LA OPINIÓN
El artículo ‘La indefensión en los autos de ejecución en sentencia. Exceso de poder’ dedicaba perlas de todo tipo al presidente de la Audiencia Provincial, responsable igualmente de la Sección Tercera. Antonio Molina concluía una de sus reflexiones indicando que el tribunal presidido por José Requena “no sabía lo que tenía en las manos”. El auto de ejecución al que hacía referencia Molina estaba directamente relacionado con intereses económicos de su mujer. Así lo expone el presidente de la Audiencia en su escrito de queja: “[Antonio Molina] vio torcidas sus aspiraciones ante una resolución que él entiende desfavorable o, dicho de otro modo, y según sus propias palabras, que su esposa, como ejecutante, tenía ganada y que ahora no se ha cumplido o se ha cumplido con menor contenido económico del que creía asistirle”.
El ex magistrado emérito opinó que Requena hacía “una interpretación distorsionada” del fallo de la sentencia y llegó a poner en duda el proceso de reparto de la sentencia, lo que el presidente considera como una “acusación velada de prevaricación”. Molina puso en duda los conocimientos jurídicos de José Requena al reprocharle que “la confusión de términos es manifiesta” y la valoración de la prueba “errática”. Sobre la motivación del auto firmado por Requena dijo que “es indicativo de la falta de formación, del desconocimiento y de la incultura del juez que la dicta” y sobre la sospecha de imparcialidad añadió coletillas tales como “sin adentrarnos en senderos más perversos que las partes en su desamparo puedan imaginar”.