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N.M.E. Los agricultores de la provincia están desesperados: los costes de producción crecen sin tregua año tras año, mientras el precio de venta de las frutas y hortalizas se mantiene, en algunos casos, igual que hace dos décadas.
"Llevan tanto tiempo apretándonos las tuercas, que la situación es ya insostenible", lamenta Francisco Viceira, un agricultor del área metropolitana. De hecho, el trabajador explica que el año pasado plantó una hectárea de maíz en sus terrenos y, al final de la cosecha y tras hacer el balance económico, ha tenido que pagar 70 euros de su bolsillo. "Los gastos de producción han aumentado un 20 por ciento esta última campaña. Si en la anterior destiné 6.000 euros a pagar los costes, ahora tengo que abonar 7.200 euros aproximadamente", añade el agricultor.
Drástica decisión. Por ello, ha decidido reducir su superficie cultivada durante la próxima cosecha y aliviar, por ende, los gastos en fertilizantes, riego, mano de obra, gasolina, electricidad, semillas y compra y reparación de maquinaria. Una decisión adoptada a pesar de que los cultivos de Viceira son frutales, es decir, permanentes. "Es más rentable arrancar parte de los árboles que mantenerlos y, aún así, no sé si conseguiré cubrir los gastos o al final me costará también el dinero", asegura el agricultor, quien perderá una hectárea de las cinco que posee en el término municipal de Santa Fe.
Eso sí, Viceira sabe que no es el único que se encuentra en esta coyuntura, sino que es un problema generalizado en el sector primario.
"Un amigo mío plantó patatas y ha tenido una pérdida de 30.000 euros porque este año se han vendido muy baratas y no ha conseguido amortizar los costes", comenta.
En esta misma línea de opinión (que cuenta con muy pocos disidentes entre los agricultores) se posiciona Antonio González, quien posee explotaciones agrarias de frutales, olivos, almendras, cereales y algunas cabezas de ganado en distintos puntos de la provincia.
"En los campos de almendros, vale más caro recoger la cosecha que lo que te pagan por el producto", denuncia el agricultor, quien insiste en que ningún tipo de cultivo resulta rentable, por lo que el abandono de las tierras es la única vía posible para subsistir, sobre todo si se tiene en cuenta que la mayoría de los agricultores de Granada desarrollan otro tipo de actividad económica.
"Si no siembro, no gano dinero, pero tampoco lo pierdo en abonar los costes de producción porque lo que no va a hacer el agricultor es desviar los beneficios de un negocio para mantener los cultivos improductivos", argumenta.
Sin embargo, la crisis del campo no es algo nuevo. "Nadie quiere invertir y no hay dinero en el sector, que sólo vive de préstamos y subvenciones", critica Viceira.
Además, el desinterés por el cultivo de la tierra tiene efectos directos en la sociedad: por un lado, la reducción de la superficie cultivada incrementa el riesgo de incendios; por otro, la escasez de rentabilidad reduce la mano de obra al mínimo.
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