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JAIME MARTÍN "¡Este tomate sabe a tomate!" La afirmación no es gratuita y cualquiera la puede haber esgrimido al probar un producto ecológico, aún sin saberlo. Ya sea en una gran ciudad o en una capital de provincia, las verduras y hortalizas han dejado de tener sus característicos sabores, y ahora las ensaladas muestran un pulcro aspecto tras el plástico, una imagen saludable que se aleja mucho de la realidad. El uso de agentes químicos para asegurar el rendimiento de las cosechas, y la creciente implantación de organismos manipulados genéticamente han encendido las alarmas en consumidores y productores, que cada día más, comienzan a valorar la agricultura ecológica como una alternativa razonable.
En 2008 existían en España más de 1.300.000 hectáreas de cultivos ecológicos, un 33% más que el año anterior, según la Sociedad Española de Agricultura Ecológica (SEAE). Cereales, frutos secos y vid son las principales ramas por las que se mueve este tipo de agricultura, que cuenta con Andalucía como principal defensor, con alrededor de 750.000 hectáreas ecológicas, un 60% el total nacional. Detrás de todas estas cifras espera el verdadero valor de la agricultura ecológica: un cultivo natural que es sostenible y respetuoso con el medio ambiente, que aprovecha de manera eficaz los recursos naturales para conservar la fertilidad de los suelos, y que, por supuesto, está libre de pesticidas u otros químicos que pueden resultar perjudiciales para la salud.
La concienciación de productores y consumidores va ganando terreno día a día a los que mantienen que la agricultura tradicional es la única opción. "Es un sector emergente, pero aún falta mucho en cuanto a consumo", aclara el portavoz de SEAE, Víctor Gonzálvez, quien añade que pese a ser el primer productor europeo, España consume un porcentaje ínfimo de lo que cultiva. Se hace necesaria una reeducación no sólo por parte del público, que cada vez es más asiduo a eco-tiendas, sino por parte del agricultor, "al que se le ofrece una ventana muy interesante si sabe conducir la producción ecológica. Hay que cambiar el chip", asegura a su vez César de la Cruz, coordinador de BioCastril, una asociación que agrupa a productores y consumidores de las comarcas de Huéscar, Baza y Guadix, que han desterrado los productos procesados para abrazar la alimentación ecológica.
Situado en el altiplano de Granada, en una zona orográfica compleja pero privilegiada, con el Parque Natural de la Sierra de Castril como joya inalterable, se encuentra uno de los pueblos con mayor preocupación e iniciativa ecológica. A pesar de no contar con una de las mayores extensiones de terreno ecológico cultivado, como pueblos vecinos con una mayor población, Castril se ha puesto manos a la obra y desde iniciativas como la asociación BioCastril o la más recientemente creada Sociedad Cooperativa Andaluza ´Ecoaltiplano´, la producción ecológica no sólo continúa, sino que se diversifica hacia otro tipo de productos y, lo que es más importante, fija sus raíces en las generaciones más jóvenes, las llamadas a tomar el testigo y normalizar la producción y comercialización de productos naturales libres de agentes químicos.
BioCastril nació en el año 2006 como respuesta a las primeras experiencias en agricultura ecológica que se sucedieron a lo largo de los años 90, las cuales se desarrollaron de forma desestructurada aunque consiguieron allanar el camino para posteriores intentos. Lo aprendido en esos primeros años de esfuerzo ecológico, unido a "la necesidad de compatibilizar el Parque Natural con las actividades agrícolas, ganaderas y empresariales del restos del municipio", como dicen desde la asociación, fue el germen de BioCastril, que actualmente intenta encauzar los dictámenes de las Consejerías de Agricultura y Medio Ambiente, que ya en el año 2003 establecieron las bases para el desarrollo sostenible en el municipio, a través de la llamada agroecología.
Castril ha conseguido establecer un desarrollo ecológico fuerte a través de la comercialización de sus productos mediante el uso de canales cortos como, por ejemplo, el BioPunto, un puesto de venta emplazado en los mercadillos de pueblo de la comarca de Huéscar y que, si todo va bien, pronto se extenderá a Baza y Guadix. Tampoco se quedan atrás propuestas como ´Alimentos ecológicos para escolares andaluces´, que abastece de productos naturales a ochos colegios y dos guarderías de la provincia, centros en los que también se hacen presentaciones y charlas sobre producción ecológica y cuidado del medio ambiente, que van dirigidas tanto a los pequeños, como a los profesores y padres, que son, en definitiva, los que cogen la cesta a la hora de la compra. Degustaciones de productos ecológicos, rutas culturales y ambientales en Castril, el apoyo a investigaciones universitarias, proyectos fin de carrera y de postgrado relacionados con la agroecología, son también otras de las puntas de lanza que mantiene activa la asociación, siempre con el auspicio del Ayuntamiento de Castril y de la Consejería de Agricultura y Pesca.
Uno de los primeros en fijarse en el potencial de ´esa otra manera de hacer las cosas´ fue José María Morcillo, un vecino de Castril que se muestra así de tajante. "La agricultura va a ser ecológica o no va a ser". Morcillo, actual presidente de BioCastril, no huye del calor en verano y se le puede encontrar incluso en las jornadas más insoportables, a pie de huerto instruyendo a los futuros agricultores, ya que otro de los pilares básicos de la ´revolución verde´ en Castril, pasa por la educación y formación de los próximos agricultores y consumidores. De ello se encarga un Taller de Oficio en ´Biohuerto y Educación Ambiental´, que instruye a jóvenes alumnos en la compleja recuperación de la agricultura ecológica.
Las trabas con las que se encuentra la creciente agricultura también denominada biológica, tienen mucho que ver con la mentalidad tradicional de los agricultores, pero también con la de la Administración Pública, que "tiene que mojarse más", como coinciden Morcillo y Gonzálvez. En España son todavía muy ambiguas las posiciones entre comunidades, así mientras que en Andalucía la Junta respalda los proyectos capaces de sacar adelante producción ecológica, en la Comunidad Valenciana se revocaron el pasado abril ciertas subvenciones con las que venían contando los agricultores ecológicos.
También el consumidor, al que le suena el concepto, pero es todavía ajeno a la realidad de una alternativa a las frutas y hortalizas de la agricultura tradicional, juega un papel importante. El precio –que durante años ha sido más elevado que el de productos convencionales–, y la dificultad de encontrar espacios en los que adquirir este tipo de productos, son cada día más un problema del pasado.
De este modo Castril, con sus 1.149 hectáreas de cultivo ecológico, se muestra cada día más presente en el mercado regional a través a sus frutos secos, como la almendra, sus cereales y sus olivares, pero también gracias al esfuerzo en educación e información de sus vecinos y asociaciones. "Hay que ser muy ciegos para no ver que esto tiene futuro a corto y medio plazo", dice José María Morcillo mientras mira como trabajan la tierra dos de sus pupilos.
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