Son, noches de salsa y azúcar

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Los camareros del Son están acostumbrados a despachar hasta setenta variedades de rones.
Los camareros del Son están acostumbrados a despachar hasta setenta variedades de rones. Pedro Suárez
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Después de llevar 23 años abierto entre Gran Vía y calle Elvira, el pub Son continúa ejerciendo de colonia cubana, aportando mojitos y sonidos porteños a las noches en Granada

EDUARDO TÉBAR Cuentan que Hemingway encontró en Cuba un lugar grato para soltar el petate y echar arrestos a su azarosa existencia. Después de virar por medio mundo en labores periodísticas y literarias, el autor de ´El viejo y el mar´ pasó largas temporadas en La Habana Vieja. Allí frecuentaba La Bodeguita del Medio, un garito espartano y calinoso, célebre por sus mojitos. Los tragos más centelleantes de la casa. El cóctel perfecto que armoniza las dosis justas de ron, limón, hierbabuena, azúcar, agua gaseada y hielo.

Poco pudo saborear Hemingway el candor tropical. Pasados siete años tras recibir el Nobel, se ´quitó´ de en medio con un disparo, a punto de cumplir 62 veranos. Arrancaba la década de los sesenta del siglo pasado. Los ritmos afrocubanos marcaban el compás de la isla. Y la portentosa voz de Benny Moré coloreaba su paisaje en vivarachas orquestaciones de sones montunos, mambos y boleros.

El icono de la Generación Perdida estaría en su salsa ahora en Granada. Y nunca mejor dicho, porque el pub Son recupera y difunde el romanticismo de la Cuba que encandiló a Hemingway. El local lleva 23 años abierto en Joaquín Costa, entre Gran Vía y calle Elvira. Es decir, en el corazón de la ciudad en su latido nocturno. Antes, en la primera mitad de los ochenta, se llamaba Espacio Abierto. Los camareros despachaban copas y ejercían de libreros. El paraíso para tipos como Ernest Miller.

"El fundador del Son fue Cecilio, un clásico de la noche en Granada. En estos momentos lo llevamos tres socios", explica Óscar, que entró en el negocio en 1992. "Al principio era un bar de música exclusivamente cubana, con algo de salsa. Proyectábamos vídeos y se hacían actuaciones en la parte de abajo. Por problemas legales, abandonamos los conciertos". La dispersión musical se une al amplio glosario de rones. "Tenemos unas setenta variedades de esta bebida y ponemos canciones de guaguancó, bolero, son, guaracha... Tocamos todos los palos cubanos", matiza Óscar.

Dos plantas, dos mundos. Quien visita el Son, queda impactado por los dos ´mundos´ que separan sus escaleras. Al entrar, la planta presenta un aspecto luminoso, latino. Viejos amigos apoyan el codo en la barra y bailan las piezas joviales de Omara Portuondo y el Trío Matamoros. Mientras, la oscuridad invade la zona de abajo, cuyas paredes traen a la memoria las típicas cuevas flamencas. Sin embargo, el ´afro-funk´ bombea el ambiente y una tenue lamparilla alumbra a un dj que pincha vinilos para una clientela de perfil más joven, universitario y cosmopolita. De cualquier modo, ambas plantas sirven la especialidad de la casa. "Dicen que el mojito del Son está bastante bueno. Pero donde marcamos la diferencia de verdad es en el ron. No nos dedicamos a los cócteles", matiza Óscar.

"El ambiente de arriba es más social. Gente que se conoce de toda la vida y que conserva el hábito de salir en grupo desde hace treinta años. Nuestro bar se llena entre semana. En un 90%, por habituales que nos visitan desde hace muchísimo tiempo. Les gusta nuestra musiquilla y se hacen sus cigarritos sin que les llamemos mucho la atención", confiesa el socio.

El público de la zona baja del Son es "más de entrar y salir". Como reconoce el responsable del local, el éxito para aguantar un cuarto de siglo se basa en la cercanía con los ´parroquianos´. Hemos llevado siempre un rollo muy familiar. Los camareros han durado muchísimo tiempo. Eso crea un clima de amistad. No se ven nunca y, de repente, coinciden y recuerdan su época de juergas en el Patapalo. Uno puede salir solo una noche y terminar con un montón de antiguos colegas en el Son".

Esta temporada ha brillado con luz propia el célebre dj Sergio Bastida. Pionero de múltiples estilos en las cabinas de la ciudad desde principios de los noventa, se ha convertido en un fijo de las noches en la ´cueva´ subterránea del Son tras su exitoso periplo por Estados Unidos. "Somos de los pocos que conservamos la tradición del vinilo. Otros dj´s vienen con sus ordenadores, pero Bastida mantiene la costumbre del viejo formato. A él le gusta poner singles en el bar porque sabe que aquí aún es posible clavar la aguja".

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