EDUARDO TÉBAR
No son pocos los que opinan que el Paseo de los Tristes encabeza el ´ranking´ de las calles más bellas del mundo. Un enclave propicio para almas melancólicas, poetas que buscan inspiración y fotógrafos a la caza de instantáneas memorables. No en vano, la estampa del monte frondoso sobre el río sigue alimentando la voracidad literaria de los escritores. Aunque también representa a la Granada turística y bulliciosa. La de los alojamientos en casas históricas y excursiones de parejas enamoradas. Una noche gélida, en medio de la nube de sentimentalidad al subir desde Plaza Nueva, el caminante descubre un oasis cálido y festivo.
El rótulo de Upsetter invita a pasar mientras el bombeo de ritmos jamaicanos incitan a desgastar suela. Dentro, abundan las fotografías del santuario reggae. Desmond Dekker, Augustus Pablo, Lee ´Scratch´ Perry o un irreconocible Bob Marley vestido con traje y chaqueta adornan las paredes del establecimiento. Pero la música llega desde una estancia interna. Es la cueva donde reputados dj´s y artistas de flamenco deslumbran con sus virtudes todos los días de la semana. "Se trata de un habitáculo antiquísimo.
Hay quien asegura que aquí había una licorería en los años veinte, lo que significa que esto era un burdel. Otros creen que es un aljibe, debido a su forma", explica Enrique Bonggo, socio fundador del Upsetter. Este murciano, amante de los orígenes de los sonidos de Kingston, vio en Granada un territorio fértil para la divulgación de las raíces –los melómanos lo llaman ´roots´– del ska y el rocksteady, gérmenes durante los sesenta de lo que popularmente se cataloga como reggae.
Su trayectoria previa como promotor de conciertos a través de su empresa, Bongo Producciones, le permitió otear el ambiente. Y el éxito de sus iniciativas al traer a la provincia a nombres estelares como el veterano –y ya desaparecido– Lauren Aitken disipó cualquier duda. Exploración. "Observé que Granada tenía posibilidades después de poner discos en lugares como el Entresuelo, el Ojankano o el Patapalo". Y en efecto, seis años más tarde, el Upsetter funciona.
A pesar de que la crisis hace mella en los bolsillos. "Se nota que la gente sale y gasta menos. Yo propongo reggae porque es lo que me motiva. Ganaría más dinero con la electrónica". Una clientela que, por cierto, brilla por su diversidad: universitarios, aficionados al flamenco y turistas de paso. Algunos seducidos por la programación del cartel. Otros, pasajeros de tránsito que se cuelan ´de chiripa´. "Me hacen gracia estos últimos porque flipan al encontrar un ambiente tan bizarro, en el mejor sentido". Los carteles y retratos de todas las épocas despiertan la curiosidad.
Allí, los adictos a las reverberaciones ´skatalíticas´ tienen un paraíso al alcance de la mano. Y con banda sonora incluída. Basta contemplar el tirón de las actuaciones en salas como el Boogaclub y la repercusión de bandas locales como Red Soul Community o Los Granadians –rodaron su primer videoclip en el Upsetter– para comprobar la efervescencia del ´early reggae´ en la ciudad. "Con este proyecto he sembrado una semilla que se ha ramificado. Granada goza de una cultura del reggae impresionante", sentencia Enrique Bonggo.
El Upsetter es fiel a una filosofía: "Purismo musical y la correcta evolución del mestizaje". Bonggo matiza este punto por la repercusión mediática de Manu Chao. Según el experto, el hispano-francés domina numerosos acervos musicales y los fusiona a su manera. "El problema es que otros pretendan imitarle". Militancia.
El garito del Paseo de los Tristes se nutre de dj´s militantes y casticistas. Hambrientos investigadores del vinilo que aprovechan la sonoridad hechicera de la cueva. Entre ellos, destacan las sesiones del conjunto de residentes, cada uno erudito en una rama del género. Aparte del reggae, el Upsetter se ha abierto al flamenco. Pero de una forma particular: la cueva alberga recitales a pelo y cede espacio a jóvenes valores que escapan de la ortodoxia.
"Hemos ampliado el marco dando una oportunidad a los flamencos bisoños para que evolucionen". Enrique Bonggo se encandiló con la música autóctona andaluza cuando El Niño de las Almendras le arrastró del brazo hasta el Albaicín. Gracias a la peña del cantaor, supo que su negocio podrían acoger auténticas ceremonias de duende. En la actualidad, El Niño es fijo en las noches de los lunes. "Se ha ganado al público. Los encuentros se han convertido en actos familiares. Como estar en casa".
Bongoo lo afirma sin tapujos: "Todo el mundo nos felicita porque lo estamos haciendo de puta madre". Otro maestro con varias vueltas en el kilometraje, Antonio ´El Triniá´, se deja caer de vez en cuando en el Upsetter. "Nos regala cantos didácticos, explicándolo todo paso a paso. Es milimétrico y sin alardes". Clases magistrales en medio de la melancolía. Un refugio para bailar y para aprender.