MANUEL J. ROMERO
Tras la clase de equitación los niños se deben quitar los arreos y limpiar el caballo. Otros animales esperan: es hora de echar pienso a los gansos y dar el biberón al lechón y al ternero. Nadie se aburre en la granja escuela Finca Malpasillo, en las Gabias, un centro que recibe visitas didácticas durante el invierno y ha decidido no descansar durante el periodo estival. Ahora ofrecen a muchos padres la posibilidad de que sus hijos –de 8 a 14 años– pasen unas jornadas diferentes en un entorno rural aprendiendo a montar a caballo.
Malpasillo no es un campamento de verano común. Además del contacto con los animales y el grupo reducido de niños, esta granja escuela se ha adaptado al periodo de crisis y ha propuesto cobrar por días la estancia en el recinto.
Divertirse aprendiendo. Tras la sorpresa inicial de encontrase en plena naturaleza, los alumnos se acomodan rápidamente al entorno "debido a que todos tienen el mismo objetivo, pasarlo bien y conocer cosas nuevas", afirma el gerente, Luis Rivas. "Aunque muchas veces intentan escaquearse, se suelen portar muy bien y aprenden mucho", añade Laura, una de las monitoras expertas en equitación, mientras vigila a los pequeños ´jockeys´ que pasean en círculos por una amplia explanada de albero.
En este campamento se pueden ver de cerca todos los animales característicos de una granja y, lo que es más importante, aprender de ellos. Los niños, entusiasmados, disfrutan de todas las posibilidades del campo. Para algunos de ellos es la primera vez que entran en contacto directo con una vaca o un conejo. Asumen con naturalidad las responsabilidades de cuidarlos, darles de comer o limpiar las cuadras.
"A veces terminamos llenos de paja cuando les damos de comer, y es muy lioso", reconoce uno de los alumnos. "Es muy divertido porque en casa nunca puedes estar con tantos animales ni cuidarlos", añade Delia mientras intenta dar el biberón a un cordero: "Vine un par de días pero me gustó tanto que he querido repetir".
Enseñanza múltiple. En Malpasillo no sólo aprenden a fijar la cabalgadura o atar bien las bridas. También valores como el compañerismo, la solidaridad, el respeto por la naturaleza o la confianza en uno mismo, a través de actividades especiales y comunitarias que enriquecen este nuevo tipo de campamento. Día a día la llegada de nuevos niños renueva la convivencia y aporta cosas distintas al grupo.
Comen en un gran salón todos juntos y duermen en tiendas de campaña puestas en círculo alrededor de varias alfombras, donde se ubica "el punto de encuentro", que se localiza cerca de la piscina para refrescarse. Todo el plan está orientado a que los asistentes creen un lazo de unión entre ellos y se conviertan, como afirma orgulloso Rivas, "en una gran familia".