P. ESCRIBANO
Ana María R. P., una mujer indemnizada con 300 euros después de que un cajero automático se ´tragara´ su tarjeta de crédito, piensa reclamar nuevos daños y perjuicios a la sucursal del BBVA en la Plaza del Carmen, esta vez por cancelar una cuenta a su nombre "de manera injusta y arbitraria".Tras compensar económicamente a esta mujer –después de pasar cinco meses reclamando–, el director de la entidad financiera le remitió un burofax el pasado 30 de julio para notificarle "la voluntad de proceder a la cancelación de la cuenta", al amparo de una cláusula del contrato. Además, el banco manifiesta que "dejará de devengar intereses a favor de los titulares".
Ante la contundencia de la misiva, la afectada remitió otro escrito al BBVA para solicitar una copia del contrato y comprobar así la veracidad de la cláusula. No obstante, tilda de "contradictoria", "drástica" e "impropia" la decisión "unilateral" del banco de cancelar una cuenta corriente con más de 25 años de antigüedad.
"En caso de no existir la cláusula –advierte Ana María– procederé a exigirle daños y perjuicios por incumplimiento contractual", para lo que no dudará en acudir a los tribunales e "interponer una demanda".
Antecedentes. Esta vecina de Órgiva recibió hace unas semanas el dinero de la indemnización, que ingresaron en su cuenta del BBVA. Previamente tuvo que presentar cuatro escritos de reclamación, en los que narraba su "profundo malestar e impotencia" por perder la tarjeta en el cajero y tener que volverse a su pueblo sin dinero.
El periplo de Ana María, que ya ha saltado a las páginas de internet sobre derechos de los consumidores, comenzó en enero, cuando acudió a la capital con unos amigos. Al intentar sacar dinero de un cajero de la carrera del Genil, éste se quedó con su visa. Dos semanas después la oficina donde tenía la cuenta le comunicó que su tarjeta de crédito estaba "caducada" y no la indemnizarían.
En otra carta, la mujer recordó al banco que su visa se renovaba automáticamente cada mes de julio y, poco después, el servicio de atención al cliente del banco le informó que habían ordenado a la sucursal de la plaza del Carmen que le abonasen en cuenta los 300 euros. Para ello le pedían que se presentara en el banco y firmara un papel de conformidad, pero su trabajo como profesora en Órgiva le impedía acudir en horario de oficina a rubricar el documento.
Por otra parte, el director de la entidad le envió un contrato para abrir una nueva cuenta donde se haría efectivo el dinero, lo que originó un nuevo enfado de Ana María, que ahora piensa demandar al banco por "incumplimiento contractual.