F.V.
“Pícaro es un café abierto a la cultura en todas sus manifestaciones. La de ayer, la de hoy y la de mañana”. Lo que Gerardo Rosales afirma de su establecimiento puede aplicarse asimismo a su propietario. Sobrino del poeta Luis Rosales –amigo de García Lorca–, Gerardo ha escrito su propio nombre en la cultura granadina.
Artista de vanguardia y explorador de diversas formas de expresión, en los últimos noventa formó junto a Luis Torroba el equipo Ro-To, desde el que realizó, a través de un lenguaje próximo al del pop, una indagación crítica sobre la historia y el presente.
Una historia para él muy cercana, la de los últimos días de García Lorca, le llevó a recoger en la novela ‘El silencio de los Rosales’ (Planeta, 2002) testimonios familiares a los que nadie había tenido acceso y a unir “muchas cosas que estaban en el aire”. El libro, por cierto, no fue demasiado bien acogido por quienes olvidan que la ciencia histórica no es el único modo de aproximarse al pasado.
“Siempre me he dedicado a la cultura”, dice Gerardo Rosales. “Nací y he vivido en ella, pero nunca me ha dado dinero”. Hace cuatro años y medio, Rosales abrió el Pícaro, un café que le permite financiar a través de la hostelería ‘caprichos’ como el de ver y escuchar a Chucho Valdés a sólo tres metros de la mesa.