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HEMEROTECA » |
ELENA NAVARRETE En el silencio y la tranquilidad del bosque, una patrulla con el uniforme como los que se utilizaron en la guerra de Vietnam escolta por un camino a un alto rango del Ejército. De repente, en la retaguardia hacen un gesto que pone sobre aviso al primero que va en la fila. En un abrir y cerrar de ojos comienza la batalla. Los enemigos, que están apostados a lo largo del camino, comienzan el ataque. "¡Eliminado!", grita uno del bando contrario y con los brazos en alto sale al camino al encuentro de sus contrincantes. "¡Eliminado!", grita otro al instante y sale corriendo de su escondite en la misma posición que su compañero de equipo.
Ni ha estallado la guerra ni el Madoc organiza un entrenamiento militar con sus alumnos. Se trata del club Jaggers en una partida de airsoft.
Una veintena de socios del club, la mayoría hombres, recrean un escenario militar utilizando réplicas exactas de armas. Como munición se utilizan bolas de plástico de aproximadamente 6 u 8 milímetros de diámetro. "No vale cualquier lugar para hacer airsoft", explica Zapa, el encargado de organizar las partidas del club Jaggers."Tenemos que hacerlo en una zona en la que no haya población para no crear alarma social", comenta. "El hecho de ver alrededor de 20 personas con trajes militares y ´armados´ causa mucho impacto", se explica.
Antes de iniciar la partida los jugadores comienzan a ´equiparse´ y vestirse con el típico traje de camuflaje. Algunos cuando ven las novedades que traen sus compañeros tanto en el vestuario como en accesorios van corriendo a examinarlos y a probarlos. "Parece que nunca tenemos suficientes", comentan entre risas.
El airsoft no es un juego peligroso pero sí son necesarias algunas reglas básicas para evitar disgustos. "Para poder participar es imprescindible llevar puestas las gafas de seguridad porque un ´bolazo´ en el ojo podría ser grave", explica Zapa. "Tampoco vale disparar a menos de cinco metros de distancia del jugador. Hay que poner este tipo de normas para que no haya riesgo de hacerse daño", cuenta.
Para muchos miembros del club Jaggers esta actividad supone un estilo de vida, es el caso de Gryngo, uno de los jugadores más veteranos. "Llevo cerca de tres años haciendo esto y cada vez me gusta más", cuenta.
El airsoft es un juego donde se valora mucho el honor de los participantes, ya que se confía en la honestidad del adversario para admitir que ha sido alcanzado por el proyectil de plástico y por tanto quedar ´eliminado´ del juego. No cumplir con esta norma ética conllevaría que el jugador sea calificado como ´inmortal´. Tanta es la implicación de los ´jaggers´ que algunos declaran: "Si algún día alguien me llamara ´inmortal´ dejaría de jugar para siempre".
"No se fomenta la rivalidad en ningún momento. Es más, lo que se pretende aquí es que sea un juego de equipo donde todos podamos disfrutar y pasar un rato agradable", asegura Volt, otro miembro del club en el que sólo milita una chica.
Puede dar la impresión de ser un práctica violenta o militar pero los jugadores se muestran en total desacuerdo: "Es un juego dónde se ponen en práctica tácticas y estrategias militares", explica Gryngo, "y eso no tiene nada de violencia". "Es como jugar a la guerra como cuando eres pequeño sólo que con más juguetes", añade Zapa entre risas.
Para más de un miembro del club, el airsoft supone una forma de conocer personas con los mismos intereses ."Desde que empecé a jugar hace tres años he conseguido ampliar mi círculo de amigos. Hace poco hemos estado en Portugal, en el ´Interclub Rangers 09´ y hemos conocido a un montón de personas con las que poder conversar, intercambiar impresiones y lo que es más importante, disfrutar de algo que te gusta", cuenta Gryngo.
Una vez cumplida la misión, terminada la partida y recogido el equipo, los ´jaggers´ se dirigen a un bar cercano a descansar, tomarse una cerveza y, cómo no, a hablar de airsoft.
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