BELÉN LEZAMA
Aunque debiera decir Manolo, un nombre que la noche del Nazaríes se repitió docenas de veces de todas las maneras posibles y todas buenas. Manolo y mi general. Y sin que el más mínimo atisbo de marcialidad rozase el cargo. Resulta sorprendente que un hombre pueda sembrar semejantes dosis masivas de cariño, amistad, agradecimiento, simpatía y fidelidad en tan sólo cinco años. Cuatro y pico. Y siendo nada menos que general.
Pues el general Bretón lo ha hecho. Doy fe. Que lo vi en su homenaje. Y eso que dicen que los homenajes están para eso, para emocionarse y sellar en el corazón de los protagonistas un amor eterno que a veces, como decía Sabina, en realidad dura lo que dura un corto invierno. Pero el general lo tiene crudo para que le olviden.
De momento, el alcalde Pepe Torres, que estuvo sembrado como le suele ocurrir en las distancias cortas siempre que se encuentra a gusto -y eso que habló el último-, le lió para que pronunciase el próximo Pregón del Corpus. Y por si a su señora Esperanza le diese pereza la cosa una vez instalados en Madrid, le arrancó públicamente a ella el compromiso de encender la luces del Real. Es decir: los dos pillados.
Por aquí, quien más quien menos, ha oído del carácter agradable del general Bretón. Inteligencia, sentido del humor, alta preparación y unas maneras de caballero de las que ya no hay, son cualidades que han ido asociadas a su nombre desde que recaló en Granada. Su labor profesional al frente del Madoc es indiscutible, pero lo que llenó el aire de la otra noche fue su manera de hacer las cosas. Compañero y subordinados, con lágrimas en los ojos, iban describiendo el modo en que Bretón ha acercado el Ejército a la ciudad, cómo ha sabido vender el Madoc y cómo él y su mujer han vivido Granada y se la han metido en el bolsillo.
Y ahí estaba Luis Martín Moreno, gerente del grupo de hoteles Arco, y presidente de la Asociación de Amigos del Madoc. A la cabeza de todos. Luis se pasó una noche de infarto. Lo que viene a ser ´un mal rato muy bueno´. Con la inquebrantable amistad que le une al general y ante el que se emocionó en varias ocasiones a lo largo de la noche, tenía que ser su casa -el hotel Nazaríes- el que acogiese la fiesta.
Él mismo se pasó la velada subiendo y bajando del escenario, repartiendo regalos al matrimonio y declarando en todo momento, en directo y los vídeos, su profundo y sincero cariño hacia los dos. En realidad fue una larga lista de voces las que se unieron a Luis Martín. Incluido su padre, Luis Martín Arco, el patriarca de la empresa. Por los micros, o por las imágenes del vídeo que le regalaron al general, pasaron su secretario José Luis Serrano, el secretario general del Madoc, Antonio Nadal, su asesor personal, Nicolás Díaz, o un tremendamente emocionado y cercano coronel Hermenegildo Moreno de la Vega.
En la sala, el matrimonio Bretón y su familia contaron con la presencia de todas las instituciones y al estrado subieron para saludar la estela dejada por el general, el rector Paco Lodeiro, el presidente de la Diputación, Antonio Martínez Caler, el presidente del TSJA, Augusto Méndez de Lugo, el Jefe Superior de Policía, Pedro Mélida, y el subdelegado del Gobierno, Antonio Cruz. Por la sala, el presidente de CajaGranada, Antonio María Claret García, y el de la Rural, Antonio León, con su jefe de la Obra Social, Gabriel Pozo. Y docenas de militares. Y más de civiles. Que está claro que Manolo Bretón ha tocado todos los palos.
Por eso lo mismo se podía una encontrar a gente estupenda sin galones, como Isabel Alguacil y su marido, el célebre doctor Javier de Teresa, o con galones a medias como Susana Sánchez, cuya conocida empresa granadina del mismo nombre no parece que tenga nada militar hasta la fecha, pero que acaba de casar con un señor magnífico y de interesante hoja de servicios, el teniente coronel Juan Antonio Piña.
En fin. Que se marcha el general Bretón a la reserva, tras cuarenta y cinco años de servicio, y que por aquí deja el recuerdo de su gusto por el esquí de Sierra Nevada, por la música de Elton John, por las pelis de indios y vaqueros y los toros. Los caballos, las bicis y la feria. Y por la Semana Santa y las cofradías. Se va con la medalla de la Virgen de las Nieves al cuello, con la promesa de volver a su puesto de costalero en La Borriquilla y con la impresión, supongo, visto lo visto, de que en Granada se le ha querido. A los dos. ´Son una pasada´, dijo su hija Bárbara de sus padres.
´Lo repetiría todo con ella´, decía el general con la mirada tierna puesta en su esposa. Así, ya uno puede jubilarse. Enhorabuena don Manuel, no hay más remedio que sumarse a la tropa: ´Hasta siempre, mi general´.