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BALTASAR G. CANO. Un chiringuito no es sólo un café, un bar, un restaurante o una discoteca en primera línea de playa. Para muchas familias andaluzas, supone la única fuente de ingresos o una ocupación que permite emplear a 40.000 personas en la región, 600 en temporada alta en la Costa Tropical.
La decisión del Ministerio de Medio Ambiente de aplicar una Ley de Costas de 1988 "con responsabilidad, rigor y prudencia", según la ministra Elena Espinosa, puso en pie de guerra al sector. El martes representantes de todas las instalaciones playeras de Andalucía se reunieron en Málaga donde acordaron que si en 15 días no había negociaciones con Costas "montarían un chiringuito en el paseo de la Castellana en Madrid frente a Nuevos Ministerios".
La singular protesta de cocinar espetos de sardina o pulpo y repartir raciones de pescaíto frito entre los transeúntes "para que conozcan en el interior lo que quieren cargarse en la costa", según manifestó Francisco Trujillo, presidente de los chiringuitos de la Costa Tropical, a priori se ha suspendido.
Los responsables de estos establecimientos se reunieron el jueves con el jefe provincial de Costas, encuentro que se realizó a la vez en las distintas direcciones provinciales. Todos los chiringuiteros han recibido la misma respuesta: "No habrá derribos, los chiringuitos seguirán ocupando la arena de las playas porque tiene una autorización legal". Aún así, los chiringuiteros aún no están tranquilos ya que cada vez que hay que renovar las concesiones administrativas "ocurre algún problema que siempre nos tiene en tensión", manifestó Trujillo, quien se mostró feliz al término de la reunión con Severiano Benavides.
Unidad. La unidad que ha creado esta situación es inédita. Los empresarios de restaurantes ubicados junto a la playa pero en bajos comerciales, que en principio se verían beneficiados por el hipotético cierre de los chiringuitos, de forma unánime apoyan que siguan abiertos y en la arena "además de porque pagan sus impuestos, porque son parte de la imagen de la playa, y más que competencia, todos formamos una piña común: generar empleo y prestar un servicio al cliente", comentó el propietario de un restaurante del paseo marítimo de La Herradura.
Quienes han tenido que soportar una guerra dicen que lo peor de todo es la tensión constante y la incertidumbre de qué pasará mañana. El miércoles se reunieron en Motril representantes de los 52 chiringuitos de la Costa Tropical con el portavoz de Medio Ambiente del PP en el Congreso de los Diputados, Carlos Floreano. Trujillo destaca que no es un tema político "pero ante la necesidad aceptamos y agradecemos todos los apoyos".
Floreano recordó que el Gobierno central había dado síntomas evidentes de que no sabe cómo sacar al país de la crisis, por eso propuso "que no se acabe con un sector que funciona bien, crea empleo y genera riqueza en la costa andaluza".
Incertidumbre. En la Costa Tropical, desde el Pozuelo hasta Cantarriján, en los 70 kilómetros de litoral, la misma distancia que separa Motril de la capital, hay 52 ejemplos. Ante todo un chiringuito es una empresa familiar, o una pyme formada por varios socios.
En Motril, en la mitad de los establecimientos -hay 15 contando los anejos de Torrenueva, Carchuna y Calahonda, instalados en las cinco playas certificadas con la ´Q de Calidad´- hay desde cocinas de prestigio, hasta establecimientos que abren con el café y cierran de madrugada. Aunque no hay datos de facturación, la plantilla media de cada establecimiento la forman entre 8 y 15 personas. Los chiringuitos que están abiertos todo el año dan empleo de forma fija a 200.
En la playa de Salobreña, el chiringuito Casa Emilio, abierto todo el año, y con una carta que hay que estar con el estómago lleno para poder describirla: pescados a la parrilla, a la brasa, pulpo en salsa, paellas y cómo no, los espetos de sardina. El espeto se realiza a la brasa, insertando la sardina en un cañavera esquivando la espina. Es algo indescriptible, que como todo en la cocina, tiene su truco, aunque todos los maestros de fogones sostengan que el éxito está en la calidad del producto y en el mimo con el que se cocina.
El responsable del establecimiento, Emilio Rodríguez, comenta que ya está más tranquilo después de la reunión con Costas. "En mi chiringuito trabajan durante todo el año ocho personas, cuatro en la cocina y cuatro sirviendo, es lógico que al oír la propuesta del Ministerio de cerrarlos estuvieran preocupados".
Rodríguez explica que su principal objetivo es trabajar, que lo dejen trabajar y sobre todo que pueda dar trabajo a gente del pueblo. "En Salobreña el parón de la construcción ha hecho mucho daño y muchos de esos parados están esperando que llegue el verano para poder trabajar en la hostelería, ya que a muchos el paro se les ha acabado", prosigue.
Casa Emilio espera contratar este verano, como todos los años, a unas doce personas más, lo que conforma una plantilla de unas 20 personas, "bastante para una empresa familiar con todos los impuestos y seguros sociales que hay que pagar".
Precisamente la crisis dice Emilio Rodríguez que se ha cebado con ellos. En Semana Santa sólo tuvimos dos días buenos, Jueves y Viernes Santo, "ya que el sábado y el domingo el viento alejó a los turistas". Y añade que se nota que los visitantes "no traen tanto presupuesto como antes, ahora si vienen tres parejas piden una paella para dos y una fritura para otras dos, cuando antes pedían una ración por persona".
En la misma playa donde está ubicada Casa Emilio hay otro establecimiento cuyo propietario prefiere que su nombre no aparezca y que no entiende la persecución que hay desde el Gobierno contra los chiringuitos. "En 1991 me obligaron a tirarlo para adaptarlo a la norma de Costas de 1988, aún estoy pagando la inversión", comenta, y confirma que ya que disponen de concesiones administrativas por un periodo de quince años. "Los bancos no siempre nos conceden créditos puesto que saben que siempre hay interés por cerrarlos", concluye.6
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