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HEMEROTECA » |
MIRIAM MILLÁN Hay enfermedades que se aferran especialmente a la crueldad, que no la dejan ni a sol ni a sombra, que se alían a hurtadillas con la mala suerte, con las estadísticas. El cáncer es una de esas truculencias indeseables de la vida que tiran la piedra y esconden la mano, sin importarle demasiado quién haya detrás de la frente sobre la que recae el mazazo.
Pero hay cánceres cuya falta de respeto se hace más notable y cuando la víctima consigue esquivar el golpe mortal y definitivo, entonces, tratan por todos los medios de ´tatuarles´ en el cuerpo un chivato, para que las secuelas actúen como recordatorio del dolor. El cáncer de colon, el mismo que carece de un plan nacional de prevención eficaz y homogéneo pese a ser el de mayor incidencia en la población y el segundo que más muertes provoca, es uno de ellos.
Porque el sufrimiento no se acaba una vez ganada la batalla. A la mayoría de los pacientes que han sufrido este tipo de tumor maligno se les practica una colostomía, es decir, un orificio en la pared intestinal para que puedan expulsar las heces. O dicho de otro modo, se convierten en esclavos de un ´estoma´: de una bolsa y un tapón.
Trauma. El lenguaje médico les llama ostomizados. Es una intervención que les salva la vida pero a cambio de un "sentimiento traumático por el daño irreversible en su imagen corporal, que provoca cambios en las relaciones íntimas, familiares y laborales, que provoca miedo al rechazo".
Así lo explican Luis, Pepe y Lola. Tres ex enfermos de cáncer de colon y ostomizados. Tres luchadores que no han permitido que su ilusión se cuele por el ´agujero´ que esta enfermedad les ha ´taladrado´ en el estómago. A base de "mucha paciencia", bastante más optimismo y una buena dosis de sentido del humor han conseguido, con el "irremplazable apoyo de la familia y los amigos", continuar con su vida sin renunciar a casi nada de todo aquello que hacían y disfrutaban antes de que el diagnóstico de un médico les derrumbase los cimientos de su rutina, de su felicidad.
Obstáculos. No ha sido fácil. El camino es arduo hasta lograr entender que "de todos los cables que te rodeaban en el hospital había uno que jamás desaparecía, que ya no podrían quitarte", explica Lola García, cuya colostomía -felizmente reversible tras tres operaciones- fue el resultado de un cáncer de matriz y ovarios. En su caso, al igual que en muchos otros, se puede hablar de meses de hospital, de demasiadas intervenciones y sesiones de quimioterapia.
Pero ninguna complicación postoperatoria, ni siquiera el más venenoso de los chutes de la ´quimio´ han conseguido agriarle el carácter o desdibujarle la sonrisa de la boca a esta mujer. Lejos de hundirse, coquetea con las bromas hasta llamarse la "chica del corcho", el mismo que se quitaba y ponía cada dos días tras una irrigación: sistema de ´limpieza´ que les aporta una autonomía de 48 horas, contribuyendo notablemente a normalizar sus vidas.
Lola es un ejemplo de superación exento de los manidos tópicos que suelen asociarse a este término. También lo son Luis Fernández y Pepe Iañez. Por eso, han decidido sumar esfuerzos e ilusiones para ayudar a todas aquellas personas que se encuentran en su misma situación.
Hace aproximadamente un año pusieron en marcha la Asociación de Ostomizados de Granada, cuyo objetivo no es otro que "eliminar en la persona ostomizada ese sentimiento traumático de daño irreversible, contribuir a que tengan una vida normal y de calidad", insiste Pepe. Para ello, ofrecen tanto al paciente como a su familia apoyo psicológico, orientación e información por parte de profesionales sobre los nuevos productos, técnicas y cuidados que mejoran y normalizan su rutina.
Objetivos. La asociación aspira a convertirse en una mano amiga y en un "espejo" en el que las personas ostomizadas puedan mirarse y ver reflejada la imagen de esos otros que padecen la misma situación y, sin embargo, han logrado recuperar su vida. Además, desempeña una importante labor preventiva. "No queremos alarmar, sino dar a conocer la importancia de la prevención, puesto que si el cáncer de colon se detectara precozmente, se salvaría el 90% de los enfermos", recuerda Luis, presidente de la agrupación y para quien también es necesario que haya una mayor información y divulgación del lenguaje relacionado con esta dolencia.
"La mayoría de las personas no saben lo que es una colostomía y cuando lo ven piensan que es una asquerosidad, algo extraño, no les entra en la cabeza que podamos salir siquiera a la calle", dice Lola, que lejos de refugiarse en el victimismo, ha optado por infundirle ánimo a quienes están pasando por su misma situación. "Hay que dejarse de lloriqueos. Las lamentaciones no llevan a ninguna parte", añade. Y a sus palabras se suma el silencio afirmativo de sus compañeros.
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