NOELIA M. ESTEBANÉ
Ni la crisis, ni la acertada alerta naranja por tormentas consiguieron ayer mermar la devoción de los granadinos por su patrona, la Virgen de las Angustias. Miles de ciudadanos y decenas de instituciones se acercaron, como cada año, a la Carrera de la Virgen para depositar un ramo de flores en la puerta de la Basílica.
Eso sí, la ofrenda floral se hizo esperar y hasta que no paró el chaparrón que azotó ayer la ciudad a mediodía los horquilleros estuvieron a bajo rendimiento. De ahí, que a partir de las seis de la tarde –cuando se inició el acto oficial– comenzó a formarse una interminable cola de devotos que daba la vuelta a la manzana. Todos esperaban su turno para dar las gracias a la Virgen y mostrar sus ruegos para el próximo año. "Yo vengo todos los años y no siempre se pide, aunque en esta ocasión rogaré por un hermano enfermo", explicó Antonia, una de las participantes en el festejo, a quien no le importó esperar varias horas para hacer su ofrenda, mientras las entidades públicas realizaban las suyas.
Fueron los miembros de la Hermandad los que abrieron la procesión de flores, seguidos por el arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, quien pidió "para aquellos que no tienen o han perdido el trabajo en esta época de crisis económica". Después, los miembros de la Corporación municipal, el Madoc, los Cuerpos de Seguridad del Estado de Granada, varios colegios y otras tantas empresas hicieron lo propio.
Sin embargo, el momento más esperado se produjo con la llegada de los Bomberos y su peculiar ofrenda. Con un camión escalera, el jefe del Cuerpo granadino, Manuel Salas, subió hasta lo más alto de la fachada para sustituir, como ya es tradición, el ramo depositado el pasado año por uno nuevo. Ahora bien, no estuvo solo y junto a él se elevó un atrevido Eduardo Moral, concejal de Protección Ciudadana.
También por los aires llegó la segunda gran escena de la celebración: un helicóptero de la base aérea de Armilla arrojó sacos de flores, cubriendo de pétalos a los presentes (algunos menos que en ediciones anteriores). Al final, en torno a las diez de la noche, los más de cien metros cuadrados de los paneles ubicados en la puerta de la iglesia lucieron un frondoso manto de colores, aunque se percibió cierto ahorro en el tipo de flores.
Concluido el acto, se reabrió el tráfico en la Carrera de la Virgen y la Acera del Darro, que permaneció cortado por la tarde sin que causara embotellamientos de importancia.