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NOELIA M. ESTEBANÉ Las recetas artesanas, los productos hechos a mano, las verduras de la huerta o los huevos de granja. Todo lo que proviene de las zonas rurales denota, en definitiva, tiempo, sosiego y dedicación. Unas cualidades que escasean en las ciudades, mientras impregnan cualquier actividad desarrollada en los pueblos, incluida la sanidad.
Por ello, la médico que asiste a los vecinos de Quéntar, Dúdar y Tocón desde hace menos de un año ya lo tiene claro: "A mí me encanta estar aquí". Y es que Rocío Puente ha conseguido liberarse del estrés laboral, el anonimato de los pacientes y el excesivo grado de exigencia de los ciudadanos más urbanitas para pasar a regentar una consulta donde son las personas –y no el reloj– las que marcan los tiempos. "A la gente que viene al médico le gusta hablar, necesita hablar, y creo que es muy importante el tú a tú y la interacción con los pacientes", afirma la facultativa.
Tras casi dos décadas trabajando en un centro sanitario "bastante saturado" de la provincia, donde todo era muy mecánico, la profesional decidió cambiar de rumbo. Inicialmente, el principal incoveniente del traslado fue la distancia entre el lugar de trabajo y Granada –donde reside Rocío–, pero en los meses que lleva como médico rural, la tolerancia y flexibilidad de los vecinos se han convertido en el mayor gancho. "Los pacientes de los pueblos son totalmente distintos a los de las ciudades: están más relajados, no vienen agobiados por el tiempo y no son tan agresivos o exigentes como en las ciudades", comenta Rocío.
De hecho, los usuarios entran al consultorio , charlan sobre qué van a comer, comparten ´novedades´ del pueblo o comprueban si hay cola para hacer alguna gestión entretanto, sin ningún resoplido y con la confianza que da conocerse de toda la vida. Incluso algún vecino hace un descanso en las sillas de la sala de espera para después seguir en busca de su esposa.
"Aunque me ofrecieran ahora un puesto en la capital, no cambiaría mi trabajo aquí", sentencia Rocío, a pesar de los continuos viajes, la escasez de recursos propios o la saturación de trabajo.
La médico rural recorre todos los días el camino de su casa a Dúdar, donde permanece en la consulta de ocho a nueve de ma mañana y acude posteriormente a Quéntar hasta las dos de la tarde, salvo un miércoles de cada dos, cuando debe abrir la consulta en Tocón. Además, Rocío también debe trasladarse durante su horario de trabajo a los domicilios de los enfermos en caso de urgencia, sin que ello suponga una discusión con las personas citadas para esa hora. "En Dúdar y Tocón no hay teléfono en el consultorio así que me llaman al bar en situaciones graves", añade como anécdota Rocío, quien comparte el centro con una enfermera y un pediatra.
Ahora bien, no sólo las llamadas están limitadas en los consultorios de los pueblos. Por ejemplo, muchas de las pruebas deben remitirse a los centros sanitarios de la capital y la médico tiene que acudir a Cenes de la Vega para realizar una fotocopia.
"Aquí ejercemos de administrativos, telefonista y de médicos porque no hay personal, pero también es cierto que la carga de trabajo es menor que en las ciudades", confiesa Rocío, quien puntualiza que la medicina rural ha cambiado mucho y los facultativos de los pueblos tienen acceso a los medios técnicos al mismo tiempo que existe una "humanización de la sanidad que no se lleva en otros sitios".
Ahora bien, aunque Rocío se ha ´reconvertido´ a la medicina rural, entiende que el modo de vida no es apto para todos los facultativos, especialmente para la gente joven. "Cuando yo empecé a trabajar no se me hubiera ocurrido jamás venirme a un pueblo a ejercer porque yo quería estar en un centro grande donde pudiera aprender lo máximo posible y tratar cualquier tipo de problema", argumenta la profesional.
Pero Rocío agrega que, igual que los consultorios de las zonas rurales no son en general para jóvenes, tampoco para médicos muy mayores destinados a los pueblos antes de jubilarse, una realidad muy extendida. "Es una medicina muy especial y es esencial que te guste porque no todo el mundo aguantaría esto", confiesa la granadina, que junto a decenas de compañeros de profesión asiste sanitariamente a los más de 130 municipios de menos de 5.000 habitantes y sus anejos existentes en la provincia de Granada.
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