BELÉN LEZAMA
Pues sí. Un poquito de pase de lomo a nuestra, a menudo, maltrecha autoestima nunca viene mal. Que una siempre está por ello. Por eso disfruté algo más de lo habitual la jornada de ayer. Me gustó amanecer con un día soleado y comprobar cómo entre el bullicio rutinario y siempre nuevo de la mañana, se iban instalando las mesas para la cuestación anual de la Cruz Roja. Una operación que demuestra que, por muy mal rollo económico que se respire, siempre se puede tirar un poquito más de la solidaridad de los granadinos. Y me gustó atardecer con La Ventana de Andalucía de la Cadena Ser, que vino a realizarse desde el Museo de la Memoria de Andalucía del Centro Cultural CajaGranada, más concretamente, en todo lo alto de él, justo en el atractivo restaurante Tarteso que lo corona.
De la cuestación de la Cruz Rojo, qué les voy a contar. Que se trata de algo tan tradicional como imprescindible para cerrar capítulos que penden de esos varios miles de euros que entran uno a uno por las ranuras de las huchas. Que docenas de voluntarios, sobre todo voluntarias, se lían la manta a la cabeza desde primera hora del día, y asaltan con exquisita educación a cuanto transeunte circula cerca de sus puestos de mando. Que ahí está la vicepresidenta Maruja García Montero que, mano a mano con Nani, la señora del alcalde Pepe Torres, ocupa la mesa de la Plaza del Carmen dispuesta a no dejar pasar a nadie sin que aligere peso. En Correos, punto de encuentro de cualquier guiri que se precie, Luna Ruiz Rey, hija del director del establecimiento, comparte espacio con Carmen Sierra Morillas, digna heredera de su madre, ya desaparecida, Carmen Morillas, presidenta de la mesa durante décadas. En Cortefiel –otro sitio de quedar– la madre del presidente del PP provincial y concejal del Ayuntamiento de Granada, Sebastián Pérez, tiene mando en plaza. En Carrefour, la Asociación de Enfermos de Esclerósis Múltiple pone mesa en favor de la Cruz Roja, en correspondencia con la ayuda que recibe de ésta cuando llega la hora de su propia cuestación. Y en la plaza de Toros, Miguel Morcillo, uno de los pocos varones que osan meterse en este mundo curiosamente dominado por la féminas. Don Miguel y Antonio Arregui, de la Asociación Provincial de Mayores, son raras avis en esta antigua tradición. Y así hasta más de cuarenta mesas repartidas por calles y plazas de todos los barrios de Granada, que al final del día reúnen un capitalito que supone un ligero respiro para esa imprescindible institución que es la Cruz Roja. Y si no, que se lo pregunten a quienes acuden a ella.
Y les hablaba al principio de un agradable atardecer. Por el dial de la Ser me llegaba la voz acariciante de Carlos Cano y esa habanera que dice que "Granada es como una rosa más bonita que ninguna, que se duerme con el sol y florece con la luna". Luego oí cómo Agustín Martínez hacía una cariñosa y justa descripción de los tres invitados que el programa había elegido para contar cosas nuestras a toda Andalucía. El director del Parque de las Ciencias, Ernesto Páramo, padre genial de un museo fascinante, divertido, ameno y riguroso. El director de Relaciones Institucionales y Comunicación de CajaGranada, Diego Oliva, que con su profunda voz radiofónica –su pasado le delata– puso la nota optimista a estos aires depresivos que se respiran en materia financiera. Habló del más de noventa por ciento de ocupación hotelera que hemos contabilizado esta temporada, de los quinientos microcréditos concedidos, del poderío de su entidad ante posibles fusiones... Y Enrique Moratalla, director del Museo de la Memoria de Andalucía que alberga el Centro Cultural, que no pudo reprimir su personalidad poética al invitar a todo el mundo a mirarse en el espejo del museo que dirige para saber quiénes somos y por qué. Total, que desde lo alto del edificio, con vistas al Suspiro del Moro, a la Alhambra, al Veleta, a Sierra Elvira, a Alfacar, vamos, a todas partes, que para eso tiene el Tarteso los 365 grados libres de obstáculos, y con el Parque de las Ciencias y el futuro Palacio de la Opera a sus pies, te sentías como a gusto con la ciudad que pisas. Lo dicho: una inyección a la autoestima.