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ELENA NAVARRETE
Decirle adiós a las vacaciones cuesta mucho. Al grupo de niños saharauis que han disfrutado en Granada de dos meses de diversión, cuidados y atenciones, les ha resultado aún más difícil despedirse.
urante la mañana de ayer los niños preparaban todas las cosas que iban a llevar de vuelta a su país. Entre los recuerdos y regalos, las cajas llenas de equipaje iban cargadas también de cientos de experiencias y momentos inolvidables.
El programa Vacaciones en Paz trajo a Granada a 206 niños refugiados del Sáhara para que pasaran el verano con una familia de acogida. Este proyecto está desarrollado y dirigido por la Asociación Granadina de Amistad con el Sáhara desde los años 80 y cada vez hay más familias que se animan a acoger a uno de estos menores.
Uno de los niños que correteaba por las instalaciones, Mohamed, un saharaui de 11 años, ha estado por primera vez de vacaciones en Granada. Con pocas palabras conseguía expresar cómo se lo ha pasado: "Bien", y lo que más le ha gustado, "la bici". Su madre de acogida, Trini, explicó "que a veces es muy complicado porque tienen una cultura distinta a la nuestra y pueden surgir los típicos problemas de comunicación", declaró.
Antonio ha dado alojamiento por primera vez a uno de estos menores. Durante los dos últimos meses se ha encargado de cuidar de Mojtar y afirma que el resultado "ha sido muy positivo". "Me animé porque quería sentir y vivir la experiencia, pero sobre todo quería colaborar con el proyecto", explicó. El pequeño Mojtar, por su parte, contó tímidamente que se lo ha pasado "muy bien" y que lo que más le ha gustado ha sido "la piscina, la playa, la bici y los amigos". Antonio aseguró que "ha sido una experiencia maravillosa" y que "volvería a repetir sin dudarlo". "Al principio no le gustaban mucho las comidas, pero al final ha acabado comiendo de todo", contó como anédocta.
Por otro lado, Nima llegó muy contenta y animada a dejar su equipaje con sus ´nuevas hermanas´, Ana y Natalia. Es el tercer año consecutivo que lleva viniendo a España y espera con ilusión poder volver el año que viene.
Los padres de acogida de Jadad ya son veteranos y llevan varios años ofreciendo su casa a los pequeños. Por su hogar han pasado ya tres niñas y esperan "poder seguir haciéndolo durante muchos años". Ambos valoran esta experiencia como "muy positiva, todo el mundo tendría que hacerlo", y añaden que "estos niños no tienen carencias afectivas, lo que vienen buscando son otro tipo de necesidades que allí no tienen, como comida, agua corriente y sobre todo atenciones sanitarias". "La mayoría son cariñosos e inteligentes y quieren pasar las vacaciones lejos del duro desierto", aclaran.
Antonio Ballesteros es uno de los responsables que ayudó ayer a la organización de las cajas de equipaje, que se estuvieron distribuyendo durante todo el día en la Feria de Muestras de Armilla, antes de despedir a los niños por la noche. Desde su experiencia comentó que "la mayoría estan dispuestos a repetir". "Cuando llegan aquí se les hace una revisión médica completa porque muchos vienen con problemas de anemia, ya que allí no disponen de los alimentos necesarios, pero después de dos meses comiendo de forma saludable la anemia desaparece por completo", aseguró. "También muchos de ellos necesitan gafas después de la revisión y se les proporcionan".
Tras subir al autobús los niños se dirigirán a Málaga dónde volarán de vuelta a su país.
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