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M.Á.R. Éste es el primer fin de semana en el que los granadinos han podido bajar a la Costa, o al menos hasta el cruce con la N-340, por autovía. Y la prueba no ha salido mal, porque ni el viernes por la tarde ni ayer sábado por la mañana se registraron atascos en la bajada a Motril.
También es cierto que el tiempo no acompañaba. El día amaneció nublado en la capital, e incluso cayeron algunas gotas, lo que seguramente hizo desistir a más de uno de subirse al coche para ir a la playa. En la costa el clima no era mejor, porque al cielo nublado se sumaba un desagradable viento. Pero la verdad es que la nueva carretera, la que según el ministro de Fomento pasará a llamarse ´Autovía de la Costa Tropical´, ha pasado su primera prueba sin problemas.
Muchas voces han alertado sobre el riesgo de que, a la llegada al cruce con Salobreña, se cree un ´cuello de botella´ al pasar de dos carriles a uno. La ubicación de dos rotondas en la vía de acceso a Motril también complica la circulación, porque los conductores deben reducir la velocidad y respetar las señales de ´Ceda el paso´. Pero ayer los coches que llegaban al cruce desde Granada lo hicieron sin problemas, sin los atascos que ya son tradicionales en esa vía. De hecho, la única incidencia reseñada ayer por la Dirección General de Tráfico (DGT) tuvo como protagonista al viento, que condicionó la circulación en algunas zonas de la N-340, tanto en sentido Málaga como en dirección a Almería.
Adiós a los conos. Además de la tranquilidad de viajar por autovía, los conductores ganaron ayer tiempo. La capital se encuentra ya a escasos 35 minutos de Motril, tras la apertura del tramo Ízbor-Vélez de la A-44, que fue inaugurado el jueves por el ministro de Fomento, José Blanco. Su puesta en servicio permite evitar, desde aquel día, el complicado desvío por la carretera de Órgiva para volver a tomar el tramo Vélez-La Gorgoracha de la autovía.
Ésa fue la solución acordada el pasado verano para poder abrir los tramos ya ejecutados de la A-44, a la espera del final de la construcción del viaducto sobre la presa de Rules que, tras su hundimiento en 2006, ha retrasado la apertura completa de la autovía. Pero todo eso es ya historia. La N-323, recorrido habitual de miles de granadinos en las últimas décadas, sólo se ve ya de lejos desde los nuevos e impresionantes viaductos recién inaugurados. Ayer, además, estaba vacía. No es de extrañar, porque todos los conductores quisieron estrenar la nueva vía y olvidarse de los arcenes estrechos, las colas y los adelantamientos peligrosos.
La apertura total de la A-44 también ha apartado a un elemento ya habitual en el paisaje hacia la Costa: los famosos conos en mitad de la carretera. En los últimos años han servido para improvisar una falsa autovía con dos carriles en el sentido que más convenía: hacia la playa los viernes por la tarde y en dirección a la capital los domingos. Así han soportado los granadinos el viaje hasta el mar durante décadas, pero la nueva A-44 ya no tiene sitio para los conos.
Aunque la apertura de la autovía supone un importante avance para las infraestructuras y la movilidad en la provincia granadina, habrá que esperar al verano para comprobar si, cuando se produzca de verdad el éxodo masivo a la playa, los atascos no vuelven a aparecer. Mientras tanto, los granadinos siguen a la espera de la próxima inauguración, la de la A-7, que terminará de conectar el litoral con el resto de Andalucía.
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