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NOELIA M. ESTEBANÉ
Poder sentarse en una terraza es una de las principales razones para que los clientes de bares y restaurantes de Granada elijan un establecimiento u otro, especialmente durante los meses de buen tiempo. Por ello, la mayoría de los hosteleros de la ciudad prefieren abonar las altas tasas municipales antes que prescindir de las mesas al aire libre. "La terraza compensa algo porque da más vida al negocio y acude más gente", asegura Santiago Madrid, el propietario de la cafetería ubicada en la esquina de la calle San Juan de Dios con San Jerónimo.
Sin embargo, el incremento de la tasa por ocupación de la vía pública con veladores no ha sentado nada bien a los empresarios del sector, quienes consideran abusivas las tarifas granadinas. Eso sí, no muchos se extrañan de que la capital sea la más cara de Andalucía y esté por encima de Madrid o Barcelona.
Aprovechamiento. En este sentido, los propietarios de los bares y restaurantes critican el afán recaudatorio del Gobierno local en época de crisis. "Si el año pasado facturabas 2.000 euros, por ejemplo, éste hemos conseguido la mitad, pero los impuestos se multiplican", denuncia Carolina Díaz, la dueña del Restaurante Alhambra, en la céntrica plaza Bibrrambla.
No obstante, la mayoría de los empresarios coincide en la necesidad de habilitar veladores en la vía pública. "Si no pones la terraza es peor, porque reduces el número de mesas y entra menos gente", asegura otro restaurador del centro de Granada. "A la gente le gusta estar en la calle y esto lo sabe el Ayuntamiento", apostilla María Dolores González, la propietaria de Nuevo Restaurante, en la calle Navas.
Sin terrazas en 2010. Debido a la presión fiscal municipal, algunos propietarios estudiarán detalladamente si les merece la pena instalar la terraza. "Pagamos 1.500 euros por cuatro mesas durante cuatro meses, así que tendremos que ver si nos resulta rentable mantener la terraza", comenta el encargado del bar Pasta Gansa, en la calle Madre Riquelme, catalogada como de segunda categoría.
Además, el sector terciario afirma que se producen desigualdades a la hora de conceder las terrazas. "Al bar de enfrente le conceden los mismos metros que a mí pero el doble de mesas", lamenta María, propietaria de un bar de la calle Abenamar, quien recuerda que si el Ayuntamiento aprueba la instalación de un contenedor o una obra en la zona de la terraza, el local tiene que desplazar los veladores o directamente eliminarlos "sin que devuelvan el dinero de la tasa, a causa de una cláusula del contrato de concesión".
Tampoco el callejero fiscal convence a todos los hosteleros. "Se supone que estamos en una calle de primera categoría y nos cobran como tal, pero a la hora de limpiar somos de tercera o cuarta clase", aclara el dueño de una cafetería de San Juan de Dios.
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