MATÍAS OCHOA
La visita de Mariano Rajoy sigue dando que hablar en el Albaicín. Vecinos del barrio critican el "anormal" celo puesto por el Ayuntamiento en la limpieza de las calles por las que transitó el líder del Partido Popular (PP), el martes pasado, en un acto de campaña por las elecciones europeas.
Durante su visita, de apenas 10 minutos, el dirigente vio la mejor cara de la zona, afirman algunos residentes. Rajoy llegó en coche al Aljibe del Rey, flamante sede de la Fundación Emasagra y uno de los edificios mejor restaurados del barrio. Tras un recorrido por su interior, enfiló hacia el Aljibe de la Gitana, una vía donde predominan los grafitis y los bloques de muros desangelados. Al final de la calle, la Placeta de las Minas le volvió a ofrecer otro agraciado aspecto, con un enorme carmen blanco y casas bajas, con flores en los balcones: una estampa típica albaicinera.
Rajoy y su numerosa comitiva, entre los que se encontraban el líder de la formación en Andalucía, Javier Arenas, y el alcalde, José Torres Hurtado, traspasaron el Arco de las Pesas, construido en el siglo XI y que en la actualidad presenta un pésimo estado de conservación. La edificación desprendía ayer por la mañana olor a orina, algo que no sucedió el martes, y varias pintadas, que sí estaban el día de la visita. La próxima parada fue la tradicional Casa Pasteles, donde Rajoy amagó con tomarse un café. "Se lo llevaron apenas entró. Lo vi desilusionado. Quería un café, pero no le dejaron", afirmaba ayer uno de los camareros, con menos actividad que entonces.
Mirador. El presidente del PP regresó por el Arco de las Pesas y cogió el Callejón de San Cecilio, una tranquila y cuidada calle con cármenes que desemboca en la Plaza San Nicolás, donde se encuentra el mirador. Allí dio el mitin, en un suelo limpiado con manguera a presión, señaló ayer la portavoz de la Asociación de Vecinos del Bajo Albaicín, Lola Boloix, quien remarca que los operarios "no suelen hacer una limpieza tan a fondo".
La imagen del dirigente, con la Alhambra de fondo, se difundió por todos los medios del país. Era la mejor postal del Albaicín. Pero para muchos vecinos, una tarjeta de presentación que no refleja la actual dejadez y mala conservación del barrio, declarado por la Unesco Patrimonio Mundial de la Humanidad.