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MATÍAS OCHOA
Los vecinos del edificio de la calle Atlanta 4 comienzan a ver la luz para resolver el problema que padecen desde hace diez años: los olores nauseabundos que desprende el piso de una mujer mayor con síndrome de diógenes.
Los residentes del bloque de la zona Norte recibieron con esperanza, ayer, la orden judicial que habilitaba a los servicios de limpieza del Ayuntamiento a desinfectar la casa. La intervención, sin embargo, fue pospuesta para hoy debido al escenario "dantesco" con el que se encontraron los operarios, que habían ido con una furgoneta, pero ´in situ´ determinaron que precisaban dos camiones para sacar todos los restos, detalló el concejal de Participación Ciudadana, Eduardo del Moral.
Uno de los efectivos informó que la casa, de dos dormitorios y un salón grande, estaba "llena de excrementos" y de basuras, al punto de que "casi no había lugar libre por donde caminar". Sí pudieron llevarse, en cambio, a unos siete perros de la mujer a un refugio de animales de Ogíjares, cuentan los vecinos. Las autoridades judiciales precintaron el lugar, lo que significa que nadie podrá ingresar hasta nueva autorización del Juzgado de Instrucción número 3, a cargo del caso.
Prevención. Hasta el lugar se habían desplazado agentes de la Policía Nacional y Policía Local en previsión de posibles incidentes dado que la señora, de unos 65 años y que vive sola, siempre afirmó que sus compañeros del bloque la odiaban y la atacaban. "Cada vez que llamamos a las autoridades, se hace la víctima y dice que estamos contra ella", comenta la joven María José Villaldea, que vive justo en el piso de abajo. "Se conoce todas las argucias legales. Es muy inteligente. Cuando la hemos denunciado, ella respondió con otra denuncia", abundó.
El despliegue policial sirvió de poco, ya que la mujer de diógenes no se encontraba en el lugar. Se había ido el domingo dejando olvidado un grifo abierto. El descuido provocó filtraciones en el hogar de Villaldea. "El agua llegó hasta zonas comunes, incluso se debió parar el ascensor y cortar el suministro para toda la comunidad. Esto lo hizo adrede", puntualiza la vecina, y añade que este problema "se debe solucionar ya porque no aguantamos más".
El administrador del bloque, José García, recuerda que hace dos años una juez también ordenó la limpieza del piso y que los servicios sociales del Ayuntamiento ofrecieron en vano ayuda a la mujer. "Veremos si ahora por fin se resuelve", sostiene.
Dificultades legales. El coordinador del área de Familia del Consistorio, Manuel Martín, había explicado a La Opinión, en abril pasado, que no podían actuar hasta contar con la autorización de un juez, ya que "si ella no quiere" recibir atenciones, "no podemos obligarla". En aquel momento, Martín precisó que los casos de síndrome de diógenes son complicados porque quienes lo padecen no suelen ser receptivos y las urgencias del vecindario "choca con los derechos individuales" amparados por la Constitución. De esta forma, no se puede entrar al piso sin en consentimiento de la propietaria ni obligarla a seguir un tratamiento psicológico contra su voluntad.
En este marco, la llave la tendría la Justicia, que puede declararla incapaz y forzarla a internarse en un centro y a destinar sus bienes a un tutor, según el representante municipal.
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