PILAR ARJONA
Las puertas de la antigua cárcel de Granada se cerraron ayer por última vez. Con la bajada de las banderas española y andaluza del mástil de la entrada principal, se puso fin a 75 años de historia de un edificio emblemático de la ciudad.
Ideadas por la penalista y penitencialista Victoria Kent, las instalaciones de la antigua prisión abrieron hace tres cuartos de siglo para atender las necesidades de la República. Estas dependencias eran, por aquella época, un edificio moderno, "como aquéllos que se hacían entonces", y sólido, pues "vemos cómo se mantiene todavía", expresó el director del centro penitenciario de Albolote, Nahum Álvarez Borja.
A pesar del paso del tiempo, aún se conserva ese patio de entrada con enormes ventanales verdes y consistentes rejas negras. Un lugar donde, recuerda Álvarez, tuvo lugar "el triste suceso de la muerte de dos guardias civiles". Y es que este centro ha sido testigo de diferentes etapas. Después de la República, "fue usurpado por la dictadura durante largos años, en los que hubo mucho hacinamiento, sobre todo, al principio". Ya en los últimos años fue descendiendo la población reclusa. Álvarez recordó que "vivimos también años intensos y muy tristes con la transición, con motines y conflictos en todos los centros penitenciarios y esta prisión tampoco se salvó de ellos".
Pero el edificio estaba quedando obsoleto "para la nueva idea del penitenciarismo español que se plasmó en la Ley Orgánica Penitenciaria de 1979, la primera basada en la Constitución". Por eso, se abrió en 1997 el nuevo centro provincial en Albolote. Eso obligó a la antigua cárcel a mantenerse desde entonces como un edificio reducido "porque se ocupaba sólo una parte como sección abierta donde cumplían condena internos en tercer grado". Hasta hace muy poco, cuando los últimos cien reclusos en este régimen pasaron a centros de inserción social.
Futuro. El último director de este edificio, Arturo Fernández, fue el encargado de cerrar por última vez las puertas del centro, que a partir de ahora tendrá un nuevo uso, que será el que decidan la Sociedad Estatal de Infraestructuras Penitenciarias y el Ayuntamiento de Granada, a cuya disposición pasa el edificio. La antigua cárcel puso ayer fin a 75 años en los que ha visto evolucionar "a la propia ciudad", como reconoció el subdelegado del Gobierno, Antonio Cruz. "Antes estaba a las afueras de Granada y ahora está muy centrado", dijo.
Los bomberos bajaron las banderas del mástil y los asistentes a este acto simbólico le brindaron un sentido aplauso. Uno de sus testigos directos, el escudo de la República ubicado en la puerta principal –declarado de interés histórico–, todavía podrá ser conservado y, al ser propiedad del Estado, se le buscará un lugar para que, éste sí, "pueda permanecer en los siglos venideros".