M.J.S
Los expertos sanitarios del país no albergan dudas sobre los beneficios que sobre la salud tendrá la extensión de la ley antitabaco. La ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, ha situado recientemente el número de muertes anuales en el país a consecuencia de este hábito en 55.000.
La ley que aprobó Sanidad en 2006 vino acompañada de una serie de planes para ayudar a aquellos que estuvieran dispuestos a que el tabaco formara parte de su pasado. Alberto José Ruiz Maresca, técnico del Plan Integral de Tabaquismo de Andalucía (PITA) en el Distrito Sanitario de Granada, asegura que medidas como la subida de impuestos o las restricciones para fumar en determinados espacios son las que más incidencia tienen a la hora de que los ciudadanos se decidan a abandonar el hábito.
"La nueva ley antitabaco no es más que la prolongación de la norma anterior", explica Ruiz, quien advierte de que el humo del tabaco es el causante de numerosas enfermedades respiratorias y decesos prematuros.
"El humo de un cigarrillo es un cancerígeno de tipo A, es decir, una sustancia cancerígena sin capacidad de control. Su nivel de seguridad se ha legislado a la mitad, aunque con la primera ley se dio un gran paso", señala.
La prohibición de fumar en los locales de ocio, según el técnico del PITA, no se ha cumplido de forma efectiva y añade que la nueva norma "no va en contra de los fumadores, sino de la nocividad del tabaco".
Ruiz recuerda que para los que deseen dejar el hábito la Consejería de Salud dispone de una serie de mecanismos como las Unidades de apoyo a las personas fumadoras, pero lo más importante, incide, es acudir al médico de Atención Primaria.
Será el facultativo el que indique al fumador cuáles son los pasos que debe seguir para cumplir con el objetivo de dejar su adicción. "Hemos constatado que 150 días después de asistir a las unidades de apoyo a los fumadores, sus integrantes no han vuelto a probar un cigarrillo", comenta.
Estadísticas. Los datos hablan por sí solos: hace casi cuatro años la puesta en marcha de la nueva ley antitabaco ocasionó que creciera de forma exponencial el número de fumadores que se decidieron a seguir alguno de los planes propuestos por sanidad, según Ruiz, quien puntualiza que el tabaquismo es "una enfermedad, una conducta adictiva y no un hábito".
Recuerda que esta "enfermedad" es el principal problema de salud pública de Andalucía y añade que no es únicamente una cuestión legal, sino un tema de concienciación social, que requiere de un "cambio de sensibilidades".