Tribunales

Un gigante con grietas

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Un gigante con grietas
Un gigante con grietas Bonet

Hombre hecho a sí mismo y referente empresarial de la provincia, el empresario paga con la cárcel su aventura marbellí iniciada en los noventa

JORGE PARADINAS El éxito es caprichoso. Es algo que saben tanto los clientes de Channel, Armani o Ferrari como quienes no ven la manera de llegar a final de cada mes, agobiados por hipotecas. Aunque estés en lo más alto, un mal paso te puede llevar al fracaso. Que se lo pregunten a José Ávila Rojas, uno de esos personajes que hasta hace poco parecía intocables y que ha acabado con sus huesos en la cárcel. Los ricos también lloran.

Ávila Rojas, el mismo que dio refugio e hizo fortuna con miles de granadinos llegados de los pueblos hasta la capital en los sesenta y setenta, deberá penar ahora sus más recientes pecados. Así lo ha decidido un juez, que basándose en pruebas no ha tenido misericordia con uno de los principales artífices de la revolución urbanística de Granada del pasado siglo. Curiosamente la tumba empresarial de Ávila Rojas no ha sido su tierra, sino Marbella. Allí lanzó sus redes en los noventa animado por las promesas de opulencia que llegaban desde la Costa del Sol de la mano del ya fallecido Jesús Gil. Ávila Rojas huía por entonces de Granada con cierto sentimiento de despecho. Su tierra parecía entonces darle la espalda en forma de iniciativas frustradas – La Junta le denegó el proyecto de la urbanización Los Alijares– y de mala fama –algunas de sus promociones fueron malintecionadamente bautizadas como ´Ávila Rajas´, por la supuesta falta de calidad de los materiales y la aparición de grietas–.

La aventura marbellí, sin embargo, es la que le ha llevado a la cárcel por un delito de fraude a Hacienda. Es el peligro que tienen las amistades peligrosas, llamense Muñoz o Roca. Su penitencia podría ser incluso mayor, ya que aún está pendiente su supuesta implicación en la ´Operación Malaya´, el mediático proceso que se abrió para aclarar los entramados de corrupción urbanística de Marbella.

Entre rejas deberá dejar a un lado su elegancia en el vestir. Las normas estilísticas en la cárcel son otras, más bien uniformadas. Allí también ´chocarán´ otros rasgos de su carácter, como el hablar pausado. Se trata de maneras que se suelen asociar a la alta sociedad, pero curiosamente este constructor sexagenario no nació con un pan debajo del brazo. Su origen es humilde y su historia es la de un hombre hecho a sí mismo. "Siempre ha tenido una gran fe en sus proyectos. Aún recuerdo su primera promoción de viviendas, un bloque en Villarejo, al final del Camino de Ronda. No dejaba la obra ni por un momento y colaboraba como un peón más", explica un testigo de sus comienzos. El relato hace referencia a los sesenta, cuando el sector de la construcción todavía se hallaba en pañales.

Manejarse entre andamios no era nuevo para él. Había nacido en una modesta familia de Maracena, de la que tiraba su padre, maestro albañil. Conoció, por tanto, el mundo del ladrillo desde joven y sus habilidades negociadores pusieron el plus que hacía falta para engendrar la inmobiliaria que, junto a Osuna, casi monopolizó el ´boom´ urbanístico de la ciudad.

Algunos de los rasgos que caracterizan a Ávila Rojas –orígenes modestos, escasez de estudios,y brillantez negociadora– coinciden con los de otros grandes promotores nacionales que han amasado inmensas fortunas, aunque hay un aspecto que le diferencia: Su afán por preservar su vida privada. "Es un hombre de familia al que no le gusta aparentar", aseguran quienes le conocen. Los hijos de este padre de familia numerosa, que acordó hace unos años la separación con su mujer, han recibido la educación de prestigio de la que él careció. Buena parte de sus vástagos han pasado por el colegio Mulhacén –su ex esposa ha estado vinculada al Opus Dei– y han estudiado carreras universitarias.

Este hombre serio, al que tan sólo se le conocen dos caprichos, el fútbol y los coches de alta cilindrada, se enfrenta ahora al precipicio tras años de éxito. Es lo que tiene jugar fuerte. Su órdago marbellí de los noventa, cuando el negocio en Granada comenzaba a flaquear, no le ha salido bien.

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