EDUARDO TÉBAR
Hay situaciones en la vida que sólo pueden vivir por la noche. Cuando una parte de la ciudad duerme y la otra tantea mecanismos de evasión. Mientras unos sueñan con los ángeles y otros se enlodan en el fragor de luces y sonidos. En el más dulce viaje al averno. La clientela del Boogaclub pertenece a la segunda categoría. La de los crápulas hedonistas que predican con la máxima del ´ars longa vita brevis´ (´el arte es duradero, pero la vida es corta´).
Las veladas en la sala granadina situada en la calle Santa Bárbara desbordan melomanía, frenesí, movimiento. Quienes bajan sus escalerillas, tardan en subir. Allí dentro, los rastreadores de cultura y parranda encuentran un verdadero paraíso. El Boogaclub lleva dos años y medio caldeando las juergas de numerosos aficionados a la música negra. Entre sus fieles, instrumentistas de todo pelaje, público local y erasmus calaveras.
Sus fundadores, los dj´s y especialistas PPGU Falconetti y Sr. Lobezno, concibieron el garito como la prolongación natural del Afrodisia, el pub ya consolidado como referente en Europa de los ritmos afroamericanos. La madrugada ofrece un ramillete de experiencias a partir de las cuatro. Y el Booga trata de estirarlas.
"Además de continuar la juerga del Afrodisia, pretendemos impulsar los directos. Como ese sueño no lo podíamos cumplir en el local ´hermano´, el Boogaclub supone un auténtico oasis", explica PPGU Falconetti, bajista a su vez de Eskorzo. El Boogaclub concentra sin pudor y de manera abierta un amplísimo menú musical de primer nivel. Funk, reggae, soul, jazz, ´broken beat´, hip hop...
"Va muy bien. Apostamos por una programación de calidad. Algo que nos cuesta mucho esfuerzo. La gente es durilla a la hora de ir a los conciertos. Pero al menos lo intentamos", aclara PPGU. Precios populares.A diferencia de la mayoría de las discotecas y locales nocturnos de Granada, el Boogaclub puede presumir de llenar incluso en fechas endebles. Cualquier miércoles o domingo, su pista aparece invadida de bailongos infatigables.
¿El secreto? "La programación es de lujo y los precios están por los suelos. Con las actuaciones en directo no ganamos nada. Es más, salimos perdiendo en el cien por cien de las ocasiones. Sin embargo, el negocio funciona hasta las siete de la mañana. Lo compensamos con la discoteca en la que se convierte el Booga después de los espectáculos en vivo".
Una ojeada rápida al cartel de mayo explica lo que dice el socio del Booga. Conciertos de David Lenker y Fernand Wilhelmi, Manish Blues, Ángela Muro Quarter, Hello Cuca o Dan Ben Lior. Es decir, figuras pujantes del jazz cerebral, del jazz corporal, del ´garage´, del rock n´ roll y de las sonoridades fronterizas. No falta eclecticismo ni finura en la confección del programa.
Temporada de lujo. El Boogaclub ha tocado techo esta temporada. Por su escenario han desfilado gigantes del reggae primigenio como los holandeses New Cool Collective, One Night Band o el transalpino Mr. T-Bone. Jazzistas de guante blanco como Vince Benedetti o máquinas feroces del meneo como The Cherry Boppers o The Soul Snatchers. "Recuerdo impresionado el concierto de estos últimos. Igual que el que recientemente nos brindó Eddie Roberts, guitarrista de los New Mastersounds", apunta PPGU.
Mención aparte se merecen los gurús de la cabina. Imitando el patrón del Afrodisia, el Booga propone noches temáticas. O sea, comandadas por la batuta mágica de dj´s avezados en material preciso. Resultaron antológicas las visitas del jefe del sello Freestyle Records, Dj Graham B; la del explorador del ´afrobeat´, Dj Floro; o la sesión ´all stars´ de la mano de Miguel Ángel Sutil (director de la revista Enlace Funk), Íñigo Munster (capo de la etiqueta Vampisoul) y el propio Sr. Lobezno.
Para el próximo 29 de mayo está anunciado el locutor de Radio 3 Charly Faber, otro que tal baila. "Aprovechamos las oportunidades que se crean cuando un grupo sale de gira. Tratamos de traer a bandas que de verdad valen la pena del ámbito nacional e internacional", señala PPGU. Y es que hay cosas que sólo se pueden disfrutar de noche. En el Booga.