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PILAR ARJONA
Los jóvenes granadinos cada vez retrasan más su edad de emancipación y se independizan a una edad más tardía que los jóvenes del resto de Europa. Las causas de esta situación suelen encontrarse en las condiciones del mercado laboral y del mercado de la vivienda. Sin embargo, un estudio realizado por el profesor de la Universidad de Granada (UGR) Joaquín Susino y por la socióloga Diana Milena Hernández para CCOO apunta que a estos dos factores hay que añadir las expectativas de la juventud andaluza en torno a la emancipación.
El análisis se ha llevado a cabo entre jóvenes de entre 20 y 34 años de seis ciudades andaluzas de más de cien mil habitantes, entre las que se encuentra Granada. A través de grupos de discusión sobre sus percepciones acerca de la emancipación, los investigadores han concluido que la clase social también influye en las expectativas de independencia de los jóvenes andaluces.
Una de las conclusiones es que, frente a la idea de que tener una vivienda en propiedad es casi una condición ´sine qua non´ para la emancipación de los jóvenes, se ha descubierto que la tendencia está cambiando ligeramente, y que las posturas se acercan a las de otros jóvenes europeos, que contemplan la posibilidad de alquilar para dejar la casa de los padres.
Posición social. Esta posición, no obstante, no está tan clara entre los jóvenes de clase obrera. Son más propensos a elegir esta opción quienes pertenecen a una clase media-alta, poseen una titulación de estudios superior o cuyos padres –independientemente de su posición social– son profesionales de mayor cualificación.
En Granada, cuya muestra para el análisis se realizó entre jóvenes ya emancipados de entre 25 y 34 años, y con niveles de estudios muy variados, predomina el discurso de la importancia de la vivienda en pareja y el proyecto familiar. La percepción generalizada, según el estudio, es que es "imposible" el acceso a una vivienda en propiedad si no se tiene pareja. Como impedimento principal los jóvenes argumentan las condiciones laborales.
Estos datos indican también que la idea de que el matrimonio es la causa de la emancipación y no la consecuencia predomina entre jóvenes de clase obrera que, al margen de prejuicios, mantienen una postura más "tradicional" en cuanto a la independencia. De aquí se desprende otra de las conclusiones del análisis. Y es que la emancipación está considerada entre los jóvenes más "como una resultado que como un objetivo", especialmente entre los de clase obrera. "Es una necesidad, la consecuencia de un cierto recorrido", apuntó el profesor Susino.
Pero a todas estas percepciones hay que buscarles su explicación en muchos factores. Por un lado, que aún la mayoría sigue pensando que, para emanciparse, lo esencial es poseer una vivienda propia. "Los jóvenes creen que tener una hipoteca es hipotecar su vida", reconoce Susino. El argumento principal es que hay "una pérdida radical del poder adquisitivo y de la capacidad de consumo", cosa que no sucede cuando la emancipación se realiza en una vivienda de alquiler. No obstante, son pocos los que prefieren esta posibilidad, pese a que consideran que alquilar tiene ventajas como poder elegir el lugar donde vivir ya que, por ejemplo, acceder a un inmueble en régimen de alquiler en el centro de una ciudad es algo factible para los jóvenes, no así cuando se trata de una vivienda propia. Por tanto, la edad de independencia se retrasa aún más.
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