FERNANDO BAUDET
La entrada en vigor de la Ordenanza de Convivencia de Granada hace un par de días ya se deja sentir en las calles del centro de Granada.
En un rápido paseo por las calles aledañas a la Catedral puede comprobarse como se ha puesto en marcha la prohibición de pegada de carteles, panfletos y folletos sin autorización, en lugares como la Calle de la Cárcel Baja en su discurrir junto al templo granadino, donde una gran mancha blanca tapa una tradicional valla-reclamo de futuros conciertos y actuaciones en la ciudad.
Un poco más lejos, en la calle Trinidad, sólo quedan restos de antiguos carteles arrancados aunque ya más de uno se salta a la torera la prohibición con nuevos y flamantes carteles con menos de un día de antigüedad.
También se aprecia un considerable descenso en el número de vendedores ambulantes y artistas callejeros en los alrededores de la Catedral. Sólo alguna tradicional vendedora de romero se resiste a abandonar su negocio de desear buena suerte y buenos augurios a los turistas que merodean por el centro. "Hasta que no venga el alcalde a echarnos, nosotras de aqui no nos movemos", reconocía la señora secundada por sus compañeras de oficio.