EEDUARDO TÉBAR
Las estrellas suelen relacionarse con la noche y con la magia. También con el humor. En eso quizá tenga algo de culpa aquella frase de ´La vida de Bryan´: "A vosotros no os ha guiado una estrella. Os ha guiado una botella". Puede que tanto lo uno como lo otro oriente a la clientela del pequeño pub que, desde hace 17 años, acoge parrandas más propias de islas utópicas. Aunque el garito en cuestión se encuentra en el corazón de Granada, en la Plaza Cuchilleros, de espaldas a Plaza Nueva.
El pub La Estrella resulta atractivo por diversos encantos. Durante este tiempo se ha encargado de ofrecer refugio a flamencos, roqueros y punkies de cromo. Sin pudor. Si algo caracteriza al garito es el eclecticismo. "Hay gente que viene a La Estrella con su traje de ejecutivo y está al lado de un tío tatuado. Aquí viene gente muy abierta. Cuarentones con profesiones liberales o chavales de 18 años que acaban de llegar a estudiar a la ciudad. En definitiva, personas que valoran el buen rock, el buen flamenco y el pop con categoría. Todo lo que les ponemos les parece bien. No tenemos un perfil definido de visitantes. Últimamente aparecen muchos guiris atraídos por el flamenco", explica Dj Winagre, dueño del recinto.
Cantaor en la intimidad y melómano inquieto, Winagre presume de haber puesto hip-hop y de haber apostado por el rap reivindicativo de Public Enemy antes que ningún otro establecimiento de Granada. "En español sólo ponemos flamenco. Nada de horteradas como las que hace Niña Pastori. Y músicas cubanas un día a la semana. Seguimos una línea muy cercana a la revista Rockdelux a principio de los noventa". Es decir, cierta receptividad a los sonidos británicos emergentes. Aunque Winagre lo resume en el gusto por la "buena música". Con ese planteamiento celebraron su 17 aniversario el sábado en el Boogaclub.
Edificio del siglo XVII. El responsable de La Estrella recuerda el aspecto desangelado que presentaba la zona hace dos décadas. Mucho han cambiado las cosas desde entonces. "En los ochenta no había muchos bares por Plaza Nueva. Todo estaba en Pedro Antonio de Alarcón". Precisamente, el entorno de fachadas históricas sigue animando a nuevos públicos que se pasan a curiosear cuando ven el lucero presidiendo la esquina del diminuto garito. "Está sin terminar todavía y no lo puedo tocar más porque es un edificio del siglo XVII. A la larga, ese estado le ha dado personalidad".
La agenda de amigos del Winagre se ha multiplicado gracias al ajetreo dialéctico del bar. La tertulia une. Y las conversaciones de La Estrella destacan por su intensidad. "Se trata de una clientela de un nivel cultural medio-alto. No es un bar de pose. Si viene Morente y se pone a charlar con El Niño de las Almendras, de ahí salen hondas reflexiones flamencas".
Una anécdota evidencia hasta qué punto se prolongan las deliberaciones filosóficas en La Estrella. Ocurrió en 1996. Lagartija Nick y Morente ultimaban la grabación del legendario ´Omega´. De día registraban las canciones. Por las noches, perfilaban los matices en el pub. Antonio Arias realizaba las anotaciones del disco en una esquina del local. A la mañana siguiente, el Winagre se quedó sorprendido al reconocer los versos de ´Poeta en Nueva York´.