EDUARDO TÉBAR
Nueve de la noche. Un grupo de veinteañeros, aficionados al pop alternativo, deambulan por el centro en busca de un lugar para tapear. Pasan por la calle Navas, pero nada les convence. Buscan algo menos convencional, alejado del runrún pachanguero. Música selecta para melómanos avezados. Fantasean con un espacio acorde con los rasgos de su tribu. Mientras comentan los prodigios del último lanzamiento de Nick Lowe –para entonces ya andan por la calle San Matías– descubren un local llamativo que hace esquina.
En el rótulo, un logotipo deslumbrante: Loop Bar & Records. No resulta necesario sopesar mucho la tarjeta de presentación. Y en efecto, lo que encuentran dentro satisface de sobra los mejores propósitos de la noche. El Loop no sólo es un ´bareto´ para tomar unas cervezas acompañadas de buenas degustaciones, sino también una tienda de discos en toda regla. ¡Y además especializada en vinilos!, el formato que vuelve para quedarse y que incrementa su negocio al tiempo que el cedé agoniza. El blanco y el negro de los azulejos contrasta con el manto colorista de los álbumes. En las paredes, decenas de obras forman un ´collage´ de impactante efecto decorativo.
En realidad, las portadas de los elepés cumplen una doble función. Por un lado, avivan la estancia a modo de mosaico ornamental y ´multidiseño´. Por otro, quedan expuestos con sus precios para que los parroquianos compren la joya que desean. La gracia está en que el Loop, además, dispone de mesa de mezclas para que sus camareros –auténticos expertos en sonidos ´indie´– alternen las tapas con el fogueo de canciones. Luego, muchas de ellas acaparan las preguntas de los parroquianos. "¿Quiénes son estos?, ¿Los Campesinos? ¡Ah!, me llevo el disco".
Para elegir. El escaparate ofrece una amplia variedad de tesoros del pasado y novedades publicadas por sellos independientes. Títulos de Ramones, Beatles, Neil Young, Serge Gainsbourg junto a estrenos de The Raptures, Editors o los granadinos Elastic Band –la última revelación emergida en esta tierra–. "Al ver tanto vinilo junto, mucha gente se cree que son camisetas", comenta Juanfra García, uno de los tres socios del establecimiento.
"La pasión por la música justifica todo esto. De lo contrario, jamás se nos hubiera ocurrido montar un bar de tapas". ¿Y por qué les apasiona tanto el vinilo? "Es el formato en el que compramos los discos. Tiene algo diferente y resulta atractivo para el bar. Le da personalidad. Tanto en doce como en siete pulgadas vendemos mucho más de lo que pensábamos al principio. A veces, incluso, nos los encargan". Tampoco se conforman con la tienda. Junto a Juanfra, Marc Fernández y Rafa Carazo organizan conciertos.
Los de los artistas a los que les gustaría ver en Granada. Ellos son los promotores de la actuación del californiano Jeremy Jay mañana en la sala Industrial Copera. Asimismo, no ocultan su especial ilusión por traer a Matt Elliot a la ciudad el próximo mes de abril. La cita tendrá lugar en el Sugarpop.
"No nos importa que la industria musical esté en crisis. Lo hacemos porque nos gusta, aunque nos sintamos un poco fustigados", explica Marc. Por su parte, las tapas del Loop están muy lejos de las fórmulas tradicionales.
Nada de fritanga. "Ni eso ni embutido de pan. Nosotros hacemos cosas más elaboradas, semicalientes, con la presentación muy currada. Intentamos sorprender combinando sabores. A los clientes les llama la atención la melva con miel y el queso con mermelada de naranja". Y es que en ningún sitio como en este los manjares y la melomanía van tan cogidos de la mano. ¡Hasta las cartas simulan ser ´singles´ de siete pulgadas!