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MATÍAS OCHOA La crisis ha incrementado los casos de ansiedad y depresión. Especialmente después del verano, cuando los ciudadanos han vuelto a la dura realidad tras el oasis estival. Lo aseguran médicos de familia y psicólogos privados consultados por La Opinión. "No es casual que haya un repunte, pasa en todas las épocas de recesión", aclara el galeno Miguel Melguizo, del centro de salud de Almanjáyar, una de las zonas más castigadas de Granada por la mala marcha económica.
Y agrega: "Estoy viendo situaciones dramáticas de gente a la que se le van a acabar las prestaciones de desempleo y temen por su futuro y el de su familia. Este desamparo social genera síntomas de depresión y ansiedad, con sus manifestaciones en forma de dolores de cabeza, palpitaciones, temblores, cansancio o indiferencia afectiva".
Melguizo estima que este tipo de casos ha aumentado hasta un 40% en su consulta, y puntualiza que los cabeza de familia son los más afectados. Una vez detectada la afección, el doctor, al igual que el resto de sus compañeros de la sanidad pública, suele recetar antidepresivos, sedantes o tranquilizantes para un tratamiento que se extiende al menos cuatro meses. "La clave está en fortalecer la autoestima y saber que no es un problema que le aqueja solamente a uno, sino que es generalizado", apunta.
El doctor Francisco Gallo, de la consulta Zaidín Sur, define estos cuadros clínicos provocados por la crisis como trastornos adaptativos; "venían trabajando desde hace muchos años, con una más o menos buena posición económica, y de repente se encuentra con un despido. Es una situación inédita a la que no estaban preparados".
Gallo afirma que muchos van por no poder conciliar el sueño y, "tirando de este problema, nos encontramos con el económico". El profesional asegura que además de prescribir fármacos les comenta a sus pacientes que existen otras opciones de ayuda, "como las técnicas de relajación". Su mayor preocupación son las personas que fueron despedidas cuando estaban a punto de jubilarse y de pronto se encuentran "mayores y sin expectativas"; "en estos casos, los trastornos pueden ser más serios".
El tema también está presente en el colectivo de psicólogos privados, aunque algunos han registrado un aumento de consultas y otros se mantienen igual que otras épocas. Lo que sí parecen estar de acuerdo es en el tratamiento; apuestan por la terapia psicológica para ir a la raíz del problema y utilizan los fármacos lo mínimo indispensable. "He notado un cambio tremendo, un repunte de los casos de ansiedad y depresión desde principios de octubre", afirma la licenciada en psicología Concepción Mediano, con consulta en la avenida de la Constitución.
"La frase que más escucho es ´estoy acabado´. Deben ver que hay salidas para todo y que la crisis afecta a todos por igual, no sólo a ellos". Muchos pacientes, además, le expresan su miedo a las navidades; "las fiestas influyen mucho en los estados de ánimo, es época de gastos excesivos, de querer corresponder a todo el mundo; a las personas inseguras les afecta más esta situación".
El psicólogo y gerente de los centros Alborán, Antonio Luis Maldonado, afirma que la preocupación por la crisis no sólo atañe a los parados sino también a funcionarios; "existe un mayor nivel de pesimismo". Por eso, Maldonado pide más recursos públicos para aumentar la presencia de psicólogos en hospitales y critica el abuso de la medicación en la sanidad.
"Se está fomentando una sociedad adicta a los fármacos. No puede ser que una persona vaya al médico de familia, le diga ´estoy triste´ y le manden un antidepresivo. A veces, tras un aparente problema existen otros igualmente importantes, como las relaciones de pareja o familiares. Todo ello se puede descubrir y tratar en una terapia psicológica, que no tiene efectos secundarios y que hasta resulta más barata".
Entre los privados existen psicólogos que piensan en positivo. Creen que la crisis puede sacar lo mejor de uno mismo y mejorar el nivel de satisfacción personal. "La recesión genera creatividad y descubre fortalezas que uno no sabía que tenía", recalca la psicóloga Patricia Ramírez, conocida por tener como paciente al marchador Paquillo Fernández. "El valor de lo material estaba desbordado. Ahora hay un freno a la hora de despilfarrar y eso nos ayuda a ver las cosas esenciales de la vida. La sociedad del bienestar se había preocupado de que la gente no sufriese en lo más mínimo. Y ahora aparecen emociones negativas de las que hay que aprender y que resultan necesarias para crecer como persona", dice, y añade que a los padres, "a quienes antes les costaba decir ´no´ a las peticiones de sus hijos, ahora justifican la negativa por la crisis".
Ramírez insiste en que la recesión "puede tener un lado positivo" y recuerda frases de Einstein, como "es en la crisis donde nace la inventiva,
los descubrimientos y las grandes estrategias" o "sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos".
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