MATÍAS OCHOA
La nueva ubicación del Mercado del Zaidín no gusta a vecinos ni a comerciantes. Sorprende la unanimidad que despierta el traslado de los puestos a las calles Torre de la Pólvora y Carmen de Burgos a causa de las obras del metro: a los residentes les molesta por los ruidos, la basura generada y la imposibilidad de circular con sus coches; los vendedores, en cambio, se quejan de que la mayor lejanía de la zonas más habitadas del barrio les ha quitado clientes.
El zoco habitual de los sábados adquirió ayer especial relevancia. El día anterior, un grupo de vecinos del barrio había protestado en el pleno del Ayuntamiento de Granada y había sido desalojado. "Nos vemos en la necesidad de iniciar un proceso de movilización ciudadana", manifestaron entonces. Y ayer por la mañana, cuando descargaban su mercancía, los comerciantes se encontraron con papeles pegados en el suelo dirigidos a ellos: "Bajo ningún aspecto vamos en contra de ustedes y del trabajo que realizan", aclaraba la nota de los vecinos, que calificaba la mudanza de "decisión absurda y precipitada del Ayuntamiento". Por último, lanzaba una invitación: "no tenemos que enfrentarnos sino unirnos para exigir una solución definitiva y digna".
Inconvenientes. "Salir con el coche resulta difícil. Hay bullicio desde las ocho de la mañana y, cuando finaliza el mercado, el viento arrastra bolsas y cartones por todos lados", afirmaban ayer Francisca Garzón y Silvia Alaminos, vecinas que remarcaban que los comerciantes "no tienen la culpa" de ello.
Lo mismo opinaba el joven Javier Garrido: "Se tienen que ganar la vida como sea. Eso lo entendemos. Sólo nos preocupa que la calle quede llena de basura". A unos metros de su residencia, una casa mantenía colgada una bandera que decía ´alcalde, el mercadillo a tu casa y verás qué bien se pasa´. Otra de las vecinas, María del Carmen Bonache, reprochaba que "en verano no podremos dejar las ventanas abiertas por el ruido".
El traslado parece que va a durar tiempo, como indicaba Diego García, ya que con el "metro en superficie va a ser imposible que vuelvan a su anterior ubicación". Este residente sufre menos las consecuencias, ya que vive en una de las vías laterales, Rumaikiya, y no padece tanto los ruidos. Sí pide servicios públicos, pues algunas personas orinan o defecan en una plaza que da a una de sus ventanas.
Los residentes se cuidaban ayer de aclarar que no le echan la culpa a los comerciantes y éstos también se mostraban solidarios con ellos. "Tienen derecho a descanso y a vivir tranquilamente", subrayaba el puestero José Barroso, para quien el cambio de sitio les ha alejado de los lugares "más populares del Zaidín". "Ahora no sacamos ni para los gastos", lamentaba.
David Fernández, propietario de una tienda de cortinas, estima en "un 70%" la caída de clientes; "ahora, una señora se lo piensa si tiene que caminar cuatro o cinco calles más". Fernández sostiene otra razón; "antes era una calle larga para todos y ahora la mayoría se instala en el bulevar y algunos, como nosotros, en una segunda vía detrás de ellos". A su lado, José Tirado, vendedor de ropa femenina, agrega que quienes están en esta situación "sólo tienen furgonetas enfrente".
Otro dueño de una tienda de prendas para mujer, Antonio Reyes, dice que "nadie" les ha dicho "cuánto tiempo" estarán en el nuevo emplazamiento.
Quedará por ver ahora si comerciantes y vecinos logran unirse en sus reclamaciones. Si así ocurre, la presión sobre el Consistorio podría darles resultado. En tal caso, se abriría una nueva interrogante: ¿a dónde llevar el mercado?