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HEMEROTECA » |
LORENA MORENO En la aduana ceutí no se percibe excesivo movimiento, pero con 98 kilos de hachís camuflados en el coche lo más prudente es no relajar la guardia, piensan las dos mujeres que transportan la carga, a las que los ´cacheos´ aleatorios de personas que, como ellas, se han ´bajado al moro´, comienzan a poner nerviosas. Los persistentes ladridos de los perros al acercarse al auto alertan a la Benemérita.
–¿Lleva algo?–interroga un Guardia Civil, inclinándose sobre la ventanilla. El miedo golpea la sien de la conductora.
–¿A qué se refiere?–consigue balbucear, haciendo acopio de una mal disimulada serenidad.
–Aparquen el coche ahí –ordena el agente, señalando un lateral.
La espera, ya fuera del vehículo, se hace interminable. "Contemplas cómo pesan la droga una vez hallada y, previamente, presencias su búsqueda mientras desvalijan el coche", recuerda Mercedes, la granadina que lo conducía y que, por temor a represalias, prefiere mantener oculta su identidad bajo seudónimo. "En esos momentos –narra– te invade un cúmulo de sentimientos, pero sobre todo miedo, mucho miedo y hasta esperanza. Si no soy mala, piensas, no lo he hecho nunca", recuerda Mercedes, que actualmente cumple el tercer grado penitenciario por este episodio de su vida.
Las circunstancias que la llevaron a protagonizar su particular ´María llena eres de gracia´ (la película sobre una joven colombiana que hace de ´mula´ para pasar droga a EEUU) parecen seguir el guión de una ficción cinematográfica, situándola en la piel de una actriz en escena y sin libreto. En este caso, sin embargo, los ´narcos´ que la amedrentaron para traficar con hachís desde Marruecos eran reales y nadie la sacó al grito de "¡corten!", como en el filme, de una realidad que la eligió sin pedir permiso.
Su vida comenzó a superar la ficción tras conocer a su segunda pareja, confiesa. "Estaba divorciada y con un niño cuando nos enamoramos. Me quedé embarazada pronto", relata, consciente ahora de que ´tropezar´ con ese hombre desencadenaría consecuencias insospechadas en aquel momento.
"Al principio era extremadamente protector, pero empezó a cambiar y descubrí que consumía cocaína", sugiere viajando a un pasado al que sólo le gusta mirar "para ver que he estado peor". La primera paliza no tardó en llegar. "La recuerdo con detalle, eso no se borra nunca, no me hace falta ver las cicatrices", sostiene.
Él había regresado a su casa "después de tres días desaparecido por una discusión". "Me exigió que despertase a nuestra hija recién nacida, que estaba durmiendo la siesta" –eran las cuatro de la tarde, recuerda–. Su negativa tuvo por respuesta "una hostia" que la lanzó "contra la ventana". "Me destrozó la encía", aclara llevándose la mano a los labios. Mientras le propinaba severos golpes "no sentía miedo. El miedo viene después de la paliza. En esos momentos lo que sientes es impotencia, rabia".
Aquel primer maltrato inició una espiral de denuncias y "un incalculable número de oportunidades" después de insistentes promesas de cambio que siempre se rompían con nuevos puñetazos.
El círculo vicioso llegó a su punto álgido cuando se trasladaron al pueblo granadino en el que residía su madre. "Mi vida anterior había sido un lujo en comparación con la pesadilla que me tocaba en ese momento", recalca. "Desaparecía varios días y no trabajaba. Incluso pensé que tenía otra mujer, ignorante de mí. Ojalá hubiera sido eso, ojalá". "Había conocido a doña heroína, como descubrí por sus manos negras de la plata, su olor agravado y los persistentes vómitos y diarreas a consecuencia del ´mono´. Trataba inútilmente de ayudarlo, mientras él me echaba la culpa de todo. Su adicción fue a más y los malos tratos también", relata Mercedes, disuadida en incontables ocasiones de abandonarlo "por sus amenazas de suicidio y de muerte". Una "brutal paliza" la convenció de que debía dejar atrás su destructiva relación. Decidió trasladarse a una nueva vivienda en otro pueblo de la provincia, donde consiguió un nuevo trabajo y sus "primeros nueve meses de paz".
