L.O.
Desde su llegada en 2003 en sustitución de Antonio Cañizares, el actual arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, ha encadenado un escándalo tras otro debido a sus controvertidas decisiones y pronunciamientos públicos. Cañizares también se había caracterizado hasta entonces por defender posturas conservadoras, pero su sucesor le ha superado con creces en ese terreno.
En alguna de esas declaraciones, el prelado llegó a solicitar a los sacerdotes y monjas un "ejercicio de caridad" y les reclamaba una aportación "fija" ante la "escasa colaboración económica de los fieles". Martínez planteó incluso que parte de los ingresos que se destinaban a las misiones se desviara para sostener la vida de la iglesia diocesana y sus necesidades. Aquel escrito dirigido a las comunidades religiosas en diciembre de 2007 suscitó cierto malestar en algunos círculos de la Iglesia.
Por el contenido de dicha carta, que en su día reprodujo La Opinión, se deducía al menos que la diócesis granadina, si no estaba en crisis en aquel momento, sí atravesaba dificultades económicas.
Gestión. Sin embargo, su gestión al frente de la archidiócesis de Granada no parece que haya sido un ejemplo de austeridad. Los costosos proyectos iniciados por el arzobispo han disparado la deuda por encima de los nueve millones de euros, según confirman fuentes de absoluta solvencia.
El último de sus proyectos tiene que ver con la nueva Escuela Universitaria de Magisterio La Inmaculada, que se construirá en Almanjáyar gracias al préstamo hipotecario a 25 años de 19,5 millones de euros que ha concedido el Banco Popular.
El Vaticano ha aprobado la operación después de que también lo hicieran los órganos internos de la diócesis, que dieron su apoyo a la propuesta de Martínez para que fuera una fundación de nueva creación la que avalara y gestionara con posterioridad la futura escuela.
Hasta ahora el Arzobispado venía alquilando a bajo precio los locales del Ave María donde se imparten las clases en la actual Escuela Universitaria La Inmaculada, un centro adscrito a la Universidad de Granada –que es la que otorga las titulaciones oficiales– si bien la titula
ridad la ostenta la archidiócesis al ser una institución autónoma.
A ello se suman los centros de estudios que, de forma paralela, Martínez ha impulsado en los últimos años, con el consiguiente desembolso económico en contratación de personal, por lo general afín a los movimientos más conservadores de la Iglesia. Algunas fuentes sostienen que, en su obsesión por controlar la formación tras la crisis abierta en su día con la Facultad de Teología, la Diócesis granadina destina en torno a 300.000 al año para pagar a los 60 profesores que imparten clases o ofrecen conferencias y seminarios.
En algunos círculos religiosos no se ve con buenos ojos los gastos "excesivos" de la diócesis de Granada. El propio arzobispo ha incrementado los gastos de personal a su servicio pese a los llamamientos públicos a la austeridad que él mismo ha dirigido a los fieles. Martínez, en su última homilía del miércoles de ceniza y ante la crudeza de la crisis económica, invitó a reducir gastos –"para compartir con otros"– a los fieles, los mismos que tiempo atrás no eran lo suficientemente generosos a la hora de colaborar con sus donativos a la iglesia.