EDUARDO TÉBAR
Dice la leyenda urbana que Hendrik Röver, el cabecilla de Los Deltonos, anda por los parajes de Cantabria anhelando las jarras de cerveza, las partidas de billar y los vinilos de Gram Parsons que disfruta en el Blus cuando viene a tocar a Granada. Pedro Jándula ´Perico´, responsable de este emblemático local desde hace 19 años, confirma la habladuría: "Cuando venían a tocar a Planta Baja, Röver solía decir ´¡nos vemos en el Blus!´, invitando al público a seguir la fiesta. Se adaptaban rápidamente pidiendo sus canciones y echándole fotos a las figurillas de la barra".
Y es que el pub situado entre las calles Horno de Haza y Montalbán invita a viajar en el tiempo. Dentro, uno parece vivir en el Nashville de los cincuenta. Patillas triangulares, tupés, gomina, tatuajes, vaqueros redoblados y botines de punta. El pub representa un paraíso para los amantes del cuero y de las Harley. Personajes inquietos que conciben la vida como una eterna aventura. Una carrera permanente en su propia autopista. Algo que en Estados Unidos llaman la Ruta 66.
"Abrimos el 25 de marzo de 1990. En Granada no había bares de rock n´ roll, excepto el Cúpula y el Ruido Rosa, que llevaba dos años. Nosotros tiramos hacia el rock n´ roll y el rockabilly", explica Perico. "Al principio, abríamos a las doce de la mañana y poníamos tapas. Estábamos en la brecha casi 24 horas", rememora este aficionado a los sonidos populares americanos. "A partir del 94, la zona bajó un poco y cerramos la cocina".
Vocación. Perico no encaja en el perfil de músico frustrado. Además de regentar el bar, milita en bandas desde los 14 años. "Ninguna ha ido más allá de las maquetillas". Y no toca el contrabajo –lo habitual en las formaciones de su palo–, sino el bajo eléctrico. "Es más lo mío. Mi último grupo se llamaba Sicardi, con los que actué en el mini festival que organizamos por nuestro aniversario número diecisiete". Ahora, Perico ya piensa en la posibilidad de organizar algo especial para festejar la cifra redonda el año que viene.
El ´rocker´ auténtico ejerce como tal desde que se levanta hasta que se acuesta. Y en Granada, lugares como el Blus suponen un bastión. Rockabilly, blues-rock, pub-rock británico, rythm n´ blues, hard-rock... "Nos va todo lo que termine en ´rock´, ¡pero al heavy no llegamos!", advierte el dueño. Como buen garito conducido por melómanos, existen canciones ´fetiche´ que no suelen faltar. En el caso del Blus, gemas de los repertorios de Dr. Feelgood, Stray Cats, Little Richard, Chuck Berry, Elvis Presley, Johnny Winter o Ramones.
Difusión boca a boca. Llama la atención la fama del Blus. Popularidad natural ganada con el tiempo y por efecto de la publicidad más barata y eficiente: el boca a boca. "Mucha gente llega aconsejada por alguien. Incluso, muchos turistas a los que algún antiguo universitario del norte de España les habló del Blus". Por otro lado, después de dos décadas, el bar conserva parroquianos de la primera etapa, que contrastan con los universitarios que en la actualidad descubren ese emporio del sonido Fender. Eso es fidelidad roquera.
Quienes acuden al Blus, se encandilan de inmediato con sus jarras de cerveza fresca, "aunque estemos en pleno invierno, se sirven de congelador". La combinación perfecta para seguir un ´riff´ de Wilko Johnson y echar una partida en ese emblemático billar. Sin duda, uno de los más célebres de Granada. "Hay afición. No tiene el peligro de darle a alguien, como la diana, ni es tan adrenalínico como el futbolín. El billar relaja bastante mientras te refrescas con la birra y oyes rock n´ roll".
El susto de Anthony Blake. Por otro lado, el anecdotario del pub serviría para escribir un divertido relato de barra. "Me acuerdo del mentalista Anthony Blake, que se encontró muy a gusto. Antes de irse, nos pidió la cuenta y no encontrábamos la nota. Los camareros se asustaron un poco. Al final, una corriente de aire la voló a una estantería". Sin embargo, las dos décadas de rock y cariño al Blus son de verdad. Ahí no hay truco.