. Pero hay que hacer un matiz importante. En Andalucía los ciudadanos siempre han elegido a sus representantes en libertad. En el País Vasco no. Si me haces la comparación con el resto de España te la admito.

- No pretendía hacer ninguna comparación. Sólo saber si cree que el cambio sería también saludable aquí.

- Son los ciudadanos los que tienen que decirlo pero en absoluta libertad, como se ha hecho hasta ahora. Eso es la democracia.

- ¿Está Granada tan lejos de Europa como parece?

- Nada está lejos y todo está lejos. En un mundo global tenemos la impresión de que todo está muy cerca pero hay muchas incertidumbres que provocan distancia. Es por eso que la gente se aferra a los localismos. Hoy más que nunca, como se ha visto con la crisis financiera, hemos visto que todo está conectado. No se puede estar solos porque aislándose no se llega a ninguna parte.

- Me sorprende su independencia. Alguna vez se ha mostrado en contra de iniciativas promovidas por su propio partido, como cuando se posicionó contra el canon. ¿Ha sido contraproducente para su carrera política?

- De eso nada. La gente de mi partido siempre lo ha percibido como un ejercicio de responsabilidad. Cumplo las leyes, pero mientras se están debatiendo creo que debo expresar mi opinión y luchar por mis ideas.

- ¿Sigue estando en contra del canon digital?

- No sólo estoy contra el canon, sino que creo que en el siglo XXI pensar que el modelo de negocio de protección intelectual tiene que ser el que ha habido hasta ahora es un gran error. La SGAE no puede pretender seguir haciendo lo que ha hecho hasta ahora. Tiene que adaptarse, como lo han hecho las tiendas de fotografías o los fabricantes de cámaras.

- Qué le dicen estas dos palabras: Político profesional.

- Cuando alguien pierde la ilusión tiene que dejar la política. Yo soy catedrática de matemáticas y no estoy en esto porque necesite ganarme la vida, sino porque creo en lo que hago, porque tengo inquietudes. Es cierto que existen los políticos profesionales y los aduladores. Pero esta clase de gente la hay en todas partes. Cuando estaba en el instituto había quien adulaba al director.

- ¿Los cargos acaban por crear una distancia entre el político y la gente?

- No tiene por qué. Yo sigo siendo cercana. Es cierto que voy con más prisa y que hay veces que no veo a alguien. Pero me encanta la gente y me gusta hablar con todos. No porque me interese políticamente o por generosidad. Es porque me gusta la gente desde siempre.

- ¿Aceptaría ser candidata a la alcaldía?

- Ni de alcaldesa, ni de presidenta, ni en un consejo de administración… No hay nada a lo que no podamos llegar las mujeres. (Risas)

- ¿Le haría ilusión?

- A cualquier ciudadano le haría ilusión ser alcalde de su gente, de su ciudad o de su pueblo. Nunca me lo he planteado porque he estado haciendo política en otros lugares. Aquí sería tan feliz haciendo política como en cualquier otro sitio.

- Se trataría de la primera mujer…

- Bueno, bueno… para ya. (Risas)

- ¿En Granada es más difícil que una mujer coja el bastón de mando que en otras ciudades?

- No lo creo. Granada es como el resto, lo que sucede es que a la gente le gusta echarle tópicos. Cada ciudad tiene sus cosas. En Granada no tenemos el carácter de los sevillanos pero ellos tampoco tienen el nuestro. Si me lo permites te diré que entiendo la malafollá como la búsqueda de un punto más.

- Pues debemos de ser muy torpes, porque siempre nos quedamos en un punto menos.

- A lo mejor los políticos tenemos que mojarnos un poquito más. Cuando hemos conseguido acuerdos, cuando no se ha perseguido al adversario político, se han conseguido muchas cosas.

- Dice que Granada es como las demás pero en pleno centro cinco manos saludan a la romana homenajeando al fascismo.

- Es que ahora mismo estamos gobernados por un grupo político con mayoría absoluta que hace una política muy de derechas. No me sonroja decirlo.

- Haré de abogado del diablo porque me toca. La estatua lleva ahí toda la vida y el PSOE no la ha quitado.

- Ha habido etapas en las que existió un cierto temor por parte de la izquierda a reivindicar la memoria. Yo siempre he estado en contra de esa postura. Me gusta recordar de dónde viene cada cual. Creo que nos hemos equivocado al no contar bien a los jóvenes lo que fue el franquismo. Ahora tenemos una buena oportunidad de quitar esos símbolos tan espantosos. Quien los quiere mantener es porque siente nostalgia.

- ¿Cuál ha sido su peor trago en política?

- Cuando tomé posesión de mi acta de diputada por primera vez. No fue un mal trago político, pero sí un momento doloroso que debía de haber sido alegre. Aquel día murió un compañero en un atentado.

- ¿Y el peor momento en su vida?

- La muerte de mis padres y cuando me detectaron un cáncer de mama no hace mucho. Fue en una revisión rutinaria. Al ver la mamografía la doctora me pidió que le llevara la anterior para compararla. Aquello ya me hizo temblar. Supe que pasaba algo extraño y al día siguiente recibí la noticia.

- ¿Supone una noticia así tanta angustia como se le intuye?

- No tanta. La angustia duró tres minutos. Después le dije a la ginecóloga que teníamos que luchar por acabar con el cáncer. Sentí mucho miedo y creo que mi familia lo pasó peor que yo. Es una experiencia que te marca para siempre.

- ¿Ha cambiado a consecuencia de ella?

- A mí me parece que no, aunque los que me rodean opinan lo contrario. Supongo que ahora me enfado menos y no le doy tanta importancia a las cosas que no la tienen. Al final lo importante es la vida, tanto la propia como la de los demás. Eso es lo fundamental y una enfermedad como esta te hace abrir los ojos en muchos sentidos.

- ¿Cree en Dios?

- No, pero no soy nada beligerante en ese sentido. Soy muy respetuosa. Eso sí, no respeto a los que no me respetan. Cuando la Iglesia hace unas declaraciones irrespetuosas hacia los que no piensan como ella no lo admito. Tengo compañeros practicantes que son leales a sus creencias sin perderme nunca el respecto. Actúan conforme a lo que dicen y eso siempre es admirable. Un buen cristiano tiene unos valores más parecidos a los míos de lo que muchos piensan.

- ¿Cómo soluciona la inquietud ante la muerte?

- No tengo solución. Siento mucha angustia con la muerte. Cuando alguien habla de ella le pido que cambien de conversación. La muerte me da pánico precisamente porque creo que se termina todo.

- Pues cambiemos de conversación, aunque sólo un poco. ¿Se está haciendo mayor?

- Todos nos acabamos haciendo mayores, claro que sí. Yo también, pero me sigo sintiendo muy bien con la gente joven. Me sigue gustando bailar, ir de marcha, acicalarme… Ya no me pongo minifalda pero me dan ganas.

- ¿Hay mucha distancia entre sus veinte años y su yo actual?

- Hay distancia de imagen pero no te creas que es tan negativa. A mí me gusta mucho cambiar de imagen, evolucionar y probar cosas. Cuando voy a la peluquería me reciben encantados porque conmigo pueden probar de todo. Por eso no es un drama crecer y que pasen los años.

- ¿Le ha influido mucho el hecho de ser mujer?

- Me ha influido. En la vida nadie se puede quitar de encima lo que es ni las circunstancias que tiene en su entorno. También me ha influido mi incapacidad, como me han influido mis padres. En mi vida la igualdad siempre ha sido una lucha constante y seguiré luchando por ella.

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