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HEMEROTECA » |
PILAR ARJONA Miles de granadinos de toda la provincia pasaron el día de ayer pendientes del tiempo, de ése que el año pasado les privó de ver a la patrona procesionar por las calles de la capital. Pero, esta vez sí, y aunque las nubes y los amagos de lluvia fueron una constante durante la mañana, la meteorología dio una tregua a la hora de la salida de la Virgen de las Angustias.
A las seis y media de la tarde, puntual a su cita con los devotos, cruzó la puerta de la basílica acompañada por miles de personas y al compás de la música de los tambores y del ruido de los cohetes. Allí, junto al templo, se encontraba la mayor aglomeración, a pesar de los nubarrones y de que éstos hicieron a más de uno quedarse en casa. Y es que el día amaneció nublado y con tintes de acabar en chaparrón.
A los puestos tradicionales de frutos secos, ´tortas de la Virgen´ y velas, ayer se sumaron los vendedores de paraguas. No es que hicieran mucha falta pues, previsores, los fieles ya los llevaban en la mano "por si acaso".
El cielo se despejó por la tarde, e incluso dejó aparecer algunos rayos de sol, lo que animó a los granadinos a acercarse a las calles del centro, donde no era posible dar un paso sin el ya típico grito del "¡Vamos a la vela!" Eso sí, este año adornado por la coletilla de "barata", que la crisis afecta a todos, y los fieles a la patrona tampoco están para tirar el dinero. Así, iban iniciando el recorrido procesional, para el que recogían los correspondientes conos que, no toda, pero sí algo de cera evitaban a la calzada.
Y mientras unos alumbraban y otros se descalzaban en señal de penitencia, los mayores, niños y quienes ya no podían más con sus piernas, pagaban sus seis euros correspondientes para sentarse en primera fila. Aunque algunos se hacían los despistados y, al paso del controlador, evitaban que se les cobrara y se levantaban en busca de un hueco entre la multitud o de una parada de autobús con un asiento vacío. Y, a falta de sitio, buenos eran los altos bordillos de la Gran Vía para hacer un descanso.
Los vecinos de las calles por las que pasaba la procesión tenían ´palco preferente´ en sus balcones, muchos de ellos adornados con banderas de España e imágenes de la patrona. Ayer todo el mundo quería tener un lugar privilegiado para ver a la Virgen de las Angustias, tal vez para compensar el encierro obligado del 2008. Y, ya puestos a pagar por un buen sitio, algunos preferían hacerlo tomándose unas cañas y unas tapas en las terrazas de la calle Ganivet o de la plaza de la Trinidad, que así la espera de la Virgen se hacía más amena y con menos sed o hambre.
La procesión partió desde la Carrera de la Virgen y pasó por la plaza Mariana Pineda y la calle Ganivet, para subir por Reyes Católicos hasta Gran Vía. Después, bajó por la calle Cárcel Baja hasta la plaza de las Pasiegas y Marqués de Gerona, para volver unos pasos por Mesones y bordear la plaza de la Trinidad. Finalmente, recorrió Alhóndiga y regresó a la Acera del Darro, para terminar de nuevo en el templo. Y fue precisamente en este último tramo donde la organización perdió el control de la fila, y la gente se olvidó del orden para tener que mirar de reojo y evitar que el traje nuevo acabara lleno de cera.
El camino de la cera. "¡Espera, que esto se ha apagado!". Era la frase común entre la mayoría de los que iban alumbrando. Y es que el viento no fue del todo benévolo con el día de la patrona. Más de uno aprovechaba los parones en la hilera para encender las velas por enésima vez. Quizá por eso, lo de los conos no fue del todo efectivo y, aunque el área de Mantenimiento repartió 20.000, se podía seguir el paso de la fila por el camino de la cera.
Era uno de los estribillos del día. Junto a los del "¡Vamos a la vela barata!" o "¡Tengo acerolas, qué ricas!". Unos cánticos ya tradicionales cada último domingo de septiembre. Y es que ningún granadino está al margen de la procesión de la patrona. O sí. Porque todavía algunos se preguntaban por qué el tráfico estaba cortado y hasta hubo quien se quejó porque tenía el coche en un parking del centro de la ciudad y ya no podía sacarlo de allí hasta que no se encerrara la imagen.
Y eso ocurrió pasadas las once y media de la noche. Porque, este año sí, la lluvia respetó el día grande de la patrona y le permitió recorrer las calles de la capital para regocijo de miles de devotos de toda la provincia.
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