El chequeo

Una voz amiga en una ciudad extraña

 09:07  

Cientos de foráneos acuden a diario a Granada. En la Oficina de Turismo la pregunta estrella versa sobre el monumento más visitado de España, la Alhambra

M. J. SEGURA Los idiomas se entremezclan y las peticiones se repiten. Una pareja joven se acerca al mostrador y una de las agentes turísticas los recibe con una sonrisa. "¿En qué puedo ayudarles?", pregunta. El integrante masculino, enfundado en una abrigo y con unas zapatillas deportivas, expone a la chica rubia que se ha dirigido a ellos su particular diatriba. "Hemos comprado entradas para la Alhambra y nos gustaría saber cómo podemos aprovechar mejor el tiempo para ver todo el recinto", le explica.

A su alrededor, la Oficina de Información Turística del Patronato provincial, ubicada en la Plaza Mariana Pineda, es un hervidero de turistas, que pone de relieve que las dependencias a menudo se quedan pequeñas. La mujer les indica en primera instancia cómo acceder al monumento más visitado del país. El chico la interrumpe y le comenta que esa mañana había permanecido desde las 7.30 hasta las 9.30 horas para adquirir los billetes que le permiten disfrutar de la complejo nazarí. "Ya si no las compras anticipadas tienes que subir muy temprano. En Semana Santa ha habido personas que han hecho cola desde las cinco de la mañana", le asegura la agente turística, que les deja entrever que su hazaña no ha sido de las más trabajosas a las que se ha tenido que enfrentar un visitante en días recientes.

La pareja sólo ha podido conseguir entradas para la visita de tarde. Un hecho que a una de las encargadas de la Oficina tampoco le asombra. Los jóvenes comparten mostrador con un matrimonio de mediana edad llegados de Álava cuyo reto es idéntico, acceder a la Alhambra. Una compañera de la chica rubia que sigue enzarzada en la tarea de explicar los pormenores de los palacios, responde a preguntas similares. "Lo siento, no hay entradas disponibles hasta el domingo", les indica. "Pero es que únicamente vamos a pasar a dos días en la ciudad y nos gustaría verla antes de irnos", explica la mujer.

Los consejos se repiten. "Entonces les recomiendo que lleguen muy temprano a la puerta y que esperen para lograr una entrada". El matrimonio parece dudar, aunque por su siguiente sugerencia se intuye que están buscando planes alternativos. "¿Nos puede facilitar información sobre la Catedral y la Capilla Real?", pregunta la mujer, mientras su marido continúa apoyado sobre el paraguas.

Tras hacerse con un número considerable de folletos que recogen los detalles turísticos de la capital, el matrimonio abandona la oficina sin la certeza de conseguir su objetivo en los dos próximos días. Antes de despedirse, en la oficina les aseguran que además del codiciado complejo palaciego, podrán invertir su tiempo en las cuantiosas posibilidades que oferta al visitante Granada. "Pueden visitar el Parque de las Ciencias, los barrios del Sacromonte y el Albaicín o hacer una visita guiada", les recomienda.

Las tres responsables de facilitar la estancia de los foráneos en la ciudad no descansan un segundo. Entre folletos de monumentos, gastronómicos y culturales, ponen orden en un establecimiento en el que tres sillas se convierten en el refugio de los que esperan pacientemente a que llegue su turno. El acceso a la Alhambra es la pregunta estrella, seguida de las peticiones de información para manejarse por la capital.

Los turistas nacionales se miden con los extranjeros. A estos últimos las tres agentes los atienden en un perfecto inglés, a pesar de que el acento de muchos de ellos denota que su tierra natal no se fija en las islas británicas. Esta vez se trata de un pareja francesa que viaja con un niño rubio y revoltoso de apenas cinco años. Mientras los anteriores usuarios han estado concretando su visita, el pequeño, junto a su padre, se entretenía en examinar cada uno de los trípticos que se exponen en el mostrador.

Quieren saber dónde alojarse. Su requisito es un hotel céntrico que les posibilite acceder cómodamente a las principales atracciones turísticas. La agente les cita las calles San Antón o Puerta Real, dos vías céntricas cerca de casi todo lo que no pueden dejar de visitar en la capital granadina.

Les proporciona una relación de hoteles, clasificados por zonas y en la que los visitantes obtienen determinadas especificaciones, además de su ubicación, como el número de teléfono, la página web y lo más importante, el coste de las habitaciones.

Mientras su compañera señala en un callejero a los dos turistas franceses dónde se hallan las dos calles recomendadas, la agente que atendía hace diez minutos a la pareja joven que no quería perder detalle de la Alhambra, continúa con su cometido.

Finalmente, parecen quedar satisfechos con las explicaciones y tras cerciorarse de que llevan consigo los necesarios paraguas abandonan las instalaciones del Patronato de Turismo, cediéndole la vez a dos chicas, también extranjeras.

Nuevas tecnologías. Ellas quieren los horarios de los autobuses que las conducirán a la Alpujarra. La agente abandona su puesto y las acompaña a un ordenador con conexión a internet en el que consultar la información requerida. "A veces no funciona muy bien, pero creo que os permitirá encontrar lo que buscáis", les indica.

Pero en la oficina no se cuentan más de tres sillas, por lo que la encargada no tiene más remedio que invitar a uno de los dos integrantes de una pareja que aguarda su turno a que deje el asiento. Las dimensiones del establecimiento van haciéndose más estrechas conforme aumenta el número de demandantes de asesoramiento.

Las entradas al principal monumento de la capital y los callejeros son las peticiones prioritarias. Sin embargo, hay visitantes que plantean preguntas menos turísticas, aunque igualmente prácticas. Un hombre de avanzada edad entra en la oficina, con el recurrente objeto para resguardarse de la fina lluvia con que abril está refrescando las calles granadinas, y pregunta a la trabajadora más cercana a la puerta. "Perdone, ¿dónde está el supermercado más cercano?". Le da las indicaciones pertinentes desde el mostrador, pero señalando la salida.

El hombre desaparece tras la puerta, en cuyo umbral varios turistas vigilan las maletas que han optado por no introducir en la oficina, mientras sus acompañantes solicitan los detalles que hagan posible una fructífera visita a la ciudad que encierra entre sus calles siglos de historia.

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