"Entonces recibí la visita de un hombre que me reclamaba 42.000 euros que le adeudaba mi ex pareja. ´Sé donde vive tu familia y el colegio al que van tus hijos´, fueron sus palabras tras explicarme en un tono parecido lo que pasaría si acudía la policía", señala Mercedes.
A la fuga. El extraño era un sicario "de una banda de narcotraficantes que opera en Granada". La ex pareja de Mercedes "era uno de sus camellos, pero se fugó con la mercancía", dejando las señas de su novia como aval por si surgía algún inconveniente. "Nunca he consumido drogas. Para tomarme un paracetamol tengo que estar muriéndome. Pero decidí ´bajarme al moro´ para saldar la deuda. Ellos no creían que no estuviera implicada en el robo y si denuncias, firmas automáticamente tu sentencia de defunción y la de los tuyos", explica Mercedes, que elude dar más detalles por "pánico". "Ahora me arrepiento de la opción que escogí", subraya esta granadina, que lejos de eximirse de culpas reconoce que cometió "un delito" por el que ha pagado. "Ésa no era la salida porque allí dentro [en la cárcel] lo pierdes todo, eres un número sin identidad", admite, consciente de que nunca se quitará el estigma de ex presidiaria. "Estar entre rejas te marca para toda la vida. Pierdes muchas oportunidades, sobre todo, de trabajo", lamenta, maldiciendo "la tendencia humana a juzgar alegremente".
Pese a los cuatro años de condena, da "gracias a Dios" –al que se ha acercado ante "la necesidad de mirar para arriba, al cielo, donde no hay muros, ni rejas"– por la gente que le ha "devuelto la libertad". "Mi madre, que es lo más sagrado, mis hermanos y algunos concejales del pueblo en el que vivo lograron que me concedieran el tercer grado".
Previamente sufrió el periodo "más duro" de su existencia. "Cuando te colocan las esposas, que son increíblemente pesadas o quizás esa fuera mi percepción, el mundo se te cae encima. Dicen que cuando te estás muriendo pasa toda tu vida por delante, pero en ese momento también", insinúa.
El primer día "contaba las horas, una dos, tres, cuatro... y no podía creer que las otras sonrieran. Intentas hacerte a la idea, pero no lo crees, es una pesadilla y sólo esperas que termine", relata. Comenzó así su interminable condena, llena de rutinas cíclicas entre el patio, el comedor y su ´chabolo´–su celda–, "en las que echaba de menos todo en el sentido amplio de la palabra. Te acuestas por las noches llorando por un beso, por una mirada de tus hijos o un abrazo de tu madre".
Rehusó su primera llamada de teléfono "por vergüenza". Su madre –sostiene– "no se merecía eso". A la semana reunió valor para hablarle. "Por qué, me preguntaba. Por dinero, le respondía. Hasta que no salí, no supo la verdad".
También optó por "la mentira piadosa" para salvaguardar la inocencia de sus pequeños. "En nuestro primer encuentro les dije que aquel era el hotel en el que trabajaba. Ya en el segundo encuentro mi hijo, de diez años, me preguntó si era un alojamiento o una cárcel. Cuando le pregunté que por qué pensaba eso me respondió que había una torre de control como la de ´Prision Break´", parafrasea Mercedes, que nunca olvidará la contundente contestación de su "hombrecito" cuando supo la verdad. "Eres mi madre y siempre lo serás, hagas lo que hagas, me dijo. Nunca me ha juzgado, ni permitirá que lo hagan", apunta Mercedes, sin contener ya las lágrimas que han aflorado durante la conversación.
Tras su paso por tres centros penitenciarios en 17 meses, la realidad le devolvió "parte" de lo que le había robado al brindarle la oportunidad de conocer a su actual pareja, con el que comenzó una "bonita amistad". Aunque está "amenazada de muerte" por su ex pareja, que ha logrado localizarla, ha "retomado" su vida tras recobrar su libertad, encontrar un trabajo y volver con sus hijos.
"Los primeros días, después de salir de la cárcel, me sentía feliz y caminaba para que me mojara la lluvia. Miraba las hojas secas embobada. Cuando estaba dentro me aficioné a ver ´Callejeros´ y siempre pensaba ¿cuándo pisaré la calle y podré estar con mis hijos?", rememora.
En ese tiempo ha aprendido, confiesa, que "la vida en nada se parece a las películas". Aunque las cosas que le han sucedido superan con creces la ficción.
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