ÁLVARO CALLEJA
"Las obras públicas en este país son las más caras porque hay que hacerlas dos o tres veces, será que cuesta mucho pensar", ironiza Pepe Cañas, vecino del Carril de la Lona, una de las arterias del bajo Albaicín cuya intervención en el pavimento ha desatado un nuevo conflicto entre Ayuntamiento y la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía.
Ambas instituciones han llegado a un acuerdo de última hora para no paralizar las obras, pero siempre y cuando el Ayuntamiento, promotor de la obra que se financia con los fondos de estímulo a la economía que concedió el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, coloque adoquines y chinos granadinos tradicionales en lugar de rodadura asfáltica y se comprometa a sustituir el chino blanco colocado hasta ahora por el tradicional a medida que se deteriore.
Ni los vecinos ni los propietarios de los negocios de la zona son ajenos a la polémica. La obra presupuestada en más de 616.000 euros se ha prolongado en el tiempo y está causando quebraderos de cabeza no sólo a los residentes sino también a los empresarios de la hostelería.
A juicio de muchos de ellos, la actuación era innecesaria pues ya se remodeló hace unos años el mismo entorno.
Antonio Cirre Martín regenta desde hace años el bar Yunque en la plaza San Miguel Bajo. Se queja, al igual que el resto de hosteleros de la zona, del perjuicio económico que les está ocasionando la remodelación.
Su establecimiento ha estado cerrado "mes y medio" y ahora que está abierto "los clientes no terminan de venir mientras duren los trabajos". "Esta obra se hizo correctamente hace unos seis o siete años, hay cosas más importantes que arreglar pero, de hacerlo, por qué no a finales de septiembre que es cuando se nota el bajón del turismo", se pregunta Antonio, quien apenas entra a valorar la polémica suscitada por el empedrado aunque aclara que él prefiere "el rústico". Rogelio, el dueño del establecimiento El rincón de la Aurora, coincide con su colega en que el empedrado tradicional debe prevalecer aunque no entiende por qué no se ha contemplado en su momento en el proyecto original. Lo que tiene claro es que "el negocio de la temporada de verano se lo ha cargado la obra del todo".
Precedente. "Desde los despachos proyectan las obras y lo ven todo muy bonito pero creo que no hubiera sido necesario gastarse tanto dinero. Desde luego yo soy partidario del empedrado tradicional", sostiene Pepe Cañas, convencido de que el tráfico rodado levantará más pronto que tarde los chinos finos de color claro que ya lucen en los laterales de buena parte de la calzada del Carril de la Lona.
En el centro de la calle se observan las dos franjas que la empresa tenía previsto rellenar de asfalto para facilitar el tráfico rodado y donde ahora, tras el malestar expresado por el organismo internacional de la Unesco y el rechazo manifestado por Cultura, se colocarán adoquines, un material más acorde con un barrio histórico declarado Patrimonio de la Humanidad.
Lo que los vecinos y los empresarios de la hostelería no entienden es cómo surge ahora una polémica cuando el trazado se incluía en el proyecto original. La Asociación de Vecinos del Bajo Albaicín ya manifestó en su día su oposición a dicha intervención, al igual que lo hizo cuando el Ayuntamiento actuó en Calderería, Calle del Agua, Cuesta de San Gregorio, La Lona, Pilar Seco, Panaderos y la cuesta de San Agustín, donde se levantó el empedrado existente para colocar losas de granito y rodaduras de asfalto. Su denuncia ante la Fiscalía fue archivada en octubre del pasado año al no existir especificación alguna del tipo de pavimentación en el Plan Especial de Protección de Reforma Interior del Albaicín (Pepri), la norma que regula cualquier actuación urbanística en el barrio.
El presidente de la Asociación del Bajo Albaicín, Manuel Navarro, cree que la Delegación de Cultura pudo entonces haber hecho algo más, pues la intervención se producía –al igual que en el eje Carril de la Lona-San Miguel Bajo-Santa Isabel la Real–, en una zona donde existen varios Bienes de Interés Cultural, lo que obliga a extremar la protección del patrimonio. Pese a que es cierto que el Pepri resulta en este asunto ambiguo y puede parecer que no objeta nada sobre cómo tiene que ser la pavimentación, Navarro asegura muchas fichas de edificios del Albaicín reflejan el tipo de empedrado y especifican que se debe mantener la pavimentación.
Navarro también desmiente las palabras de la concejal de Urbanismo, Isabel Nieto, que censuró a los vecinos por denunciar en los medios de comunicación la intervención y no haber presentado ninguna alegación al proyecto. "Es totalmente falso. Llevábamos meses diciendo que el proyecto se viese en la junta del distrito de barrio pero el Ayuntamiento tiene la mala costumbre de no comunicar o informar sobre las intervenciones", replica Navarro, quien reparte también culpa o responsabilidad sobre lo sucedido tanto a la Junta como a la Fundación Albaicín, que "sabían que se iban a hacer esas actuaciones y afectaban a un entorno donde hay varios BIC".
Deslealtad. El delegado de Cultura, Pedro Benzal, se defiende y atribuye la responsabilidad al Ayuntamiento por incumplir lo pactado en la Comisión de Patrimonio de septiembre de 2008, donde se acordó que la renovación del pavimento debía someterse al dictamen de la Comisión de Seguimiento del Plan Albaicín. "Es verdad que los vecinos alertaron pero pensábamos que el Ayuntamiento iba a ser leal. Es lamentable que estemos siempre detrás del Ayuntamiento recordándole que debemos preservar el patrimonio pero al alcalde de esta ciudad [José Torres Hurtado] le importa un pimiento, siempre habla despectivamente del patrimonio".
En cualquier caso, los representantes vecinales entienden que una actuación de este calado requiere del consenso de las administraciones e instituciones que velan por el patrimonio, sin olvidar a sus residentes.