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HEMEROTECA » |
LA OPINIÓN Juan Ruiz se acerca a la mesa con mayor entusiasmo del acostumbrado. El plato no le anuncia un menú diferente al esperado pero tampoco es una comida cualquiera. Lo dicen las guirnaldas y banderillas que colorean el patio mientras los altavoces radian la canción del verano y la brisa le da otro aire al almuerzo de un martes estival. Porque el espíritu de las vacaciones también invade la residencia Rodríguez Penalva de la Diputación de Granada, donde casi un centenar de usuarios disfrutan de un completo y heterogéneo programa de actividades pensadas para disfrutar del verano en la propia casa.
Los profesionales del centro, ubicado en el término municipal de Huéscar, han ideado durante los meses de julio, agosto y septiembre una serie de comidas sociales en las instalaciones exteriores para que los mayores cambien su rutina, incrementen la estimulación sensorial a través del ambiente exterior y así "mejoren su ánimo y calidad de vida", explica la diputada de Centros Sociales, María Dolores López, para quien ésta y otras actividades similares –como las visitas a municipios de los alrededores o el cuidado de plantas en el huerto y de animales de corral– persiguen que los usuarios "no pierdan el contacto con la naturaleza y con el ambiente de campo al que han estado acostumbrados durante toda su vida, puesto que la mayoría proceden de localidades rurales donde han desempeñados tareas agrícolas y ganaderas".
El objetivo de los profesionales es, en este sentido, "que los mayores se sientan lo más a gusto posible y como si estuvieran en su propia casa o pueblo", añade la diputada.
Por ello, al margen de las comidas al aire libre durante el período estival, el centro también organiza otras de carácter permanente durante el resto del año. Por ejemplo, los usuarios que así lo desean se hacen cargo del cuidado de animales de corral como gallinas y conejos. El hecho de que se responsabilicen de su limpieza y alimentación se convierte en una excelente terapia ocupacional, puesto que contribuye a que mantengan su autonomía, mejoren su autoestima y estimulen sus funciones cognitivas como la memoria o la orientación, según explican los terapeutas y trabajadores sociales de la residencia.
Además, el producto que resulta de esta actividad de cuidado y cría de animales (huevos, conejos y gallinas) también beneficia económicamente a los usuarios, ya que las ganancias que se obtienen de la venta de dichos productos se reparten luego entre las personas mayores que han decidido voluntariamente participar.
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