BELÉN LEZAMA
Contra la crisis, glamour. "Sal por ahí y gástate un montón de dinero en público", oí que le decía el otro día una amiga a otra, hecha polvo por la ruina a punto de asaltarla y por el mal rollo que llevaba encima. Peligrosa terapia. Aunque sin llegar a esos extremos, bien podría sustituirse por algo parecido pero menos perjudicial. Sobre todo si no se dispone del mencionado montón para fundirlo. Un par de ejemplos. Una interesante velada de moda en el salón de Panizza convertido en pasarela, y una buena dosis de obra artística a cargo de los becados del Valle de Lecrín. Les cuento.
Ir al salón de Panizza siempre es un gusto. Al margen de los menesteres estéticos propiamente dichos para los que uno deba acudir, el punto que tiene su decoración y el carácter del anfitrión lo convierten en un sitio muy, muy especial, así que cualquier fiesta que monte funciona. Además, que allí siempre se respira cine. Y si hay suerte y tiempo gusta que Panizza cuente cosas de lo último que haya hecho para la gran pantalla. Y más en este caso en que se trata de Penélope Cruz, Javier Bardem y Woody Allen.
Pero en esta ocasión, el champán y las lanzas de fresas bañadas en chocolate acompañaban un desfile de ropa de fiesta y calle procedente de una tienda, cuya propietaria, Cristina, ha tenido la magnífica idea de animarnos ofreciéndolo todo al cincuenta por ciento. Las palabras mágicas. Media docena de modelos estupendas y la agradable charla entre amigos fueron llenando la tarde de evasión, de esa agradable sensación -dicen que tan femenina- que produce el dejarse seducir por las cosas guapas de ponerse, sin moverse de un sofá y entre sorbito y sorbito. Me gusta. Y a la población masculina ha de gustarle por fuerza en cuanto la vaya probando. Por cierto, aunque ya sin fresas y con probadores de por medio, informo de que Cristina tiene la tienda en Blas Infante, 1. Que nunca está de más ampliar la lista de direcciones con buenas ofertas.
La segunda parada la hice en la sala de exposiciones de Canal 21, abierta al público en los bajos del edificio que alberga la televisión granadina frente a la iglesia de La Magdalena. Con la comisaria de la sala, la galerista Yolanda Rojas, estaban algunos de los jóvenes artistas y el impulsor del proyecto, el profesor de la Facultad de Bellas Artes, Víctor Borrego, acompañado del concejal de Economía de El Valle, Javier Sáez: el capítulo de los dineros siempre por medio. Y que no falte. La historia de estas becas es interesante. Cada año, y van nueve, diez jóvenes creadores son seleccionados para pasar todo un mes en el privilegiado Valle de Lecrín desarrollando su genio. Un mes en el que, además, una serie de conferencias y talleres impregnan de arte y sabiduría los pueblos del valle mientras lo disfrutan sus habitantes. Se trata de pintores, escultores, escritores y hasta pensadores, cuyas obras nacidas en aquel precioso entorno se exhiben después por diferentes lugares de toda la provincia. Y la prueba de que el asunto funciona, es que de la ya larga lista de becados han salido artistas como Mateo Matés, Chantal Maillard, Mira Bernabeu o Pablo Eras.
Así que atención a nombres como Alba Dalmau, Sofía León, Pepa Salas, Elvira Correa, Luis Alhama, Pilar Soto, Reyes Revilla, Alegría Castillo, Anca Sirbu o Alejandro del Valle. Son los diez artistas de la última edición celebrada. Puede que alguno de ellos, o todos, nos den mas de una alegría. Ojalá.