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MARÍA JOSÉ SEGURA Una sociedad bien informada es capaz de desechar falsos mitos que pueden conducir a sus integrantes a una situación de miedo permanente. Los datos contradictorios –unos alarmistas y otros, tranquilizadores– sobre la gripe A han generado confusión entre los ciudadanos. Uno de los grupos en los que la incertidumbre ha reinado desde que se conocieron los primeros casos de afectados en España han sido los niños. A diferencia de la cepa común, las cifras hablan de que los grupos de riesgo han cambiado y el virus A/H1N1, ataca a los más jóvenes.
El curso escolar comenzó hace una semana. El Ministerio de Sanidad abogó por no cerrar ningún centro educativo, aunque la enfermedad vírica se propagase por las aulas. ¿Cuáles fueron los motivos que llevaron al Gobierno a adoptar esta medida? Para explicar los pormenores de la infección la Consejería andaluza de Educación, en colaboración con la de Salud, decidió iniciar una campaña informativa en los centros, que ya ha pasado por varios colegios de la capital.
El director del centro de salud Fortuny Velutti, Francisco Peregrina, es uno de los enfermeros encargados de impartir las charlas a docentes, padres y demás trabajadores de los colegios. Durante quince minutos Peregrina, acompañado en ocasiones por otro sanitario, expone a los asistentes en qué consiste la gripe A; cuáles son los métodos de prevención más efectivos y qué tratamiento debe seguirse para combatirla.
“Les decimos que se trata de una enfermedad vírica que se llama gripe A. Les recomendamos reforzar las medidas higiénicas básicas”, comenta Peregrina, para quien la limpieza en las aulas, lavarse las manos con frecuencia y no compartir vasos o cubiertos en los comedores han de ser prácticas habituales, que no deben adoptarse sólo por la previsible expansión de la gripe A.
Al término de la introducción se abre un turno de preguntas: llega el momento de que padres, maestros y demás empleados –sobe todo, los de los comedores escolares– despejen sus principales dudas sobre la nueva enfermedad. Peregrina indica que una de las cuestiones que le plantean los docentes con mayor frecuencia es qué hacer si detectan a un niño con síntomas en su clase. “Los maestros deben avisar a los padres, que, tras consultar con el pediatra o el médico de Atención Primaria, sabrán qué tienen que hacer”, señala.
Si el alumno regresa a los pocos días de haber enfermado, tampoco debe cundir el miedo, explica el enfermero, si al niño le han desaparecido los síntomas y presenta un buen estado de salud. Cuando sea el maestro el que comience a sentirse mal, también tendrá que ausentarse del centro.
La comunidad educativa parece mostrarse tranquila y, según Peregrina, entre sus interrogantes más frecuentes no se halla la vacuna. Las reuniones en Primaria han finalizado esta semana, la próxima, le tocará el turno a los alumnos mayores, los de Secundaria. “Es fundamental transmitir un mensaje de tranquilidad a la comunidad educativa, después de la alarma mediática que se ha creado”, subraya el experto y puntualiza que todos los años surgen problemas virales. Ante estas situaciones, asegura el director del centro de salud granadino, “lo importante es que el profesional sepa responder”.
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